El sur de la isla esmeralda
Cork, la Irlanda más cercana
La segunda ciudad de la república irlandesa, conectada directamente por avión con Canarias, destaca por su rica oferta cultural, histórica, de ocio y gastronómica. Un destino por descubrir al sur de la Isla Esmeralda
Rafa López
Hay muchas irlandas dentro de Irlanda. Dublín es lo primero que viene a la mente cuando pensamos en la Isla Esmeralda, pero este país de poco más de cinco millones de habitantes -siete, si se incluye Irlanda del Norte, que es parte de Reino Unido- alberga un sinfín de rincones especiales en sus 32 condados históricos. El más extenso de ellos, Cork, es el más cercano a España geográficamente, al ocupar el extremo sur de la isla, y debe su nombre a la «ciudad rebelde» que se reivindica como «la verdadera capital de Irlanda». Mientras Dublín se lleva la fama, Cork carda la lana -de hecho, fue el principal centro de la industria lanera del país- y enamora por su entorno natural, su pujante oferta hotelera y gastronómica y, sobre todo, el carácter abierto y la cercanía de sus gentes.
Cork y Canarias, que comparten huso horario, están a una distancia de cuatro horas por avión y hay varias opciones para volar desde las Islas. La aerolínea de bandera de la República de Irlanda Aer Lingus ofrece conexión directa desde Tenerife Sur los lunes, miércoles y viernes, mientras que la low cost Ryanair, también irlandesa, vuela a Cork los viernes desde Gran Canaria y los lunes, miércoles y viernes desde Tenerife Sur.
La ciudad, con sus 224.000 habitantes, es la segunda más poblada de la República de Irlanda, por detrás de Dublín. Su centro urbano, una isla entre dos canales del río Lee, es totalmente llano y paseable, e invita a recorrer sus calles, repletas de tiendas con encanto, el espectacular English Market -uno de los mercados municipales más antiguos de Europa-, la torre de la iglesia de St. Ann -cuyas campanas puede tocar el visitante-, la catedral neogótica de Saint Fin Barre, el castillo de Blackrock -que alberga un observatorio, y al que se puede llegar por una hermosa ruta en bicicleta- y sus pubs con personalidad propia. Muchos tienen música en directo y son tan antiguos como The Old Bear, que abrió sus puertas en 1698 y tuvo como cliente al Duque de Wellington, el vencedor de la batalla de Waterloo. En el pub Franciscan Well, que tiene su origen en un monasterio franciscano del siglo XIII, explican el proceso de elaboración de sus cervezas artesanales y ofrecen catas guiadas.

Ciudad de Cork / Ireland.com
El Sin É, abierto desde 1889, es quizá el pub más emblemático de Cork. Cuna de la música tradicional irlandesa, acoge sesiones de música en vivo todas las tardes y noches. Su nombre, algo así como «es lo que hay» en gaélico irlandés, es una referencia irónica a que abrió justo al lado de una antigua funeraria. Aunque lo suyo en Cork es pedir una pinta de Murphy’s o de Beamish, las dos «stout» locales, no te mirarán mal si te decantas por la Guinness, originaria de Dublín.
Buen rollo irlandés
Y es que el respeto y el humor son parte fundamental del espíritu de Irlanda. Al buen rollo que caracteriza a los irlandeses lo llaman en gaélico «craic» (pronunciado como «crack»). No es en modo alguno raro que cualquier transeúnte bromee con absolutos desconocidos en un pub o en la calle. Romper el hielo siempre resulta fácil con los irlandeses, considerados muchas veces los latinos de las islas británicas, y más cuando las canciones de The Pogues o The Dubliners alegran el ambiente intergeneracional y desenfadado de los pubs.
Si no se tiene facilidad de palabra para socializar, puede ayudar besar la piedra en el Castillo de Blarney (1446), uno de los monumentos imprescindibles del Condado de Cork. Según la leyenda, besar dicha roca otorga el «gift of the gab», el don de la elocuencia y la persuasión. Para cumplir con la tradición, los visitantes deben subir hasta la cima de la torre principal, tumbarse boca arriba e inclinarse hacia atrás sobre el vacío para besar la piedra, asegurados por dos barandillas de hierro y un asistente.
Los escépticos de esta creencia popular tienen una alternativa en la destilería de Jameson en Midleton, a una media hora en coche tanto desde Blarney como desde la ciudad de Cork. En esta meca del más famoso whisky irlandés, el visitante se empapa de la rica historia de esta bebida espirituosa, admirar el alambique más grande del mundo y realizar catas. Tras liderar el mercado mundial de las bebidas destiladas a principios del siglo XX, la guerra de Independencia de Irlanda y la Ley Seca contribuyeron a laminar la industria irlandesa del whisky. De más de 150 destilerías se pasó, en la década de los 60, a solo tres, que se fusionaron en 1966 en un pacto de supervivencia que modernizó la producción, la unificó en Midleton y apostó por una sola marca: Jameson.
El nuevo bum del whisky irlandés corre en paralelo a la pujanza económica de Irlanda, de la que también es partícipe Cork. De hecho, la ciudad está considerada el motor industrial y el pulmón económico de Irlanda. Allí Apple tiene su sede central para Europa, Oriente Medio y África, un centro que emplea a 6.000 personas y que ha atraído a otras tecnológicas como IBM y Qumulo, así como compañías de ciberseguridad como McAfee y Trend Micro. Cork es también un gran polo farmacéutico, sede de «big pharmas» como Pfizer, Eli Lilly y Johnson & Johnson.
