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Festivales de verano

Artesanía de kilómetro cero y ritmos africanos clausuran la séptima edición del Festival Taganana

Centenares de personas disfrutan de la iniciativa en el pueblo del Macizo de Anaga, donde se desarrollan mercadillos, talleres de música y baile y actuaciones hasta bien entrada la noche

Festival Taganana

María Pisaca

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Taganana tiene seguro de diversión este fin de semana. El festival que lleva ya siete ediciones llenando de actividades este pintoresco pueblo del Macizo de Anaga llegó este sábado 22 de agosto a su fin tras varias jornadas cargadas de actividades para todas las edades, y que también se han desarrollado en otros puntos cercanos como San Andrés. El calor no evitó que centenares de personas se desplazaran hasta este núcleo poblacional en la jornada del sábado, la última de esta nueva entrega, para disfrutar de música, artesanía, clown y baile en diferentes espacios del pueblo, que finalizó el día con una auténtica fiesta del arte en la que, no obstante, la conciencia social estuvo muy presente.

Todo el mundo fue bien recibido desde primera hora de la mañana del sábado, puesto que la programación arrancó este fin de semana a las 11:00 horas, en la plaza de Nuestra Señora de las Nieves, donde abrió sus puertas el mercadillo de artesanía de kilómetro cero El Mortero de Anaga. Diferentes puestos de ropa, accesorios y artesanía se agolparon a la sombra de los árboles de la plaza, donde además se desarrollaron talleres improvisados de artesanía, reclamados por los más pequeños de la casa. Además, en este enclave se repartieron de manera gratuita hasta cien kilos de papas autodate entre los visitantes por parte de la organización del festival.

Una vida pegada a la tierra

Onelia Morín y su hija Elena García se pusieron al frente de uno de los puestos del mercadillo bajo el lema Tocándonos la fibra de lo nuestro. La anea de barranco o espadaña es la protagonista en la propuesta de Morín, que realiza con esta planta cestos y bolsos para todos los gustos. "La artesanía se debe modernizar y debemos dar forma a objetivos que la gente compre y se puedan trasladar en un avión", expresó la vecina de Taganana, quien también participó en una mesa redonda sobre mujeres emprendedoras de Anaga durante la mañana. La artesana no paró ni un minuto de tejar ante la atenta mirada de varios niños que le habían pedido que ofreciera una clase magistral en las primeras horas de la tarde; una petición a la que ella no se pudo negar.

Por su parte, su hija Elena realiza pequeñas postales pintadas y pendientes con hojas de tuneras. "Trabajamos con dos plantas que fueron introducidas en Canarias y que precisamente se empleaban para hacer todos estos objetos y así hacer que no se extendieran demasiado". Tal y como explicó Morín, lo bello de este festival que ya ha finalizado su séptima edición, es la mezcla de públicos que congrega, puesto que los vecinos de Taganana y los visitantes pasearon por los mismos lugares sin importar de dónde procedieran, aprendiendo con las mismas ansias y disfrutando por igual de la oferta cultural.

Programación completa

Los ritmos africanos fueron también los protagonistas durante la jornada gracias a la música camerunesa Lornoar quien impartió un taller de música y baile junto a Michel Mbarga. De este modo, el centro sociocultural Anaga se llenó de curiosos, sobre todo mujeres, que hicieron música y se movieron al son de los temas que los artistas invitados descubrieron para ellos. Además, en este mismo enclave tuvo lugar, a partir de las seis de la tarde, la actuación de Fer Catastrofer, quien ofreció el espectáculo de clown Punch! Un golpe a la apatía.

Las actividades se sucedieron durante el fin de semana en otros puntos como San Andrés

De vuelta a plaza Nuestra Señora de las Nieves, la música fue la protagonista durante el resto de la tarde con las actuaciones de DJ Carballeira, Aníbal & Lajalada y la propuesta Te Mô Dam, de Lornoar y Michel Mbarga. Además, la tinerfeña Sara Socas puso el broche de oro a la programación de la jornada. A lo largo de todas esas horas, la tradición y lo autóctono se dio cita con el público a través de un aire contemporáneo. Por ejemplo, Aníbal y Lajalada realizaron un recorrido por la música tradicional más antigua de Canarias que mezclaron con alegorías musicales más modernas. Antes de cada tema, se encargaron de explicar el proceso que realizan para crear su música. Empezaron interpretando temas de años nuevos de La Gomera, y relataron que antiguamente se tocaban mientras se hacía música con tambores y chácaras visitando las casas de un pueblo. A continuación, hablaron del romance, un género literario que nació en Europa y que, a nivel musical, llegó a Canarias tras la conquista castellana. Aníbal explicó que fue entonces cuando se mezclaron con los ritmos que ya existían en Canarias, "y actualmente siguen vivos de una manera bastante espontánea en las Islas", concluyó antes de ponerse a cantar de nuevo.

La larga fila de coches aparcados en la carretera de Taganana fue la mejor imagen que plasmó el interés que despertó esta nueva edición del festival, que, tras el final de su séptima edición, seguro que ya tienen la octava marcada en el horizonte.

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