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La comunidad colombiana en Canarias, en vilo por el terremoto: "La angustia se mezcla con impotencia"

Los colombianos que residen en el Archipiélago viven con angustia las noticias del terremoto, que ha dejado al menos 224 personas fallecidas. Muchos proceden de Cali, una de las regiones más severamente golpeadas por el sismo.

De izquierda a derecha, Jhon Alexander Salazar, Diana Marcela García y Luis Carlos Torres Gómez

De izquierda a derecha, Jhon Alexander Salazar, Diana Marcela García y Luis Carlos Torres Gómez / LP/DLP

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Nayra Bajo de Vera

Nayra Bajo de Vera

Las Palmas de Gran Canaria

La comunidad colombiana en Canarias permanece muy atenta a la evolución del terremoto que sacudió este lunes el oeste del país americano. Con una magnitud de 7,4 y más de 50 réplicas registradas por el momento, ha dejado al menos 224 personas fallecidas, miles de heridos y muchos edificios reducidos a escombros. Solo en la ciudad de Cali, una de las zonas más afectadas, se han cifrado 188 personas desaparecidas. De ahí procede Jhon Alexander Salazar, un joven residente en Gran Canaria cuyo hijo de once años se encuentra en el lugar.

Después de la incertidumbre de las primeras horas, en las que no pudieron establecer contactos, Jhon ya respira más tranquilo al saber que el pequeño está a salvo. Además de su hijo, en Cali también reside el resto de su familia, incluyendo sus padres, sus hermanos y amistades. "No supe nada hasta ayer a las 10 de la noche y tuve que mandar a una persona a buscar a mi familia para que me diera tranquilidad", relata.

La comunidad colombiana

De esa misma región proceden muchos de los más de 50.000 colombianos que residen en el Archipiélago. El hermanamiento de las dos comunidades se hace palpable en un contexto de catástrofe, aflorando una solidaridad que los colombianos notan en cada llamada y cada mensaje de preocupación proveniente de canarios.

En el caso de Jhon, apenas pudo hablar con su familia por teléfono en la mañana de este martes, cuando le trasladaron que estaban todos bien y, por suerte, tampoco la casa experimentó daños. Pero aún recuerda con el corazón en un puño esas horas en que no tuvo noticias, cuando se le hizo muy duro "ver las cosas por las redes y no poder comunicarse".

"Se le vino la casa encima con su familia y no los encuentran. Están bajo los escombros"

Desde Tenerife, Diana Marcela García vive esta situación con una lejanía física que acrecienta el dolor emocional. Para ella está siendo especialmente "angustioso" porque el barrio de El Guabal (Cali), donde vive su familia, es muy antiguo. La casa de su abuela "tiene más de 60 años construida" y acumula diversos daños, pero por suerte no llegó a derrumbarse como otras edificaciones. "El colegio colapsó. Allí hay niños a los que están rescatando", lamenta.

Estando fuera, Diana no deja de preguntarse de qué manera puede ayudar. Por ahora ha mandado algo de dinero, como también han hecho sus primas y su hermana, para tratar de suplir las necesidades familiares ante la falta de agua, luz y gas. Pero hay problemas que no tienen fácil solución, como le ocurrió a un amigo de su abuela, a quien "se le vino la casa encima con su familia y no los encuentran. Están bajo los escombros".

Ante ese panorama, "la angustia se mezcla con impotencia" cada vez que ve un nuevo vídeo o escucha algún testimonio. "Uno crece en esa ciudad y está irreconocible. Parece como si hubiera habido un bombardeo en muchas zonas. Yo siento impotencia de no estar ahí. Hay gente que no está llegando viva al hospital", resume.

La angustia desde la distancia

Luis Carlos Torres Gómez describe un sentimiento similar cuando cuenta que vivió las primeras horas con "mucha angustia". Casi toda su familia reside en el Zarzal, con la suerte de que sus seres queridos se encuentran "bien de salud" y solo han reportado daños materiales en la casa. "Eso se recupera y ya está", zanja Luis Carlos.

Ahora está pendiente de enviar ayuda, aunque le preocupa que hay situaciones de catástrofe como esta en que "la gente abusa y no llegan los recursos a los pueblos y los lugares que más lo necesitan".

El terremoto desde Bogotá

La madre de Maribel Díaz vive en Bogotá, por lo que está lejos de las zonas más devastadas, como Chocó y Cali. En cualquier caso, cuenta que también en la capital se sintieron los temblores: "Mi mamá dice que ella estaba en la casa y vio cuando el televisor y los cuadros y las ventanas se movían". En ese momento, la gente del vecindario salió a la calle y corrió hasta a la cancha de fútbol, que es su punto de encuentro cada vez que se produce algún sismo.

Aunque en este caso no hubo daños materiales de gran calado y toda la familia de Maribel está bien, lamenta que "es muy duro" ver el sufrimiento en otros puntos del país desde la distancia. Eso hace que muchos quieran regresar para ayudar a sus familias y seres queridos, pero hay varios impedimentos: un viaje puede costar unos "5.000 o 6.000 euros" y hay muchos que colombianos que "si salen no pueden volver".

En cualquier caso, a la hora de ofrecer ayuda, está segura de que todos se van a volcar: "Yo sé que más de uno se va a poner la mano en el corazón. Todos los colombianos que estamos acá vamos a colaborar".

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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