¿Adiós a los cuadernillos de verano toda la vida?: los libros de repaso se reinventan ante la caída de ventas en Canarias
Durante las vacaciones, los niños canarios cambian los míticos libros de repaso por pasatiempos y pantallas, dos entretenimientos que no evitan que en septiembre haya que empezar de cero

La tinerfeña Ainoa Galdona es una de esas madres que, año tras año, acude a su librería de confianza junto a su hija para hacerse con un cuadernillo de verano. Algún curso ha comprado el libro de verano de Santillana, uno de los más típicos, pero en esta ocasión toca algo diferente: "Ha elegido el de Stitch –un personaje Disney–, que está muy bien porque tiene actividades de todas las asignaturas y la mayoría son juegos, es bastante diferente".
En su colegio no le han mandado ninguna tarea en concreto, pero quiere que su hija de seis años repase todo lo aprendido en el curso anterior. Durante la primera quincena de agosto dejaron a un lado los libros para disfrutar de unos días de desconexión, pero juntas ya han comenzado a preparar su próximo reto: segundo de Primaria. "Aunque no coge el cuadernillo todos los días, intento que se ponga de vez en cuando", resalta.
Madres como ella, que crecieron entre cuadernillos de escritura y caligrafía Rubio, intentan mantener viva esta tradición veraniega porque consideran que es importante que los niños repasen durante los meses de verano. Sin embargo, cada vez son menos los que mantienen esta mentalidad.

Cuadernillos de verano en la Libería Agapea / María Pisaca
Los cuadernillos de verano pierden fuerza en las librerías
En la librería Agapea, han notado que las ventas de cuadernillos de verano han caído en los últimos años. "Este verano la cosa está un poco más floja", señala su responsable cultural, Diana Fernández. La librería tinerfeña El Barco de Papel y la grancanaria Canamaia coinciden. "Las familias los suelen pedir, sobre todo, los días posteriores al final del curso, pero ya en estas fechas las compras son muchísimo más esporádicas", resalta Nauzet Pérez, dueño de la tienda ubicada en El Sauzal.
Fernández, por su parte, también ha observado que muchos de los padres que se llevan estos libros lo hacen por seguir la recomendación del colegio. Estas propuestas que los profesores reparten junto a las notas el último día del curso son las que, en gran medida, han salvado a los cuadernillos de su extinción.
Los adultos recuperan el cuadernillo como pasatiempo
Mientras las nuevas generaciones ni siquiera llegan a terminar esos libros que los profes mandan como tarea para el verano, los millennials –acostumbrados durante su infancia a llevar el mítico cuaderno de repaso a todas partes– han retomado este hábito, no como una obligación, sino como un pasatiempo. Este año, los cuadernillos para adultos han triunfado como nunca.
Sirve para que los menores cojan ejemplo de sus padres, si los ven a ellos entretenidos con los ejercicios, quizás se animen a probar
Aunque algunos acumulen hasta 15 ediciones, en los últimos meses han experimentado un boom. Estos productos se presentan como una alternativa al scroll infinito en redes sociales, es decir, al consumo compulsivo de contenido digital y, aunque resulte paradójico, han ganado popularidad gracias a las miles de reseñas que acumulan en plataformas como Tik Tok o Instagram. "Las ventas se han disparado", señalan desde Agapea.
No solo se ha notado en las grandes cadenas, en librerías locales también han notado esta gran subida. "Lo positivo es que sirve para que los menores cojan ejemplo de sus padres, si los ven a ellos entretenidos con los ejercicios, quizás se animen a probar", plantea Nauzet Pérez. Al menos por ahora parece que así ha sido.
Los pasatiempos ayudan a mantener viva la tradición
En lo que va de verano, todas estas librerías han detectado otro motivo por el que los cuadernillos aún no han pasado totalmente de moda: "Se han camuflado entre los pasatiempos". La presidenta de la Asociación de Libreros y empleada de Canaima, Irene Pérez García, sostiene que han ido evolucionando con el tiempo. "Ya no es un único cuadernillo para todo el mundo con los mismos ejercicios verano tras verano; ahora hay para todos los gustos, es el de toda la vida, pero más ameno y divertido", asegura. La mayoría también incluye en su portada –y a lo largo de todo el libro– personajes de ficción que los peques adoran.
Solo así, con algo de ayuda de Naruto y Stitch, han logrado mantener el pulso a las temidas pantallas. "Hay un auge de los pasatiempos infantiles, los niños de doce años ya hacen murdokus –un libro que mezcla la mecánica de deducción de un sudoku con la temática de misterio de un Cluedocon los padres; la oferta se ha diversificado y cada uno busca su forma favorita de repasar", reitera.

