Cine
'Días de agosto': el verano deja de ser refugio en el nuevo 'thriller' íntimo de Chema de la Peña rodado en Canarias
La película, que se estrena este viernes 14 de agosto, contrapone la luminosidad del verano con la oscuridad de los secretos familiares con Pau Simón y Roberto Álamo

Chema de la Peña y Roberto Álamo durante el rodaje de 'Días de agosto'. / Fernando Torres

El verano como espacio de descanso, de disfrute y de aparente ligereza se resquebraja en Días de agosto, la nueva película de Chema de la Peña que llega a las salas este viernes 14 de agosto. La producción española con una duración cercana a los 96 minutos, propone una inmersión en las tensiones familiares y los deseos ocultos que emergen cuando la convivencia se intensifica. Rodada íntegramente en Gran Canaria, la cinta convierte el paisaje insular en un elemento narrativo clave y plantea un relato que transita entre el drama íntimo y el thriller psicológico.
La historia arranca con una premisa sencilla: una joven pareja (Pau Simón y Berta Galo) se dispone a pasar unos días en un chalet familiar junto al mar en pleno verano. Sin embargo, la llegada inesperada del padre del chico (Roberto Álamo), acompañado de su nueva pareja (Maggie Civantos), altera el equilibrio inicial. A partir de ahí, la convivencia se convierte en un terreno inestable donde afloran conflictos latentes, tensiones generacionales y relaciones cruzadas que obligan a los personajes a enfrentarse a sus propios límites.
Para De la Peña, la elección de Gran Canaria no fue solo una decisión logística, sino también narrativa. "Buscábamos un lugar que encajara con ese tipo de historia de conflicto en un chalet de verano. Necesitábamos costa, belleza y un entorno que no fuera demasiado grande y Mogán nos pareció perfecto por su carácter cercano y pintoresco", explica el director de la cinta. De este modo, el municipio del sur de la Isla, con su arquitectura blanca, su puerto y su ambiente familiar, se convierte en el escenario principal de una historia que juega con una falsa apariencia de tranquilidad.
Otras localizaciones
Junto a Mogán, la película se adentra también en otros espacios como Santa Brígida, donde se ubica el chalet que articula gran parte de la acción. "La casa es prácticamente un personaje más dentro de la película", señala De la Peña. Y no es una afirmación retórica, puesto que el espacio doméstico actúa como catalizador de las relaciones; se trata de un lugar cerrado donde las emociones se intensifican y donde cada gesto adquiere un significado distinto.
Pero más allá de la casa, el director subraya la importancia del entorno natural. "Lo más impresionante es todo lo que rodea al pueblo de Mogán, con los valles, las montañas y esas carreteras que bordean la costa. Hay momentos en los que parece que estás en un paisaje casi infinito", apunta el realizador, quien añade que ese descubrimiento llevó incluso a modificar decisiones iniciales durante el rodaje. "Estuvimos unos quince días localizando y cambiamos varias escenas para llevarlas a lugares que aportaban más fuerza visual porque existen muchos espacios que te condicionan de manera positiva y que acaban influyendo también en la historia", reflexiona.
Verano y oscuridad
Ese diálogo entre paisaje y relato refuerza uno de los ejes centrales de la película, que es la contraposición entre la luz del verano y la oscuridad emocional que se despliega en su interior. "El verano invita al relax, al disfrute y a la sensualidad, y todo eso está presente en la película. Pero cuando aparece un secreto o una tensión, el contraste es muy fuerte", explica De la Peña, quien añade que esa tensión soterrada se convierte en el motor narrativo de una historia que avanza desde la calma hacia un territorio cada vez más incómodo.
En ese sentido, Días de agosto se mueve en una frontera híbrida entre el drama familiar y el thriller. "Me interesaba la mezcla entre el conflicto familiar y el misterio que se genera alrededor", afirma De la Peña, quien reconoce influencias de cineastas como Luca Guadagnino o David Lynch en esa construcción atmosférica donde lo inquietante emerge de lo cotidiano. "Es esa sensación de que aparentemente no pasa nada, pero hay algo por debajo que está a punto de estallar", resume.
Mensaje completo
La música juega también un papel fundamental en la construcción de la historia. "Trabajamos la banda sonora para generar una tensión que no siempre se ve, pero que sí se percibe. Esa idea de que hay algo que no encaja del todo y que anticipa lo que va a ocurrir”, explica. El resultado es una experiencia que busca mantener al espectador en alerta, incluso en los momentos más aparentemente relajados. El reparto se articula, además, en torno a dos generaciones claramente diferenciadas. Esa dualidad permite explorar distintas formas de entender el deseo, la responsabilidad y el conflicto. "Con los actores adultos lo teníamos bastante claro desde el principio, porque son intérpretes con mucha experiencia. En el caso de los jóvenes, el proceso fue más largo porque buscábamos química y capacidad para sostener el drama", señala el director.
Las grabaciones se realizaron en Mogán y en un chalet de Santa Brígida
Ese trabajo se tradujo en un proceso intensivo de pruebas y ensayos, muchos de ellos realizados en las propias localizaciones. "A mí me gusta ensayar mucho con los actores, y hacerlo en los espacios reales ayuda a que todo tenga más verdad", apunta el cineasta. A esa construcción se suma la presencia de intérpretes canarios en papeles secundarios y figuración, un elemento que aporta autenticidad al conjunto y refuerza la integración del entorno en la narración.
Reflexión más allá de la historia
Más allá de su planteamiento formal, Días de agosto propone también una reflexión abierta sobre los límites personales. "Me gustaría que el espectador se quede pegado a la butaca durante toda la película y que se deje llevar por la historia", señala Chema de la Peña, quien no obstante va un paso más allá: "Si al salir del cine, el espectador se plantea qué haría ante un deseo o un secreto familiar, si se atrevería a revelarlo o lo ocultaría, creo que habré logrado lo que me proponía".
La película llega este 14 de agosto a las salas en una época en la que el cine suele asociarse a propuestas más ligeras. Frente a esa tendencia, la película opta por explorar las fisuras que pueden surgir en un escenario aparentemente ideal, convirtiendo el verano en un espacio de confrontación emocional. El resultado es una historia que se apoya en la tensión, en los silencios y en las miradas, y que encuentra en el paisaje de Gran Canaria un aliado para construir una atmósfera que acompaña, y a veces anticipa, el devenir de los personajes.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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