Superseñorita. Directora audiovisual y DJ

Superseñorita. Directora audiovisual y DJ
Tu forma de entender una sesión va más allá de encadenar canciones. ¿Cómo construyes el relato musical de cada set y qué buscas provocar en el público?
Para mí, un set no consiste únicamente en encadenar canciones; es una forma de organizar el tiempo, construir un recorrido y crear una experiencia compartida. Para mí cada sesión es única y diferente porque depende del lugar, del momento y de la energía del público. Mi intención es proponer un viaje, pero siempre partiendo de una idea que para mí es fundamental:. La música hay que dejarla ser. Aunque parezca sencillo, no lo es. Hay que estar realmente abierto a ella, escucharla y permitir que revele todo lo que puede llegar a ser en un momento concreto.
Además de DJ soy cineasta, creo que eso también influye mucho en mi manera de construir una sesión. Me interesa transmitir ideas, atmósferas, experiencias, historias, recuerdos y generar conexión con el momento a través de la música.
Eres una figura muy reconocida dentro de la cultura DJ en Canarias. ¿Cómo ha evolucionado tu sonido desde tus primeros años hasta la actualidad?
Creo que mi sonido ha evolucionado en paralelo a la propia evolución de la cultura musical que me rodea y por supuesto a la incansable sed de descubrir nuevas formas del sonido.
Me he enamorado de muchos géneros musicales, pero he de decir que cuanto más ahondo en la electrónica, más me gusta y nunca deja de sorprenderme.
Mi evolución como DJ no la entiendo como un cambio de sonido, que por supuesto lo he tenido, sino como un cambio de escucha. Una sesión no se construye únicamente con canciones, sino con la relación entre los temas y entre el espacio, entre quien propone el viaje y quienes lo comparten.
En tus sesiones conviven Deep, disco, house y otros géneros. ¿Qué elementos hacen que estilos tan diferentes dialoguen de manera natural?
Al interesarme menos demostrar una identidad sonora concreta, me quedo con la idea de crear un contexto donde la música pueda revelar todo lo que contiene. Una buena sesión no impone una “historia”; crea las condiciones para que una historia ocurra entre la música y quienes la están viviendo.
Hay sesiones que buscan el aplauso constante y otras que exigen confianza, dejando que los cambios sean casi imperceptibles. Esa elección también expresa una postura sobre cómo merece ser escuchada la música. Para mí, el sentido emerge de la secuencia, no de un género. Esto recuerda una idea de la filosofía hermenéutica: el significado no reside únicamente en cada elemento, sino en el contexto que lo rodea.
Canarias siempre ha tenido una relación especial con la música y la cultura del baile. ¿Qué percepción tienes del público canario?
Es cierto que Canarias siempre ha tenido una relación muy especial con la música. Desde la existencia de los puertos francos y la entrada de discos y libros difíciles de conseguir en el resto de España, hasta la influencia que esto tuvo en grupos y artistas canarios que llegaron a tener reconocimiento internacional, Canarias se convirtió también en un lugar de referencia para la cultura de club, llegando a albergar algunos de los clubs más importantes de España durante más de una década.
Pero creo que uno de los grandes retos de la música electrónica en Canarias, y en muchos otros lugares, es que todavía existe una distancia entre escuchar música y simplemente consumirla como parte de un contexto de ocio. La cultura de club tiene una historia y un lenguaje propio, pero para que ese lenguaje se desarrolle necesita tiempo, curiosidad y espacios donde la gente pueda acercarse a propuestas diferentes. Y creo que precisamente la creación de esos espacios es una de nuestras mayores carencias.
No creo que sea una cuestión de que el público no tenga sensibilidad o capacidad para escuchar, sino de cómo se han construido determinados hábitos culturales. Vivimos en una época donde muchas veces la música se convierte en un elemento más del entretenimiento inmediato, y aquí conecta con la idea de Guy Debord sobre la sociedad del espectáculo: una sociedad donde la experiencia puede transformarse en consumo rápido y donde aquello que tiene más visibilidad acaba siendo también aquello que parece tener más valor.
Hay sonidos que requieren paciencia, atención y una cierta apertura. Una sesión no siempre tiene que ofrecer inmediatamente aquello que se espera; a veces también tiene que proponer algo nuevo, ampliar la percepción y abrir una puerta hacia otros lugares.
Como artistas también tenemos una responsabilidad: no solo reproducir aquello que ya funciona, sino crear espacios donde el público pueda abrirse a nuevas formas de escucha. Esa es precisamente una de las partes más bonitas de la música: la posibilidad de descubrir algo que todavía no sabíamos que necesitábamos.
¿Cómo preparas una sesión para un festival al aire libre como Malvasoul? ¿Llevas una idea cerrada o prefieres improvisar según la energía del momento?
Pienso en la hora, en la luz y en la personalidad de ese espacio; en definitiva, y aunque suene un poco rimbombante, en su genius loci, en ese espíritu particular que tiene cada lugar. Además le pongo mucho cariño porque Malvasoul no solo es un festival, es como una familia musical.
Hay una parte de preparación, de conocimiento y de búsqueda, pero también hay una parte de escucha e intuición. Al final, una buena sesión es ese diálogo entre música, espacio y las personas que comparten ese momento.
Has sido una referente para muchas mujeres que han decidido ponerse detrás de una cabina. ¿Notas que el sector ha cambiado en términos de igualdad o aún quedan barreras importantes?
Es una pregunta que recibo con mucho cariño y también con cierta responsabilidad. Nunca me he planteado mi trayectoria como la de alguien que abre un camino en solitario, sino como parte de una escena en la que muchas mujeres, antes y después, han aportado talento, sensibilidad y una manera diferente de entender la música.
Creo que es evidente que ha habido una evolución positiva. Hoy hay más mujeres visibles en las cabinas, en la producción, en la gestión de eventos. Existe una mayor conciencia sobre la importancia de la igualdad.
Dicho esto, todavía queda mucho camino por recorrer. La igualdad no consiste únicamente en que haya más presencia femenina, sino en que esa presencia sea natural.
Si mi trayectoria ha podido servir de inspiración para que otras mujeres se animen a ocupar esos espacios, lo recibo con mucho agradecimiento. Pero creo que lo más importante es que la escena siga siendo cada vez más diversa, abierta y rica.
Después de tantos años de carrera, ¿qué sigue ilusionándote cuando subes a una cabina?
Sencillamente, todo. Pero sobre todo compartir un momento, una experiencia, un viaje sonoro con otras personas.
Si alguien nunca ha escuchado una sesión de DJ Súper Señorita, ¿qué puede esperar encontrar en Lanzarote el próximo 22 de agosto?
Mi mejor selección musical del momento. Al final, una sesión siempre es una pequeña radiografía de lo que estás viviendo y escuchando en ese instante. No creo mucho en repetir fórmulas; me interesa seguir buscando, sorprenderme a mí misma y compartir aquello que ahora mismo me mueve.
Para quien nunca haya escuchado una sesión mía, diría que venga con la mente abierta. Cada lugar y cada noche tienen su propio relato, y eso forma parte de lo bonito de esta profesión.
No hay que olvidar que una pista de baile tiene algo muy especial: transforma muchas experiencias individuales en una experiencia colectiva.
Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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