Además de un impuesto de sociedades muy competitivo, como toda Irlanda, Cork se beneficia de la saturación turística e inmobiliaria de Dublín y de sus excelentes infraestructuras portuarias, enclavadas en uno de los puertos naturales más grandes del mundo.
Esta bonanza económica explica la existencia de emporios del lujo como The Montenotte, un antiguo club de campo que hace 20 años se transformó en un hotel de 4-5 estrellas con habitaciones convencionales y dos tipos de suites en casitas individuales de auténtico ensueño. Algunas están construidas en madera y enclavadas en un frondoso bosque, donde la estancia de un día no baja de los 600 euros. Detalle para fanáticos de U2: en 1980 el grupo irlandés se sacó en la azotea del hotel la foto que luego fue portada de su disco U218 Singles y de su biografía oficial, U2 by U2. La invitación de Turismo de Irlanda nos permitió alojarnos en las habitaciones del edificio principal, y por su comodidad, buen gusto y lujo ha sido el hotel de nuestras vidas. Quien no quiera realizar un gran desembolso puede igualmente visitar el elegante bar de cócteles de The Montenotte, The Glasshouse, abierto al público en general y que también acoge música en directo.
Cork es la capital gastronómica de Irlanda. En sus restaurantes predomina el pescado, muchas veces cocinado en tempura y acompañado de patatas fritas (fish & chips), y la afamada carne de vacuno irlandés. Market Lane, Paradiso (vegetariano), The SpitJack y especialmente Greenes son cuatro buenas opciones para comer o cenar en el centro de la ciudad.
Kinsale: mar, historia, compras y color
A unos 40 minutos en coche desde Cork, atravesando la hermosísima campiña verde irlandesa, podemos visitar Kinsale, pueblo costero famoso por su centro lleno de casas de vivos colores, sus buenos restaurantes de pescado y marisco, sus tiendas locales originales -nada de cadenas ni franquicias- y su rica historia, que guarda una relación directa con España. En sus cercanías tuvo lugar la batalla de Kinsale, enmarcada en la guerra anglo-española de 1585-1604, y en la que tropas españolas, enviadas por Felipe III, ayudaron a los rebeldes irlandeses contra los ingleses. Una flota compuesta por 33 buques y más de 4.000 hombres partió del puerto de La Coruña con los tercios de Juan del Águila y de Francisco de Toledo, con el objetivo de tomar la ciudad de Cork. Aunque una nueva flota navegó también desde La Coruña posteriormente como refuerzo, Juan del Águila se vio obligado a capitular. Regresó con sus maltrechas tropas a Galicia y murió pocos años después en la capital coruñesa. Una bandera española recuerda esta alianza con España junto a Charles Fort, una antigua fortaleza inglesa musealizada, y los impresionantes acantilados de la península de Old Head, donde se encuentra también uno de los mejores campos de golf de Irlanda.
Junto a Old Head, un monumento rinde homenaje a las víctimas del crucero Lusitania, hundido por un submarino alemán a 20 kilómetros de Kinsale el 7 de mayo de 1915, en plena I Guerra Mundial. Murieron 1.197 personas, de ellos 128 ciudadanos estadounidenses, lo que impulsó el apoyo de la opinión pública norteamericana a entrar en la Gran Guerra. Un museo evoca este trágico hecho histórico.
El recuerdo del hundimiento más famoso de la historia, el del Titanic, está muy presente en Cobh, localidad portuaria conocida hasta 1920 como Queenstown, y única terminal de grandes cruceros de Irlanda. Esta fue la última escala del Titanic antes de su hundimiento, el 15 de abril de 1912, llevándose consigo 1.496 vidas humanas. Un pequeño pero impactante museo interactivo permite al visitante ponerse en la piel de los habitantes locales que embarcaron en el famoso trasatlántico de la White Star Line rumbo a Estados Unidos. Sobre el pueblo, de 14.000 habitantes, se levanta la catedral de St. Colman, uno de los edificios más altos de Irlanda, con 91 metros.
Además de Kinsale y Cobh, el extenso condado de Cork -de una superficie similar a la de las provincias de Cádiz, Málaga o Barcelona-, con sus 1.100 kilómetros de costa, ofrece un sinfín de escapadas que combinan paisaje e historia: los espectaculares acantilados de Galley Head y Mizen Head, la bahía y la playa de Barley Cove (cuyas dunas se formaron con las olas de cinco metros del tsunami del terremoto de Lisboa, en 1755), el fotogénico faro de Fasnet, la cautivadora Abadía de Timoleague…
Cork y su condado son también una buena opción para comenzar una ruta alrededor de Irlanda, ya sea en coche, disfrutando de una campiña espectacularmente verde, incluso en verano -gracias a que la lluvia suele caer todos los meses del año, convirtiendo a toda Irlanda en un enorme refugio climático-, o bien en tren: el ferrocarril conecta Cork con Dublín cada hora durante la mayor parte del día, y el viaje dura unas dos horas y media.
A veces los tópicos tienen buena parte de realidad. Quien busque en Irlanda un alma gemela de España, y especialmente de Galicia, Asturias y otras comunidades del norte, no se verá defraudado. El eslogan turístico nos invita a «llenar nuestro corazón con Irlanda», y a buena fe que esa plenitud casi espiritual se siente. A Irlanda, por tanto, no solo se viaja, se peregrina.
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