Arte urbano
El autor de la portada del disco de Quevedo deja su huella en Los Realejos
El proyecto municipal suma su mural número 50, incorporando obras de artistas canarios, nacionales e internacionales para crear un museo al aire libre único en el país

El mural de Capi Cabrera. / El Dia

Durante siete años, las fachadas y muros de Los Realejos han ido transformándose en lienzos de gran formato. A un ritmo de una intervención cada dos meses, el proyecto Seis de Doce ha construido un recorrido de arte urbano que este año alcanza su mural número 50 y que continúa incorporando obras de autores canarios, nacionales e internacionales.
El último en sumarse a este autentico museo abierto al aire libre, una iniciativa única en el país, ha sido el artista grancanario Capi Cabrera, conocido también por trabajos vinculados a la industria musical, entre ellos la ya famosa e internacionalmente conocida portada del último disco de Quevedo, El Baifo. Cabrera desarrolló su intervención entre los pasados días 6 y 12 de julio en una fachada de la calle El Adelantado.
Durante una semana, el creador trabajó en una pieza que se integra en la filosofía mantenida por Seis de Doce desde sus inicios: invitar a artistas con una trayectoria y un lenguaje reconocibles para que desarrollen una obra personal, sin imponerles la reproducción de una fotografía, un personaje determinado o una imagen previamente definida.

El nuevo mural de Los Realejos. / El Día
Un sello personal
«Lo que buscamos es la obra personal de los artistas», explica el comisario del proyecto, Víctor Pacheco. La intención, añade, es trasladar a la calle el modelo de un museo convencional, pero sin puertas, horarios ni entrada. «Son artistas como los que encontraríamos en un museo, pero aquí su trabajo puede verse gratuitamente». Seis de Doce nació como un proyecto municipal de muralismo y ha mantenido desde entonces una periodicidad poco habitual: una nueva obra aproximadamente cada dos meses. Por Los Realejos han pasado creadores procedentes de Canarias, de distintos puntos de España y de países como Francia o Islandia.
La selección no responde a un único estilo. Precisamente, uno de los objetivos ha sido reunir propuestas muy diferentes y permitir que cada autor deje en el municipio una muestra reconocible de su propia producción.
Esa variedad ha convertido las calles realejeras en un recorrido heterogéneo, en el que conviven lenguajes figurativos, abstracciones, composiciones gráficas y distintas formas de entender el muralismo contemporáneo.
Un caso único en España
Pacheco considera que el resultado sitúa a Los Realejos entre los principales espacios de arte urbano del país. «Creo que es el museo de arte libre más grande de España», afirma, aunque la singularidad del proyecto no reside solo en el número de murales, sino también en su continuidad y en la diversidad de firmas incorporadas.
La iniciativa depende en buena medida de la disponibilidad de superficies sobre las que intervenir. Algunas obras se realizan en muros o solares de titularidad municipal, pero muchas otras ocupan fachadas cedidas por particulares.
Los vecinos también colaboran
El comisario destaca la colaboración de los vecinos, sin la cual habría sido difícil mantener el proyecto durante tantos años. Conseguir espacios adecuados, visibles y con las condiciones necesarias para albergar una pieza de gran formato constituye uno de los principales retos de cada edición. «Contamos con mucha ayuda de los vecinos y la agradecemos, porque posiblemente no habríamos podido mantener el proyecto durante tanto tiempo», señala Pacheco.
La cesión de una pared convierte también a sus propietarios en parte activa de la iniciativa. El mural deja de ser únicamente una intervención artística para incorporarse al paisaje cotidiano de la calle y a la identidad visual del barrio.
La necesaria labor de mantenimiento
El mantenimiento es otro de los aspectos que acompaña al proyecto. Las primeras intervenciones empiezan a mostrar los efectos de los años, especialmente en un municipio del norte de Tenerife, donde la humedad, la lluvia y la exposición solar condicionan la conservación de las pinturas. Antes de cada nueva obra se prepara y protege la superficie. Cuando aparecen humedades o los colores pierden intensidad, el equipo estudia la posibilidad de reparar o renovar el mural para evitar que quede deteriorado. Sin embargo, Pacheco no contempla el envejecimiento de las piezas únicamente como un problema. Para el comisario, las marcas dejadas por el clima y el transcurso de los años pueden incorporar nuevas lecturas.
«El paso del tiempo también crea un atractivo. El mural sigue hablando, no solo por la obra que hizo el artista, sino porque después establece un diálogo con los años que lleva allí, con el agua y con el sol que ha soportado», explica.
Mientras, el equipo de Seis de Doce trabaja ya en la siguiente intervención, que estará a cargo del artista granadino Raúl, conocido como El Niño de las Pinturas.
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