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30 años del estreno de ‘Matilda’: claves de una película de culto y carta de amor a los libros

Este 2026 se cumplen tres décadas del estreno de la adaptación cinematográfica de la novela de Roald Dahl, dirigida por Danny Devito y protagonizada por una pequeña gran Mara Wilson

Mara Wilson en un fotograma de 'Matilda'.

Mara Wilson en un fotograma de 'Matilda'. / E. D.

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Las Palmas de Gran Canaria

En el umbral de los 90 del pasado siglo abrió sus ojos en la literatura y, poco después, en pantalla grande, una letraherida mágica y rebelde que, con cuatro años y tres meses, pasaba las páginas de Grandes esperanzas de Charles Dickens en el gran sillón del fondo de la biblioteca pública del pueblo «con los pies colgando, sin llegar al suelo, totalmente absorta en las maravillosas aventuras de Pip y la señorita Havishman y su casa llena de telarañas».

Así describía Roald Dahl a Matilda en el primer capítulo su novela homónima, publicada en 1988 en Londres, mientras que Danny Devito, director, productor, actor y narrador de su adaptación cinematográfica, estrenada en Estados Unidos en 1996, abre la película con esta reflexión en off: «Todo el mundo nace, pero no todo el mundo nace igual».

Ambas perspectivas se funden en la misma imagen de una heroína singular que no luce capa, sino que arrastra una carretilla atestada de libros; que no lucha contra monstruos, ni lestrigones, ni todopoderosos, sino que se rebela contra los adultos insensibles a la inteligencia, la curiosidad y la bondad; que no intenta salvar el mundo, pero se salva a sí misma y, en el camino, trata de hacer el camino más bello y justo a su alrededor, siempre con una buena medida de retranca y humor negro.

Matilda, una de las novelas más queridas de Roald Dahl, fue la penúltima publicación del escritor de Gales antes de su muerte en 1990, solo seguida por Agu Trot. A sus espaldas desfilan títulos míticos como Charlie y la fábrica de chocolate (1964), El Superzorro (1970), El gran gigante bonachón (1982) o Las brujas (1983) que, con el paso de los años, aún se resisten a la etiqueta de «novelas infantiles», ya que sus historias interpelan tanto a niños como adultos, no solo por sus tramas, sino por su lenguaje y narrativa inteligente y transgresora.

Su adaptación cinematográfica supo imbuirse con agudeza de este espíritu subversivo y conmovedor que amplificó la historia universal de Matilda tras su estreno, del que se cumplen 30 años este 2026, y que sirve como pretexto para recordar las claves y curiosidades de una película cargada de homenajes, cuidados y amor hacia quienes la hicieron realidad:

El mensaje de los libros: «no estás sola»

La esencia de Matilda, que recorre tanto la novela como la película, se resume en la siguiente reflexión que cruza la pantalla cuando la protagonista agota todas las lecturas de la biblioteca: «Los libros le dieron a Matilda un reconfortante y esperanzador mensaje: no estás sola». En la infancia de los 90, cuando la televisión estructuraba los días y la década se abría camino entre sus primeros pasos digitales, la reivindicación de la lectura, la soledad y el pensamiento crítico fue tan revolucionaria como lo es en el presente. La película no plasma con el mismo detalle que la novela las lecturas de Matilda, donde desfilan Joseph Conrad, Ernest Hemingway o Rudyard Kipling, pero acuñó la máxima del amor por los libros con la misma fuerza. «Y no te preocupes por las cosas que no entiendas. Deja que te envuelvan las palabras, como la música», le sugiere la señora Phelps, la entrañable bibliotecaria.

El acierto de «americanizar» la historia

La novela de Roald Dahl transcurre en el Londres de finales de los 80, pero Danny Devito, entonces conocido por sus papeles en Batman, La fuerza del cariño o Mars Attacks!, trasladó la trama a Estados Unidos a mediados de los 90. Y tuvo todo el sentido, puesto que el discurso de resistencia de Matilda se resignificaba en el país de la telebasura, la comida rápida y el consumismo voraz. La escena en que Devito, quien interpreta a Harry Wormwood, el odioso padre de Matilda, le prohíbe leer y la obliga a ver el concurso televisivo Pégueme y págueme hasta que la niña, con su poder de telequinesis, hace explotar la caja tonta, ya es historia del cine y el alegato más divertido contra la mediocridad y la pobreza intelectual.

Una escena icónica de Matilda con su carretilla de libros.

Una escena icónica de Matilda con su carretilla de libros. / E. D.

Mara Wilson y el homenaje a su madre

Pero el gran acierto de Matilda radica, sin duda, en la elección de la pequeña gran Mara Wilson para interpretarla en la película. La actriz, quien había aparecido un año antes en Señora Doubtfire, fue seleccionada tras un largo proceso de casting. Entonces tenía ocho años y adoraba al personaje de Matilda pero, detrás de su mirada triste y profunda, anidaba la peor de las heridas: su madre, Suzie Wilson, había sido diagnosticada de cáncer de mama en estadio avanzado. Cuando ingresó en el hospital, en pleno rodaje, Danny DeVito y su mujer, la también actriz Rhea Perlman, que en la película interpreta a Zinnia Wormwood, la madre de Matilda, asumieron el papel de «tíos adoptivos» y cuidaron de la actriz como si fuera su hija dentro y fuera del set: la llevaban y traían del rodaje al hospital, la acogieron en su casa y le brindaron un gran apoyo emocional durante el proceso. Suzie Wilson falleció en 1996, tres meses antes del estreno oficial de Matilda. Durante años, Mara creyó que su madre murió sin poder ver la película, pero años después supo que DeVito le había llevado un VHS al hospital con una versión inacabada de la película para que su madre pudiese ver a su hija como Matilda. En los créditos finales, la película está dedicada «a la memoria de Suzie Wilson».

