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Miguel Navarro, el canario que conquistó los chiringuitos de Cádiz

Este empresario, referente de la hostelería andaluza, lleva tres décadas con negocios en Conil, Tarifa y La Barrosa

El empresario hostelero Miguel Navarro, en uno de sus chiringuitos en Cádiz

El empresario hostelero Miguel Navarro, en uno de sus chiringuitos en Cádiz / E.D.

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Rubén Reja

Las Palmas de Gran Canaria

Hay historias empresariales que no se escriben en los despachos, sino con arena en los zapatos, jornadas interminables, la piel curtida y la firme convicción de que el trabajo de sol a sol siempre acaba dando sus frutos. La de Miguel Navarro es una de ellas. Nacido y criado en Maspalomas, en el sur de Gran Canaria, compatibilizaba los estudios de Derecho con arreglar papeles en el bar familiar donde se metía incluso detrás de la barra. Y así, casi sin quererlo dió sus primeros pasos en la hostelería, cuando el turismo comenzaba a transformar la isla. Allí aprendió el valor del sacrificio, del trato cercano al cliente y de una forma de entender la restauración en la que la calidad y el servicio siempre van de la mano.

Sin embargo, como ocurre con tantos emprendedores, llegó un momento en el que tuvo que mirar más allá de su tierra. Las dificultades administrativas, la burocracia y la complejidad para desarrollar nuevos proyectos hicieron que buscara oportunidades lejos de casa. "En ocasiones falta voluntad política en Canarias que no deja avanzar al destino", señala.

Como tantas veces se dice, no siempre es fácil ser profeta en tu propia tierra. Ese camino le llevó hasta la provincia de Cádiz hace ya tres décadas. Concretamente a Tarifa, donde comenzó una nueva etapa empresarial que acabaría convirtiéndose en una historia de éxito.

Uno de los pioneros de los chiringuitos de playa

Cuando muchos todavía no imaginaban el potencial de los chiringuitos como espacios gastronómicos y de ocio de calidad, Miguel ya apostaba por un modelo diferente. Fue uno de los pioneros en impulsar establecimientos de playa que combinaban buena cocina, atención profesional y una experiencia pensada para que el visitante quisiera volver.

Con el paso de los años, aquel proyecto inicial fue creciendo gracias a una receta sencilla de explicar, pero muy difícil de ejecutar y con tres ingredientes básicos: trabajo, constancia y pasión.

Casi 40 trabajadores

Hoy dirige un grupo empresarial que genera cerca de cuarenta puestos de trabajo y gestiona varias concesiones de hamacas en Conil, Tarifa y la Barrosa, además de contar con el chiringuito 'Arena Bay Club de Mar',en este punto de la costa gaditana y otro negocio 'Casa Playa' en Tenerife en la playa de las Vistas.

Lejos de olvidar sus raíces, Miguel encontró en Cádiz una tierra que supo ofrecerle la oportunidad de crecer. Allí decidió invertir, crear empleo y contribuir al desarrollo turístico de una provincia que ha hecho de sus playas uno de sus mayores atractivos. Su apuesta no ha sido solo empresarial; también ha sido una apuesta por las personas, por formar equipos estables y por ofrecer un servicio que se ha ganado el reconocimiento de clientes y visitantes.

Cada temporada al frente del chiringuito 'Arena Bay Club de Mar', en la Barrosa, supone un nuevo reto, pero también la satisfacción de ver cómo decenas de familias dependen de un proyecto construido desde cero.

Aunque el éxito le haya llegado en Andalucía, Miguel nunca ha dejado de sentirse profundamente grancanario.

La experiencia de Maspalomas, en Cádiz

Las enseñanzas aprendidas en Maspalomas siguen presentes en su manera de trabajar. La cercanía, la hospitalidad y el carácter abierto de quienes crecen mirando al Atlántico forman parte de la identidad que ha trasladado a cada uno de sus negocios. Incluso en su carta de restaurante hay claros guiños a la gastronomía canaria donde no fallan las papas arrugadas.

Su historia demuestra que el talento puede triunfar allí donde encuentre una oportunidad. En una época en la que emprender resulta cada vez más complejo, la trayectoria de Miguel representa el ejemplo de quien decidió no rendirse ante las dificultades. "Es una pena ver cómo Maspalomas sigue con el mismo concepto obsoleto de kiosko cutre de playa de los años sesenta, sin servicio ni oferta de calidad, cuando en juego está la imagen de un destino que no evoluciona", destaca este empresario.

Con esfuerzo, visión empresarial y una enorme capacidad de trabajo ha construido un proyecto sólido (ha recibido repetidos años el galardón al mejor chiringuito de playa) que hoy es referente en la hostelería de la costa gaditana.

Su éxito no se mide únicamente por el número de concesiones o por el empleo que genera. Se mide, sobre todo, por haber demostrado que los sueños también pueden construirse desde la humildad.

Miguel encontró en Cádiz el lugar donde hacer realidad un sueño que comenzó, hace muchos años, entre las playas de Maspalomas y el deseo de soñar con una oferta de calidad.

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