Comunicación
Juan Luis Cebrián (periodista y académico de la RAE): «Canarias tiene una misión importante con el español en África y en América»
El libro 'Geopolítica del español' subraya la importancia de la unidad lingüística para las relaciones económicas, científicas y culturales.

Juan Luis Cebrián. / El Día

El periodista, académico de la RAE, escritor y primer director de ‘El País’ Juan Luis Cebrián coordina la publicación Geopolítica del español, una obra que analiza el peso internacional de una lengua compartida por cientos de millones de personas y su capacidad para impulsar las relaciones económicas, científicas, culturales y estratégicas. Los expertos calculan que, para el año 2050, habrá más personas con el español como lengua materna que con el inglés.
¿Cómo nació el proyecto para la publicación del libro Geopolítica del español?
Por iniciativa del Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ceseden). Se pusieron en contacto conmigo, me explicaron que querían publicar un libro divulgativo sobre este asunto y me propusieron coordinarlo. Les dije que aceptaría si existía un acuerdo con la Real Academia Española (RAE). La propuesta les pareció bien tanto al director de la Academia como al del Ceseden.
La colaboración entre la RAE y una institución vinculada al Ministerio de Defensa puede resultar, a priori, un matrimonio extraño.
El Ceseden es una entidad militar, pero también intelectual. Allí se forma a mandos del Ejército español, pero también a generales, almirantes y coroneles procedentes de numerosos países de América Latina. No es una institución dedicada únicamente a asuntos estrictamente militares. Los generales actuales tampoco tienen mucho que ver con los que yo conocí cuando hice el servicio militar. El teniente general Ballenilla, director del Ceseden, pasó veinte años en la Legión, participó en el despliegue de tropas españolas de la OTAN en Irak y Afganistán, habla tres idiomas y es doctor en Historia. Tiene una formación muy completa.
¿De qué manera una lengua compartida puede convertirse en una ventaja no solo cultural, sino también económica, científica y estratégica?
Es casi una obviedad. El castellano, que desde hace más de un siglo llamamos también español precisamente por iniciativa de los países de la América hispana, es la segunda lengua materna del mundo después del chino mandarín. Posee, además, un valor que pocas lenguas tienen: su unidad. Y esa unidad fue buscada y defendida fundamentalmente por los países hispanoamericanos. Andrés Bello, que fue maestro de Simón Bolívar, elaboró una gramática destinada al español de América con el propósito de mantener al mismo tiempo la unidad y la diversidad del idioma. Esa idea no solo ha sido defendida únicamente por la RAE, sino por todas las academias. Hay que destacar especialmente el papel de México. La Asociación de Academias de la Lengua Española surgió por iniciativa del presidente mexicano Miguel Alemán en 1951. España no pudo participar en aquella reunión porque el franquismo prohibió la presencia de la Academia. Sin embargo, se acordó que el director de la RAE presidiera inter pares la Asociación. Desde entonces, el sistema ha funcionado de esa manera.
Los hispanohablantes nos dejamos vencer en algún momento por el inglés, que terminó imponiéndose en la economía, la ciencia y la diplomacia internacional.
El inglés se convirtió en la lengua dominante porque fue el idioma del imperio norteamericano, que gobernó prácticamente todo el siglo XX y parte del XXI. Pero esa situación está cambiando. En Estados Unidos hay entre 60 y 65 millones de hispanohablantes. Una parte de ellos habla solamente español, otra habla únicamente inglés y la mayoría es bilingüe. La comunidad latina va a convertirse en la principal minoría de Estados Unidos a mediados de este siglo. Eso supone un cambio fundamental en la historia de un país que, por otra parte, se formó ocupando territorios que habían sido descubiertos y gobernados primero por España y después por México.
El éxito de la música en español o el hecho de que grandes acontecimientos deportivos como la final del Mundial de fútbol se sigan en nuestra lengua en todo el mundo, ¿son síntomas de ese cambio?
