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Ciencia

La costa de Anaga vuelve a temblar: el IGN registra al menos siete réplicas tras el terremoto 3,6 que sacudió la zona metropolitana de Tenerife

El epicentro de estos seísmos, que no tienen relación con la actividad volcánica de la isla, se ha producido cerca del manto terrestre, a más de 30 kilómetros de profundidad

La Punta del Hidalgo.

La Punta del Hidalgo. / María Pisaca

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Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

Tras el sobresalto de la tarde de ayer, la costa de Anaga ha vuelto a temblar. Lo ha hecho con hasta siete réplicas de la serie de cuatro fuertes terremotos –los dos más intenso tuvieron una magnitud 3,6 y 3 y fueron sentidos por la población– que se registraron en la tarde del miércoles al norte de Punta Hidalgo. Ninguno de estos nuevos terremotos ha sido sentido por la población y los científicos descartan que tengan relación con la actividad sismovolcánica de Tenerife.

Los nuevos movimientos comenzaron sobre las 22:30 horas del miércoles y se detuvieron sobre las 11:00 del jueves. No obstante, los científicos no descartan que se puedan producir más réplicas. Esta nueva serie de terremotos tuvo su epicentro a más de 30 kilómetros de profundidad, y la mayoría registró magnitudes por debajo de dos. No obstante, dos de los temblores ocurridos en esta segunda fase fueron mayores: uno de 2,4 mbLg y otro de 2,1 mbLg. "Lo que vemos parece consistente con unas réplicas del terremoto de 3,6 mbLg que ocurrió el miércoles, porque pierden magnitud progresivamente", sentencia Itahiza Domínguez, director del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias.

El científico recalca que, al haberse producido a tanta profundidad, es difícil saber exactamente cuál es el origen de los terremotos, sin embargo, la hipótesis más aceptada entre los investigadores es que tenga un componente tectónico.

De hecho, según explica el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), no es la primera vez que esta zona tiembla. "En años anteriores ya se había observado sismicidad de baja magnitud de forma esporádica", explica Involcan en un comunicado, en el que también informa de que en esa zona puede existir una "débil actividad tectónica" que, ocasionalmente, genera terremotos sentidos.

En todo caso, Domínguez advierte que establecer relaciones es "complejo". "A la profundidad a la que están ocurriendo estos terremotos está en la zona del manto, porque la corteza de Canarias llega a tan solo 10 kilómetros, y eso dificulta hacer un diagnóstico certero", insiste.

Vista del caserío de Afur, en el macizo de Anaga que pertenece a Santa Cruz

Vista del caserío de Afur, en el macizo de Anaga que pertenece a Santa Cruz / Arturo Jiménez

Terremotos sentidos por la zona metropolitana

La primera serie de terremotos –la que dio la voz de alarma– se produjo durante la tarde del miércoles. En concreto, cuatro terremotos sacudieron la zona metropolitana de Tenerife, siendo sentidos dos de ellos (de magnitud 3,6 y 3) en buena parte de Santa Cruz y La Laguna. Los temblores se sintieron en Finca de España, La Cuesta, Acoran y Tincer en Santa Cruz; en Los Rodeos, Bajamar y Valle de Guerra, en La Laguna; Mesa del Mar, Tagoro y La Caridad, en Tacoronte; en el Rosario y Puerto de la Cruz. Al menos una veintena de personas rellenó los formularios del IGN tras haberlos sentido y otros tantos llamaron al 112 para explicar lo que había ocurrido.

El epicentro de tres de los terremotos estuvo a una profundidad de entre 36 kilómetros y 34 kilómetros y un último a 16 kilómetros. Estos movimientos se concentraron en apenas una hora: desde las 17:50 hasta las 18:50 horas.

No tiene relación con el Teide

Tanto el IGN como Involcan descartan que estos movimientos a tanta profundidad puedan tener relación alguna con la actividad sismovolcánica que se lleva registrando en la isla de Tenerife desde 2016. "Si fuera volcánica tendríamos enjambres y aquí no vemos nada de eso", sentencia Domínguez.

Cabe recordar que las entrañas de Tenerife, en concreto en la zona de Las Cañadas del Teide, llevan diez años vibrando cada vez con más intensidad. Tras un primer enjambre registrado en 2016, las profundidades de la Isla –a unos 15 kilómetros– habían vibrado hasta en seis ocasiones en nueve años: 2016, 2019, dos en 2022, 2024 y 2025. En febrero de 2026 los temblores fueron un paso más allá, adquiriendo una nueva característica que, hasta el momento, no se había descrito.

Se detectaron entonces por primera vez pulsos sísmicos bajo el Teide. Este tipo de actividad sísmica es como una vibración sostenida de la Tierra, mucho menos potente que los terremotos y casi imperceptible. Desde entonces se han registrado otros diez enjambres en febrero y otros tres en los últimos dos meses: uno en junio y dos en julio.

Los terremotos que se están registrando bajo el Teide desde febrero son siempre muy parecidos. La mayoría son de baja magnitud (apenas llegan a 1 mbLg) y se sitúan en la misma zona. En concreto, se detectan a entre 10 y 15 kilómetros de profundidad y siempre al oeste del Parque Nacional de Las Cañadas del Teide, entre Guía de Isora, Vilaflor de Chasna y Santiago del Teide. Además de los terremotos, también se registran pulsos sísmicos, que los científicos han comparado al sonido que hace una cavidad al vibrar. En estos meses también se han registrado ambas actividades entrelazadas.

Sin riesgo de erupción a corto o medio plazo

Esta otra actividad no está relacionada con precursores directos de una erupción. Estos pequeños terremotos, por el contrario, sí tienen relación con el propio sistema volcánico de la isla y su actividad normal. De hecho, muchos volcanes del mundo registran este tipo de sismicidad. Esto quiere decir que estos enjambres no pronostican la ocurrencia de una erupción a corto o medio plazo en Tenerife, pues los científicos no consideran que sea un precursor de una erupción inminente.

En todo caso, Tenerife es una de las islas volcánicas más vigiladas de Europa. Alrededor de Las Cañadas y repartidas por las tres dorsales principales de Tenerife se encuentran casi 100 estaciones sísmicas, antenas de GPS (GNSS), cámaras visuales y térmicas, estaciones de medida geoquímica e inclinómetros que vigilan cada día los latidos del gran volcán. Estas redes, instaladas por el IGN y el Involcan no solo permiten auscultar las entrañas volcánicas de la isla, también serán los que garanticen ver a tiempo las señales previas a una posible erupción.

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