Danny Devito y Rhea Perlman, entonces pareja en la vida real, como padre y madre de Matilda en la ficción.

Danny Devito y Rhea Perlman, entonces pareja en la vida real, como padre y madre de Matilda en la ficción. / E. D.

La magia del cine en los detalles

Si Dahl dominaba el arte de provocar, soñar o hacer reír con las palabras, DeVito supo explotar las posibilidades del cine para inmortalizar escenas míticas que levantó con una combinación de recursos e ingenio. Entre las más memorables destaca el lanzamiento de la pequeña Amanda Thripp por parte de la temible señorita Trunchbull agarrándola por las trenzas, que se logró utilizando un arnés y varios cables sostenidos por una grúa. Para la escena en que Bruce Bogtrotter debe engullir un pastel de chocolate entero forzado por Trunchbull se apostó por un actor, Jimmy Karz, que verdaderamente detestara el chocolate, así que le proporcionaron un balde para que pudiera escupir los bocados entre tomas. También «El asfixiadero», el sofocante reducto de castigo en el colegio, se revistió de clavos de verdad, pero con las puntas redondeadas. En este punto conviene añadir que a Pam Ferris, la actriz que da vida a la señorita Trunchbull, villana principal de la película, apenas se le permitía interactuar con el casting infantil fuera de las cámaras para potenciar el miedo de los menores hacia su personaje. Otra escena icónica de la presentación de Matilda tiene lugar cuando localiza el único libro de la casa, un recetario, y cocina sus propias tortitas al ritmo de Send Me On My Way, de Rusted Root. Las degusta leyendo los periódicos de la casa, porque Matilda devora todas las lecturas que puede con la misma devoción que sus pancakes.

La magia existe si sabes usarla

Cuando Matilda descubre su poder de telequinesis constata que esta facultad de mover objetos con la mente se activa en estados de ira o injusticia. A partir de entonces aprende a dominarlo a su favor para ayudar a los buenos y castigar a los malos, acuñando esa máxima que emana del libro y que reproduce la película: «tener poder no es tan importante como elegir qué hacer con él». Como curiosidad: en la escena en que Matilda baila sobre la mesa moviendo lámparas, ventiladores, cartas y plantas a su alrededor, DeVito puso a todo el equipo técnico de la película a bailar alrededor de Mara Wilson para arroparla en la grabación.

La profesora que sabe verte

La mayoría de almas sensibles, creativas o solitarias distinguieron en el colegio a un profesor o profesora que se erigió en su faro o guía en las aulas. Para Matilda, esta fue la señorita Honey, a quien encarnó en el filme la actriz Embeth Davidtz, aunque también esta última aprendería mucho de Matilda. «¿Crees que todos los libros para niños deberían tener partes graciosas?», le pregunta a su alumna cuando se queja de que las sagas de libros de C. S. Lewis y Tolkien apenas contienen pasajes cómicos. «Yo sí», le responde Matilda. «Los niños no son tan serios como los adultos y les encanta reír».

Embeth Davidtz como la Señorita Honey, junto a Mara Wilson como Matilda y la jarra flotante.

Embeth Davidtz como la Señorita Honey, junto a Mara Wilson como Matilda y la jarra flotante. / E. D.

La familia es la que tú eliges

Uno de los mensajes más modernos y revolucionarios de Matilda es que la familia no se corresponde necesaria o exclusivamente con los lazos sanguíneos, sino que también puede ser la red que tejes a partir de tus afinidades y afectos a lo largo de la vida. La historia de Matilda retrata a una familia disfuncional que la rechaza por ser como es y que la protagonista no identifica como hogar, así que al final es adoptada por la señorita Honey, con la que forma una familia elegida imbatible.

El espíritu de Roald Dahl

La película Matilda atesora un largo registro de méritos propios, pero en su corazón late el espíritu del gran narrador de historias que fue Roald Dahl. Sus novelas se distinguen esencialmente por dirigirse a los más pequeños con honestidad, chispa y empatía, con un sentido del humor especialmente negro y corrosivo, que entremezcla lo cotidiano y lo fantástico con un profundo sentido de la justicia, sin caer en moralismos, y personajes que arañan el corazón. Matilda fue su última gran novela antes de morir y la película le rinde homenaje con un gran retrato de Roald Dahl emulando a Magnus, el difunto padre de la señorita Honey, cuya imagen juega un papel determinante en el desenlace de la trama. Por otra parte, a lo largo de su vida, Dahl se casó dos veces y la que fue su última mujer, Felicity (Liccy) Dahl, se incorporó como productora de la película y aprobó personalmente cada etapa del proyecto.

Los clásicos son inmortales

Sorprendentemente, o quizás todo lo contrario, Matilda no resultó un éxito de taquilla en su estreno en cines. La película costó alrededor de 36 millones de dólares y no recuperó la inversión inicial. Sin embargo, su comercialización en vídeo, sus emisiones en televisión y el «boca a boca» la consagraron con el paso del tiempo como uno de los grandes clásicos del cine infantil de los 90 y joya de culto para letraheridos. En el ensayo Por qué leer los clásicos, de Italo Calvino -también válido para visionados de cine, además de lecturas-, el escritor italiano indica que «los clásicos ejercen una influencia particular, ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria». Y añade que «toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera». Por tanto, siempre es un buen momento para redescubrir a Matilda, con su carretilla de libros, sonrisa traviesa y objetos flotantes, y envolverse de su música.

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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