Lo importante es comprender que un idioma es también una cultura, una forma de vida y una forma de sociedad. Todos los grandes independentistas de América Latina, desde Bolívar hasta O’Higgins o San Martín, pronunciaron sus proclamas en castellano. También conviene recordar que los españoles no enseñaron de manera generalizada el castellano en América. Los religiosos tenían instrucciones de aprender las lenguas indígenas para conocer mejor las culturas locales, relacionarse con sus habitantes y facilitar la evangelización. Por su parte, los virreyes no siempre querían que los indígenas aprendieran castellano porque temían que pudieran incorporarse a la Administración. Fueron las repúblicas independientes y sus dirigentes quienes decidieron extender la enseñanza del castellano entre la población. Las estadísticas de aquella época son difíciles de precisar, pero se calcula que, a principios del siglo XIX, en el momento de las independencias, había unos 20 millones de habitantes en los territorios americanos del imperio español. Probablemente no más de dos millones hablaban castellano. Todavía hoy se conservan decenas de lenguas indígenas y centenares de términos procedentes de ellas. En cambio, la colonización británica y francesa de Norteamérica acabó prácticamente con buena parte de la cultura indígena y, en gran medida, con los propios pueblos indígenas.
¿Qué sectores pueden beneficiarse más de una estrategia común en torno al español?
La cultura siempre ha sido una herramienta, pero también un fin. Cuando España comenzó a recuperarse del desastre de la Guerra Civil y de la miseria en la que el franquismo la sumió durante más de veinte años, gran parte de su expansión económica hacia América Latina se apoyó en los vínculos culturales y familiares. La cultura no es únicamente una cuestión de lenguaje o de entendimiento: es una visión de la vida. La comunidad hispanoamericana –y la iberoamericana si incorporamos a Brasil y Portugal, como deberíamos hacer– constituye una fuerza y una riqueza formidables desde el punto de vista económico, político, cultural y social.
¿Puede el español recuperar espacio como lengua de trabajo en la Unión Europea?
No lo sé. La Unión Europea atraviesa una crisis. Está formada por 27 países y conviven en ella más de veinte idiomas. Existe una cultura francesa, italiana, británica, alemana, española o griega, pero no hay una cultura europea común salvo desde el punto de vista de determinados principios de organización social y política. En cambio, alrededor de 600 millones de personas hablan español. Más de 500 millones lo aprendieron como lengua materna y otros cien millones lo utilizan habitualmente como medio de expresión y comunicación.
¿Son la tecnología, la inteligencia artificial y la ciencia los grandes espacios en los que el español debe ganar presencia?
Son campos dominados por el inglés. El chino también tiene una enorme presencia, pero fundamentalmente dentro del propio mundo chino. Las nuevas tecnologías fueron en gran medida fruto de la serendipia. Ni Bill Gates, ni Mark Zuckerberg, ni Larry Page, ni muchos de los pioneros de internet, las redes sociales o la inteligencia artificial sabían exactamente lo que estaban inventando. Eran jóvenes estudiantes que desarrollaban herramientas de las que después se derivaron consecuencias infinitamente más importantes. El lenguaje de internet es el inglés y también lo es, en gran medida, el funcionamiento interno de los sistemas de inteligencia artificial. Se están haciendo esfuerzos para que estas tecnologías trabajen en castellano, árabe, chino y otros idiomas. Los chinos están avanzando mucho en ese terreno. Hay que tener en cuenta que el inglés tampoco es una lengua completamente uniforme. Los británicos y los norteamericanos discuten con frecuencia sobre el significado de determinadas palabras, y existen diferencias importantes incluso entre unas zonas y otras del Reino Unido. Por otro lado, las máquinas permiten ya traducir de manera inmediata a decenas de idiomas. Estamos inmersos en un proceso cultural y científico cuyo alcance desconocemos. En mi opinión, es una revolución superior a la invención de la rueda y de la imprenta.
"A mediados de este siglo, la comunidad latina se convertirá en la principal minoría de Estados Unidos"
¿Qué lugar ocupa el español de Canarias dentro de este universo lingüístico? ¿Puede ejercer como puente linguístico con América y África?
