¿Se deprimen los hombres de forma diferente?
Algunos expertos señalan que la depresión masculina no siempre se ajusta a los estereotipos y puede presentar más ira que tristeza y llanto. Además, puede estar enmascarada por el machismo, el abuso de drogas y una mayor actividad sexual

¿Se deprimen los hombres de forma diferente? / La Provincia
Rafa López
¿Existe una «brecha de género» para la depresión? Algunos expertos señalan que en los hombres puede pasar inadvertida porque se manifiesta de manera diferente y no se ajusta a los estereotipos que asociamos a esta enfermedad, como la tristeza y el llanto. Además, la depresión masculina puede estar enmascarada por el machismo, el abuso de sustancias y la ira.
«La depresión no tiene la misma presentación en hombres y mujeres. En los hombres, con frecuencia pasa inadvertida o se subdiagnostica porque no se ajusta al cuadro típico que suele asociarse con este trastorno, como la tristeza profunda, el llanto, la culpa intensa o la falta total de motivación», señala el psiquiatra y divulgador científico Pablo Malo, que enumera una serie de signos y síntomas típicos de la depresión en hombres: la irritabilidad, el enfado o la agresividad, en lugar de tristeza evidente; el abuso de sustancias (alcohol y drogas); el aumento de la conducta sexual (infidelidades y búsqueda de parejas) para sentirse deseable y «vivo»; las conductas de riesgo o la búsqueda de sensaciones fuertes (juego, peleas, conducción temeraria, robos); las discusiones y conflictos frecuentes (sobre todo con personas cercanas) y la expresión de sentirse «estresados». Todos estos síntomas «masculinos» pueden enmascarar los clásicos, como el cansancio, el insomnio o la apatía.
Malo realiza estas observaciones en su perfil de la red social X como comentario a un artículo del terapeuta y profesor de Psicología Anthony D. Smith en la revista estadounidense Psychology Today. En la pieza, Smith defiende que la depresión no es una experiencia homogénea, especialmente en lo que respecta al sexo de la persona, y que la depresión masculina puede estar enmascarada por el machismo, el abuso de sustancias y la ira. Aun así, destaca que el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (2013), posiblemente la referencia diagnóstica más utilizada en su país, aunque incluye una subsección sobre problemas de diagnóstico relacionados con el género para la mayoría de las afecciones, señala que «..no existen diferencias claras entre géneros en los síntomas», en el caso de la depresión, y eso «a pesar de que décadas de investigaciones afirman lo contrario», remarca.
Una de las diferencias más llamativas de la depresión entre hombres y mujeres, en términos generales, es la que tiene que ver con la conducta sexual. Anthony D. Smith, que cita una docena de estudios como fuente para su artículo, admite que puede parecer extraño vincular la depresión con el aumento de la actividad sexual, pero asegura que los expertos en relaciones han descrito cómo la infidelidad puede explorarse como un «remedio» para esta enfermedad: «Buscar parejas sexuales puede hacer que uno se sienta deseable, lo cual es un antídoto para la baja autoestima, y entusiasmado, como si volviera a la vida. Además, quien busca una aventura extramatrimonial es más propenso a cuidar su apariencia y puede empezar a hacer ejercicio y cuidarse mejor, lo cual, en sí mismo, puede ser un antídoto para la depresión, o al menos ayudar a disimularla», explica.
Suicidio
Un experto español que comparte esta idea sobre las diferencias en la depresión entre hombres y mujeres es el psicólogo clínico Miguel Guerrero. «El sufrimiento masculino, en muchos casos, no se presenta como esperamos. No llega en forma de tristeza verbalizada o de llanto, sino como irritabilidad, consumo de alcohol o de drogas, aislamiento, somatización o conductas de riesgo. Llega sin palabras, o con pocas. Y cuando reconocemos esos comportamientos como la expresión de un sufrimiento, no intervenimos donde deberíamos», escribe en un artículo de opinión. En el texto, este experto, miembro del grupo ejecutivo del Plan de Acción para la Prevención del Suicidio del Ministerio de Sanidad, recuerda que, en la mayoría de los países, entre ellos España, los hombres se suicidan entre dos y tres veces más que las mujeres. Por ello, se pregunta si es aceptable no hacer nada diferente.