Cuadernillos de verano en la Libería Agapea / María Pisaca
Los colegios buscan otras formas de mantener el hábito
En el Centro de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Las Chumberas, en Tenerife, los docentes no mandan a las familias a comprar ningún cuadernillo en concreto; en su lugar, recomiendan algún libro de bolsillo para que no pierdan el hábito de la lectura. Su directora, Candelaria Cabrera, explica por qué han desistido con los cuadernillos: "Los alumnos que realmente necesitan ese repaso son los que más suelen pasar de las actividades y, al final, los únicos que sí les dedican tiempo son los más aventajados, los que tienen ese gusanillo de aprender".
Durante las primeras semanas de septiembre, los "no lo entiendo" y los "profe, estoy perdida" son la tónica general en todos los niveles y en todas las asignaturas. "Cuando vuelven son como un folio en blanco", asegura Cabrera. No solo eso, algunos también se atreven a rebatir al docente que esa parte del temario no llegaron a verla el año pasado.
Matemáticas es la asignatura que más cuesta retomar. En general, se les suele atragantar cualquier proceso matemático, pero en los últimos años han detectado que cada vez se complica más aprender las tablas de multiplicar. En Lengua Castellana también se olvidan mucho de la gramática y la ortografía. En idiomas como el Inglés o el Francés, en cambio, es mucho más sencillo mantener el nivel porque utilizan juegos y canciones que sirven para refrescar la memoria.
El ‘Summer slide’
La responsable del CEIP Las Chumberas lleva 38 años vinculada a la educación. En esas casi cuatro décadas ha podido observar un cambio en el comportamiento durante el periodo vacacional. Cuando estaban las pruebas de septiembre –explica– los padres procuraban que los niños mantuvieran cierta rutina de estudio de junio a septiembre. Sin embargo, añade, cuando eliminaron esta última oportunidad la cosa cambió.
"El mismo día que les entregamos las notas del tercer trimestre saben si su hijo pasa de curso o repite y, por tanto, ya no existe esa preocupación; muchos ni siquiera se esfuerzan en mantener el hábito de la lectura y eso no solo tiene consecuencias en Lengua. Sin comprensión lectora van a tener problemas hasta para entender hasta un problema matemático", defiende.
El aprendizaje se construye día a día
Ese bajón al que hace referencia la directora del centro no es una mera percepción ni un fenómeno puntual; los expertos incluso le han dado un nombre: Summer Slide. Este término, cuya traducción al español es deslizamiento de verano, hace referencia al retroceso académico que sufren los niños durante el periodo estival. Los más pequeños, al pasar tanto tiempo inactivos, pierden parte de las destrezas y competencias que habían adquirido durante los nueve meses anteriores. No es un mito, ni una condición médica, ni un problema de aprendizaje, sino una consecuencia directa de una pausa prolongada en las rutinas y los estímulos educativos que mantienen el cerebro activo y en forma.
La falta de práctica diaria provoca que las conexiones neuronales asociadas a la lectura, el cálculo o la resolución de problemas se debiliten. Aunque es un proceso que afecta en mayor o menor medida a todos los estudiantes, su impacto puede ser especialmente severo en aquellos niños que ya presentan ciertas dificultades, dejando una huella notable en su rendimiento y confianza al inicio del nuevo curso.
Repasar sin pasar horas delante del cuaderno
En este sentido, Cabrera recuerda que para refrescar los contenidos durante el verano no es necesario pasar horas delante del cuaderno. En estos meses estivales, también se puede repasar cualquier materia de forma divertida. "El aprendizaje se construye día a día; a mis hijos, por ejemplo, les planteaba problemas matemáticos cuando íbamos en el coche, con las matrículas de otros vehículos o con los kilómetros, pero también se puede sacar un aprendizaje de una tarde de cine, si al salir intentan resumir lo que han visto, o de una excursión al Teide, hablando sobre la última erupción", sostiene.
Así, reitera que es fundamental que los chicos tengan una rutina, aunque no sea tan estricta como la que tienen de septiembre a junio. "Nosotros cuando entregamos las notas solemos incluir recomendaciones de actividades para hacer en familia porque sabemos que hay muchos niños que durante el curso apenas comparten tiempo con sus padres", resalta. Además, pasar tiempo con ellos también ayuda a detectar qué aspectos son los que necesitan reforzar.
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