El pergamino de Clío
‘Decimatio’, el estúpido castigo romano

‘Decimatio’, el estúpido castigo romano / La Provincia
Lara de Armas Moreno
Tras sendas victorias del mítico Espartaco, el pretor Marco Licinio Craso, un rico potentado romano, consiguió empujar a los esclavos hacia el sur de la península italiana, acorralando a los rebeldes en Calabria. Antes de esto, el rebelde tracio logró derrotar a varias legiones, lo que supuso un duro golpe para la moral romana.
Con este fin, Craso desenterró el arcaico castigo conocido como decimatio y lo aplicó a 30.000 soldados romanos por las derrotas sufridas a manos del rey de los esclavos. Este castigo brutal era especialmente salvaje y cruel. Ya aparece citado en la Primera Guerra Púnica contra los cartagineses y solo se aplicaba en casos extremos de sedición. La pena se aplicaba contra las legiones romanas que se amotinaban o huían de las batallas. El castigo consistía en formar grupos de diez soldados a sorteo que eran ajusticiados por sus compañeros a golpes o por lapidación. En este proceso no se tenía en cuenta la posición ni los logros militares del soldado.
En la época de Craso, este castigo podía aplicarse también a soldados que abandonaran la guardia durante la noche, a los que hacían de forma incorrecta los relevos o a los que olvidaban una tarea importante.
Polibio (200-118 a.C.) explicó cómo se procedía ante estos casos: «Se convoca al punto el consejo de tribunos, se celebra el juicio y, si el hombre es declarado culpable, se le apalea». En algunos casos extremos, no se sepultaba al castigado, dejando que su cuerpo se pudriera en donde se le había dado muerte.
De este término deriva el término moderno «diezmar», que significa causar gran mortandad, destrucción o una reducción significativa en un grupo de personas, animales o cosas, a menudo como consecuencia de epidemias, desastres o conflictos. Históricamente, proviene del latín decimare, que hacía referencia a este castigo.
La práctica encontró numerosos detractores, que sostenían que la decimatio rompía la cohesión entre compañeros y debilitaba los lazos dentro del cuerpo militar, generando desconfianza hacia los mandos. La lealtad acababa transformándose en miedo. Uno de los que se opusieron a su aplicación fue el emperador bizantino Mauricio, quien consideraba que este castigo dañaba la moral de las tropas y no aportaba ningún beneficio.
Con el tiempo la decimatio cayó en desuso, sobre todo por que suponía una forma estúpida de matar soldados propios.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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