Canarias ha tenido una importancia fundamental en la relación de España con América Latina desde el primer viaje de Colón al Caribe. No solo desde el punto de vista lingüístico, sino también humano, cultural y familiar. Canarias y Venezuela, por ejemplo, han tenido, en muchos sentidos, vidas paralelas. España posee, además, dentro de Europa, una singularidad: cuenta con una comunidad autónoma situada geográficamente en el continente africano. Eso es fruto de la historia, del esfuerzo, de la imaginación y de la capacidad de nuestros antepasados. El hecho de que Canarias sea un territorio europeo en el entorno africano debería facilitar muchas relaciones. Las Islas tienen una misión importante tanto respecto a América como respecto a África, de una manera similar a la que podrían desempeñar las antiguas colonias portuguesas, como Angola o Mozambique, si las circunstancias políticas lo permitieran.
Usted es periodista y académico. ¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación como custodios del español?
Los medios tradicionales atraviesan una profunda crisis como consecuencia de internet y de las redes sociales. Ahora cualquier persona puede decir lo que quiera y cuando quiera sin más intermediación que la de su teléfono móvil. Eso genera un riesgo de proliferación de modismos y de fragmentación en cualquier idioma. Está ocurriendo en el inglés y también en el árabe. Mientras, España tiene hoy unos diez millones de habitantes más que hace veinte años. La presencia de la América hispana en la Península es cada vez mayor. España y Portugal pueden constituir un nexo privilegiado entre Europa y América Latina, incluida la población latinoamericana de Estados Unidos y Canadá, donde también existe una importante presencia portuguesa. Esa relación representa una riqueza cultural, económica y estratégica. Es precisamente una de las ideas que queríamos explicar en el libro: quizá no tenemos el armamento ni la potencia industrial de los países angloparlantes, pero la unidad del castellano constituye una fuerza geopolítica para las relaciones internacionales, el desarrollo económico y los propios sistemas de defensa.
Esa unidad es una de las principales fortalezas del español. ¿Cuál es su mayor debilidad?
Nuestra principal debilidad es una herencia que los latinoamericanos recibieron de España. Las sociedades de América Latina heredaron las virtudes de los españoles, pero también sus defectos. En el siglo XIX hubo en América Latina tantas o más guerras civiles que en España. El guerracivilismo ha sido una especie de condena de la cultura hispánica.
¿Pueden los Estados y las instituciones hacer más por el español?
Siempre se puede hacer más, pero las academias funcionan muy bien. Trabajamos conjuntamente y nos reunimos con regularidad para estudiar la gramática, el diccionario y otras cuestiones. Todo lo que se incorpora al diccionario debe ser aprobado por todas las academias. Quiero insistir en el papel de México, que es el país con mayor número de hispanohablantes. Después se sitúan Estados Unidos y Colombia. España aparece más abajo en esa clasificación. Los países hispanoamericanos son conscientes de que la unidad del español no es importante únicamente para España, sino para el conjunto de sus hablantes. Es una riqueza común. Solo hay que observar cómo se integra en España la inmigración latinoamericana, que es la más numerosa del país. Su integración se ve facilitada por la cultura en la que esas personas se han formado y por la lengua que comparten con los españoles.
"La crisis de los medios tradicionales genera riesgo de proliferación de modismos y fragmentación"
Poder comunicarnos con más de 600 millones de personas representa una enorme posibilidad. ¿Somos conscientes de ese poder?
Y no solo hablamos de una presencia global, sino también de una presencia muy importante en el mundo desarrollado, especialmente en Estados Unidos. Yo fui muy amigo de Gabriel García Márquez, que vivió durante un tiempo en Nueva York. El gran auge de la literatura en español de finales del siglo XX fue, sobre todo, latinoamericano. Fue el auge de García Márquez, Vargas Llosa, Octavio Paz, José Donoso, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges. Después arraigó también en España, pero ellos fueron los maestros. García Márquez decía que Nueva York debía ser la capital latina del mundo porque, sin sus comunidades latinas, la ciudad no funcionaría ni habría alcanzado el desarrollo que ha tenido.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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