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Entrevista | Natalia Doco Cantante argentina

Natalia Doco (43 años, cantante): «Hay un hilo conductor que une todos mis trabajos y que es una experiencia espiritual»

Tras vivir en Tenerife más de un año, la cantante argentina regresa a la Isla para actuar en Phe Festival, un concierto que coincide con su cumpleaños y un cambio de ciclo vital

Natalia Doco.

Natalia Doco. / ED

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

La cantante argentina Natalia Doco será una de las protagonistas de la nueva edición de Phe Festival en Puerto de la Cruz y el próximo sábado 5 de septiembre ofrecerá un concierto cargado de espiritualidad, raíces y energía contemporánea. La artista, que mantiene un vínculo personal con Tenerife tras haber vivido en la isla más de un año, invita al público a sumarse a la experiencia: "La programación es preciosa y creo que pueden confiar en que van a vivir un momento hermoso. Me encantaría que vengan y que vivamos juntos lo que tengamos que vivir". Así, Doco desgrana las claves de un directo que concibe casi como un ritual y reflexiona sobre su trayectoria, su proceso creativo y su relación con el escenario.

Visita Tenerife con motivo del Phe Festival, aunque usted ya había vivido en la Isla, pero ¿había actuado antes aquí?

Actué en un festival en Gran Canaria, que además fue uno de los mejores que hice en mi vida. Llevo casi 20 años tocando y lo disfruté aquello mucho. Pero en Tenerife no había actuado nunca, aunque sí he estado viviendo aquí. Mi hijo estuvo escolarizado dos años en la Isla y tengo un amor muy especial por Canarias. Me siento muy conectada con la energía de la gente, así que estoy feliz de volver y tocar.

Con ese vínculo previo, ¿cómo percibe el lugar donde se celebra el festival?

Tenerife me parece un lugar energéticamente muy especial. El hecho de tocar cerca del mar y viendo las montañas es muy potente. Además, mi concierto coincide con mi cumpleaños, justo después de medianoche, así que para mí es como un cambio de ciclo muy significativo y lo voy a disfrutar cantando en un lugar así.

¿Qué se va a encontrar el público en ese directo?

Voy a presentar Hacha, pero el concierto no es solo ese último disco. Hay un hilo conductor entre todos mis trabajos, que es una experiencia espiritual. El concierto está armado de manera bastante ceremonial y pasa por distintas etapas: la conexión con la tierra, con lo sagrado y con el espíritu, y luego entra Hacha, que es un trabajo más tajante. Habla de la parte humana, de aprender a poner límites, de distinguir y de cortar con lo que no nos hace bien. Todo está conectado de forma orgánica.

Ese recorrido suena casi como una narrativa en directo.

Sí, totalmente. Al principio hubo gente sorprendida con la energía de Hacha, pero cuando lo llevé al vivo se entendió mejor. Está todo integrado, no es algo completamente distinto a lo que había hecho antes, sino que hay un hilo de aprendizaje que en directo se percibe mucho más.

Su música mezcla géneros, idiomas y referencias muy diversas. ¿Cómo construye ese universo?

Es algo muy natural. Yo soy una obsesiva de la música desde muy pequeña y escucho de todo, en todos los idiomas; desde música muy compleja hasta música más sencilla, como la cumbia o el reguetón. Todo eso se mezcla en mi cabeza sin que yo lo piense y, después, cuando creo, sale una combinación de muchas cosas que no se puede clasificar. Y eso me gusta, porque siento que no me limita.

De hecho, esa dificultad para clasificarla también ha sido un reto en la industria.

Sí, ha sido de lo más difícil. No saben dónde ubicar mi música, si es world music, cumbia, pop, jazz… Pero yo tengo claro mi estilo y no me acompleja. Al contrario, me da libertad.

Ya que vivió un tiempo en Tenerife, ¿influyó de alguna manera aquella etapa en su música?

En realidad fue un periodo más íntimo. Venía de años de mucho trabajo y de empezar a tener éxito, así que Tenerife fue un espacio de familia, de silencio y de nutrición afectiva. Y eso también es muy importante. Me di cuenta de que la realización no tiene que ver con las metas logradas, sino con el amor y con el silencio.

Sus canciones hablan mucho de experiencias personales y procesos internos. ¿Le da vergüenza mostrar todo eso luego sobre el escenario?

Antes sí, tenía muchísimo pánico escénico. Pero ahora no me pasa. Cuando subo al escenario no estoy pensando en mí como individuo. Me conecto con algo más grande, algo muy poderoso que me une con el público y me siento un instrumento.

¿Cómo se traduce eso en el directo?

Antes de cada concierto hacemos un pequeño ritual, un rezo con la banda, y luego yo me tomo mi tiempo para conectar. Nunca sé lo que va a pasar y cada concierto es distinto porque depende de la energía del público. A veces es muy intenso y otras veces hay más fragilidad. Yo estoy abierta a todo eso.

¿Esa conexión también se da con públicos que no entienden el idioma en el que canta?

Totalmente. Durante muchos años canté en países donde no entendían español y ahí aprendí que la música es un idioma universal. La gente puede emocionarse, llorar o liberarse sin entender una palabra de lo que estoy cantando porque la energía les llega por igual.

«Tenerife me parece un lugar muy especial y con energía. Para mí fue un espacio de familia y silencio»

¿Qué le interesa ahora mismo como creadora?

Estoy en un momento de mucha transformación. Después de tantos años de trabajo y de haber alcanzado metas, estoy entendiendo que lo importante es otra cosa, y eso seguramente eso va a reflejar en mis próximas canciones.

«Tengo claro mi estilo y no me acompleja que no sepan dónde ubicarme. Eso me da libertad»

¿Qué significa para usted volver a Canarias en este momento de su carrera?

Es muy especial. Siento que vuelvo a un lugar que me dio mucho, en un momento en el que estoy más conectada que nunca con lo que hago. Y eso hace que el concierto vaya a ser muy potente, muy verdadero.

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