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MIGRACIÓN

Las muertes en la ruta canaria se reducen un 46%

La OIM contabiliza 150 víctimas hasta abril en una travesía marcada por trayectos cada vez más largos desde la costa occidental africana

Salvamento Marítimo escolta un cayuco al puerto de La Restinga

Salvamento Marítimo escolta un cayuco al puerto de La Restinga / Gelmert Finol / Efe

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Lucía Peraza

Santa Cruz de Tenerife

La ruta atlántica hacia Canarias ha registrado un fuerte descenso de las llegadas durante los primeros cuatro meses de 2026. Unas 2.276 personas alcanzaron las islas entre enero y abril, un 78% menos que en el mismo periodo del año anterior, según los datos recopilados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Sin embargo, la caída de los desplazamientos no ha tenido un reflejo equivalente en el número de víctimas: 155 personas murieron o desaparecieron durante la travesía, un 46,2% menos que un año antes. En términos absolutos, son 138 víctimas menos que en el mismo periodo de 2025, pero el descenso continúa siendo notablemente inferior al registrado en las llegadas.

La peligrosidad de esta ruta está estrechamente relacionada con las distancias que separan los puntos de salida de Canarias. Las embarcaciones parten de distintos lugares de la costa occidental africana y, en los últimos años, el itinerario se ha extendido hacia puntos situados cada vez más al sur. Mauritania, Senegal y Gambia se encuentran entre los principales países vinculados a esta ruta, mientras que también se registran salidas desde Marruecos y el Sáhara Occidental. La elección del punto de partida condiciona de forma determinante la duración y el riesgo del trayecto. Cuanto más al sur se inicia la travesía, mayor es la distancia que deben recorrer las embarcaciones hasta alcanzar las islas. Desde algunos de estos puntos, el viaje supone varios días en alta mar, en embarcaciones que en muchos casos no están preparadas. La falta de combustible, agua y alimentos, las averías, las condiciones meteorológicas y los problemas de navegación aumentan las posibilidades de que una embarcación quede a la deriva o naufrague.

La prolongación de los trayectos ayuda a explicar que el descenso de las llegadas no se traduzca necesariamente en una reducción proporcional de las víctimas. Aunque sean menos las personas que emprenden la travesía, quienes lo hacen pueden afrontar recorridos cada vez más largos y peligrosos. A esta dificultad se suma la imposibilidad de conocer con precisión el alcance de la tragedia: la OIM advierte de la complejidad de documentar las muertes y desapariciones en las rutas migratorias, especialmente cuando los naufragios se producen en alta mar y no hay supervivientes ni embarcaciones que puedan dar la voz de alarma.

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