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Sanidad

Chequeos, vacunas y buena alimentación: así cuida Canarias a los 105 niños saharauis que pasan el verano en Tenerife y Gran Canaria

El Servicio Canario de Salud (SCS) cuenta con un protocolo asistencial para atender al centenar de menores procedentes de campamentos de refugiados de Tinduf que participa en una nueva edición del programa 'Vacaciones en Paz'

Niños saharauis del programa 'Vacaciones en Paz'

Andrés Gutiérrez

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Claudia Morín

Claudia Morín

Santa Cruz de Tenerife

El verano es la época favorita para la mayoría de los niños. Si durante el curso se han esforzado lo suficiente, estos meses pueden permitirse dejar a un lado los libros para coger el bañador y los manguitos y disfrutar de unos días de sol y playa. Sin embargo, para un centenar de menores saharauis, la llegada del periodo estival no solo es sinónimo de diversión, sino que va mucho más allá: es una oportunidad para salir de la complicada rutina que viven el resto del año en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia.

Gracias a Vacaciones en Paz, un programa de acogida temporal con más de cuatro décadas de historia, estos peques pasan cerca de dos meses en Canarias, lejos de las extremas temperaturas del desierto. Entre chapuzón y chapuzón, también aprovechan su estancia en las Islas para someterse a revisiones médicas y para comer de manera equilibrada, dos cuestiones que no siempre tienen garantizadas en sus hogares. Durante estas ocho semanas, el Servicio Canario de Salud (SCS) pone en marcha un protocolo específico para examinar y atender a los 105 menores –64 en Tenerife y 41 en Gran Canaria– que participan en esta edición.

Durante la primera semana, las familias de acogida tienen que llevar al menor al pediatra. En esa visita inicial se les realiza a los niños un examen físico completo, así como pruebas de cribado. También se les da el tratamiento adecuado para las enfermedades diagnosticadas, se les deriva a la unidad de salud bucodental correspondiente a su centro de salud y, en caso necesario, al servicio de atención hospitalaria para un diagnóstico, un tratamiento o una consulta con cualquier otro especialista. Los chicos apenas pasan dos meses en el Archipiélago, por lo que el protocolo intenta garantizar que la atención sea "lo más ágil posible".

¿Qué estado presentan al llegar?

Desde la Dirección General de Programas Asistenciales del SCS señalan que, por lo general, la salud de estos pequeños suele ser aceptable, ya que una buena parte de ellos ha participado en la iniciativa con anterioridad y cuenta incluso con su propio historial clínico. Lo más habitual es que lleguen con alteraciones dentales, patologías genéticas o enfermedades carenciales, es decir, con problemas como la anemia –falta de hierro– provocados por una mala alimentación. Los pediatras también han detectado que cerca de la mitad de los menores sufre miopía u otros trastornos visuales.

También se revisa el estado de inmunización del niño porque a muchos de ellos les faltan vacunas. En esos casos, el sistema sanitario público se coordina con las asociaciones responsables para trasladarles la actuación a seguir, siempre según el calendario autorizado por la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Prevención de accidentes

Durante su estancia en el Archipiélago, las familias también deben prestar especial atención a la prevención de accidentes, sobre todo aquellos relacionados con intoxicaciones, caídas, atropellos o ahogamientos en piscinas y playas. Muchos de ellos tienen su primer contacto con el mar cuando llegan a las Islas, por lo que los padres de acogida deben extremar las precauciones.

La alimentación, por otro lado, no solo tiene que ser variada y mediterránea –rica en frutas y verduras y sin abusar de ultraprocesados, golosinas o zumos industriales–, sino que también ha de ser respetuosa con su cultura y creencias religiosas, es decir, sin cerdo ni derivados.

Una mejora notable de su salud mental

El equipo del SCS también recuerda a las familias de acogida que es "muy importante" establecer rutinas de vacaciones, como juegos o actividades al aire libre, relaciones con amistades, vecindad y familia. Según aseguran, el mero hecho de salir de su rutina en los campamentos hace que su salud mental mejore de manera notable. "Aquí están en un entorno seguro que de por sí ya tiene un beneficio psicológico; además, también les enseñamos hábitos de vida saludables que luego se llevan a casa", destacan desde la Dirección General.

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