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De la experiencia laboral a las aulas: la acreditación de competencias se convierte en un trampolín hacia la FP para medio millar de canarios

Uno de cada diez canarios que solicitan la acreditación de competencias profesionales se matricula en una titulación oficial, una vuelta al sistema educativo que mejora sus oportunidades laborales

Un profesor explica una práctica a una alumna de FP

Un profesor explica una práctica a una alumna de FP / Arturo Jiménez

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Claudia Morín

Claudia Morín

Santa Cruz de Tenerife

Uno de cada diez canarios que solicitan la acreditación de sus competencias se anima a dar el salto a la Formación Profesional (FP). En España, quienes cuenten con una experiencia laboral de al menos 3 años –o con una formación mínima de 300 horas, sin necesidad de tener títulos académicos– pueden obtener un reconocimiento de sus competencias, una consideración que aumenta las posibilidades de encontrar empleo, de mejorar sus condiciones laborales y de seguir formándose. En las Islas, cada vez son más los participantes que se decantan por esta última vía: la recualificación. De esta decisión no solo se beneficia el propio trabajador, sino que también es positiva para el tejido empresarial del Archipiélago y para el conjunto de la sociedad canaria.

Según los últimos datos, 573 de los 5.906 inscritos en 2025 –o lo que es lo mismo, un 10% del total– se matricularon posteriormente en ciclos. Para el director general de Cualificaciones Profesionales, Alfredo Espinosa, esta cifra confirma que la acreditación de competencias no solo es un reconocimiento, sino que también es una oportunidad para que cientos de profesionales sigan formándose y puedan obtener una titulación oficial. «El objetivo de este sistema nunca ha sido un simple certificado; la intención es abrirles las puertas del sistema educativo y cada vez son más los trabajadores que dan el paso a matricularse en enseñanzas como la FP», resalta.

La acreditación, por tanto, ha dejado de ser una meta y ha terminado convirtiéndose en el punto de partida de nuevos itinerarios formativos. «Permite que quienes llevan años desempeñando un oficio puedan completar su cualificación oficial en menos tiempo, ya que convalidan la experiencia certificada por asignaturas», argumenta. Así, añade, pueden mejorar sus posibilidades de empleo, promocionar dentro de la propia empresa o adaptarse a las necesidades cambiantes del mercado laboral.

El perfil más habitual

La mayoría de quienes solicitan la acreditación de competencias son adultos que en su momento, o bien no se integraron en el sistema educativo, o bien terminaron abandonando por necesidad o por malas experiencias. «Son personas que nunca pensaron que podrían tener un título oficial», resalta. En este sentido, el perfil más habitual es el de un trabajador por encima de los 30 años que desempeña un oficio en sectores productivos como la hostelería, la administración o la jardinería, entre otros. También, según puntualiza el director general, hay una buena parte que necesita esa formación por cambios normativos, por ejemplo, para dedicarse al mantenimiento de piscinas o de instalaciones eléctricas.

Aunque sepan desempeñar a la perfección su funciones, la falta de titulación oficial les impide progresar. Por este motivo, cada vez son más los trabajadores que acuden a la acreditación. En primera instancia, tienen que pasar varias entrevistas con un asesor y un evaluador, que a menudo son profesores de FP. Estos profesionales serán quienes determinen qué competencias –por ejemplo, manejar editores de texto– pueden ser convalidadas. Lo más frecuente es que logren entre tres y cuatro estándares, unos indicadores que tienen equivalencias con asignaturas de distintos ciclos. De esta forma, si quiere conseguir un título solo tendrá que matricularse en las materias restantes.

Canarias, un ejemplo

Canarias, además, es la primera comunidad autónoma del país en contar con un departamento específico –la Dirección General de Cualificaciones Profesionales– dedicado a esta materia. Desde su creación, el número de asesores y evaluadores se ha disparado, de los 319 en 2023 a los 1.940 del último ejercicio. No solo eso, también ha crecido la participación: mientras que en 2021 hubo 1.116 personas que obtuvieron 4.657 estándares de competencia acreditados, en 2025 la cifra ascendió a 5.906 participantes y 25.620 estándares acreditados.

Para Espinosa, hay un cambio clave que ha terminado despertando el interés y la motivación de los participantes: «Antes, este trámite se hacía en una oficina de empleo, pero ahora todo el papeleo se hace en el propio instituto y eso les anima». En los últimos años, esta vía también se ha promocionado con los sindicatos y, como resultado, el interés por la acreditación se ha disparado. «Al empresario también le interesa porque así puede tener más trabajadores titulados, más calidad en la plantilla y menos problemas desde el punto de vista de recursos humanos», destaca.

Orientación laboral y educativa

En el Archipiélago, el equipo a cargo de la acreditación también hace especial hincapié en la orientación, tanto laboral como educativa. «No queremos que el diploma que reciben al final de curso sea la meta; lo que intentamos es que sea un dorsal para que recorran, al menos, una media maratón», sostiene. Así relata que, antes de comenzar el curso, lo que la mayoría de participantes traslada es que nunca pensaron que podrían volver a las aulas para obtener un título oficial. «Ahora, sin embargo, ven que es posible e incluso lo compaginan con su vida laboral, por lo que la satisfacción que expresan es enorme», concluye.

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