El pergamino de Clío
La crisis del papel

La crisis del papel / La Provincia
Lara de Armas Moreno
Cuando se habla de una crisis del papel, es habitual que la primera imagen que acuda a la mente sea la vivida durante la pandemia del COVID-19, cuando el acaparamiento de papel higiénico se convirtió en un fenómeno social ampliamente difundido. Sin embargo, mucho antes de ese episodio reciente, ya se produjo una auténtica crisis del papel en el contexto de la Primera Guerra Mundial, con consecuencias profundas y duraderas en distintos ámbitos de la vida económica, cultural y comunicativa.
La guerra provocó una profunda crisis de suministros que desestabilizó a toda Europa. Tanto los alimentos como las materias primas comenzaron a escasear de manera generalizada, aunque fue Alemania el país que sufrió con mayor intensidad esta situación. Desde los primeros compases de la contienda, el país se enfrentó a la falta de productos básicos, acompañada de un acusado incremento de los precios, lo que deterioró de forma significativa las condiciones de vida de la población.
La crisis fue generalizada y alcanzó también al sector de la prensa. La escasez de papel desde los primeros momentos del conflicto obligó a los diarios a adoptar diversas medidas para poder mantenerse en circulación. En Gran Bretaña, una de las soluciones más habituales fue la reducción del formato de las publicaciones con el objetivo de ahorrar papel. Esta estrategia implicó, en muchos casos, una disminución del tamaño de la letra, hasta el punto de que algunos periódicos resultaron prácticamente ilegibles para los lectores.
Diarios como el francés L’Humanité vieron reducida su tirada de forma drástica, pasando de vender alrededor de 115.000 ejemplares a apenas 70.000 en el plazo de dos meses. Para hacer frente a la escasez de papel, se impulsaron medidas como la reutilización del material impreso. Algunos periódicos llegaron incluso a organizar la recogida de paquetes de diarios antiguos, ofreciendo una compensación económica a quienes los entregaban, con el fin de reincorporarlos al circuito de producción.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el problema del papel reapareció con fuerza. Ya en 1939, y con la experiencia acumulada durante la Primera Guerra Mundial, los gobiernos comenzaron a racionalizar prácticamente todos los recursos, incluido el papel. El diario británico The Guardian documentó de manera exhaustiva los efectos de esta escasez. A la falta de material se sumó la reducción de personal, ya que numerosos periodistas fueron movilizados al frente. Además, el periódico se vio directamente afectado por el Blitz, la campaña de bombardeos sostenidos llevada a cabo por la Alemania nazi sobre el Reino Unido entre 1940 y 1941.
En febrero de 1940 se instauró oficialmente el paper rationing, una política que limitaba el consumo de papel por parte de los diarios, obligándolos a trabajar con aproximadamente un 50 % menos de papel que antes de la guerra. Ante esta situación, el periodismo tuvo que adaptarse para sobrevivir. Se redujo el número de páginas, se eliminaron secciones consideradas secundarias y se restringió el espacio dedicado a la publicidad.
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