Para otro psicólogo, Daniel Novoa, los datos no implican que «los hombres se deprimen de manera diferente a las mujeres», sino que ciertos síntomas, como el abuso de sustancias, la irritabilidad y las conductas de riesgo, aparecen con mayor frecuencia en hombres deprimidos, pero también se muestran en mujeres deprimidas. «Muchísimos hombres deprimidos sí lloran, sí rumian, sí se sienten culpables. La diferencia es de frecuencia, no de especie», matiza.
Novoa recuerda que muchos hombres han sido educados tradicionalmente en la necesidad de esconder su vulnerabilidad («los chicos no lloran»), por lo que el malestar «busca una salida más permitida» socialmente, como el consumo de alcohol, la rabia o realizar jornadas de trabajo de 14 horas. Por ello, subraya, acudir a un psicólogo «no es rendirse ni es debilidad, es lo contrario».
La depresión que no llora
Si te pido que pienses en una persona deprimida, lo más probable es que te venga a la cabeza alguien triste, llorando, sin ganas de levantarse de la cama. Bien. Ahora dime cuándo fue la última vez que un hombre que conoces te dijo, mirándote a la cara, que estaba deprimido. Ahí lo dejo.
Los hombres se suicidan entre tres y cuatro veces más que las mujeres en casi toda Europa, y son diagnosticados de depresión la mitad de veces. Algo no cuadra. O atraviesan crisis vitales graves estando estupendamente -cosa que no tiene sentido- o llevamos décadas buscando la depresión en el cajón equivocado.
La hipótesis con la que trabaja parte de la investigación es tan interesante como razonable: en muchos hombres, la depresión no se llama depresión. Se llama estar de mala leche todo el día, beber más de la cuenta, conducir como un loco, vivir en el trabajo o estar emocionalmente ausente, pero de cuerpo presente. Mismo dolor, otro disfraz. Y con ese disfraz puesto, el manual diagnóstico clásico no tiene buen ojo.
¿Y el entorno? Tampoco. Si una mujer cercana llora más de lo normal y dice que no puede con la vida, casi cualquiera lo pilla. Si un hombre cercano lleva meses más borde, bebiendo más y desconectado, lo que muchas veces decimos es que está estresado, que tiene una mala racha, o directamente que últimamente es insoportable. La depresión, en ese formato, no se lee como depresión, se lee como mal carácter.
Aquí entra el factor cultural, que tampoco ayuda. A muchos hombres se les ha enseñado que la vulnerabilidad es algo que hay que esconder. No con una clase magistral, sino sufriéndolo de fondo durante treinta o cuarenta años. Eso tiene una consecuencia práctica: cuando algo va mal por dentro, no hay vocabulario para identificarlo, así que el malestar busca una salida más permitida. El alcohol está permitido, la rabia está permitida, trabajar catorce horas está aplaudido. Llorar y pedir ayuda, no tanto. Y así nos va.
Antes de titular Los hombres se deprimen de manera diferente a las mujeres, paremos. Los datos no dicen exactamente eso. Dicen que algunos síntomas -la ira, el alcohol, las conductas de riesgo- aparecen con más frecuencia en hombres deprimidos, pero también aparecen en mujeres deprimidas. Y muchísimos hombres deprimidos sí lloran, sí rumian, sí se sienten culpables. La diferencia es de frecuencia, no de especie. No son dos planetas, es un solapamiento amplio con el centro de gravedad un poco desplazado. Quien te venda dos cuadros distintos te está vendiendo una etiqueta cómoda, y las etiquetas cómodas en psicología casi siempre se rompen al primer caso real.
Importa este matiz, y mucho. Porque si compras la versión simplificada vas a invalidar al hombre que llega llorando a consulta -«esto no es de hombres deprimidos»- y a la mujer que llega rompiendo cosas. Y así es peor remedio que la enfermedad.
¿Qué hacer con todo esto? Si te reconoces en el patrón, no en un rasgo aislado sino en un cambio sostenido durante semanas o meses, consultar no es rendirse ni es debilidad, es lo contrario. Cuando la fuga lleva tiempo y tú solo no la encuentras, llamar a alguien que sepa es lo más sensato. Si lo ves en alguien cercano, una pregunta directa, sin sermón ni dramatismo -«te noto distinto, ¿cómo estás?»- abre más puertas de las que parece.
Y si llevas años pensando que pedir ayuda es de débiles, plantéatelo así: lo realmente cobarde es dejarse intoxicar por algo que tiene tratamiento por no querer pronunciar la palabra.
Daniel Novoa es psicólogo.
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