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Canarismos

Hablar más que un abogado de sequero

Hablar más que un abogado de sequero

Hablar más que un abogado de sequero / Chat GPT

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Luis Rivero

«Hablar más que un abogado» es una expresión común en las Islas, así como en otros dominios del español, y se dice de una persona muy parlanchina. La locución comparativa que tiene carácter satírico o de reproche encubierto recurre al estereotipo del abogado, esto es, a la idea generalmente aceptada que se tiene por la comunidad, de elocuencia, de exhibir dotes de oratoria y, en definitiva, de las habilidades retóricas que se le atribuyen. De manera que la frase «hablar más que un abogado» se refiere con donaire a alguien que habla mucho o a quien «le gusta darle a la lengua» o «habla hasta por los codos». La frase pivota sobre el binomio formado por el verbo «hablar» y el sustantivo «abogado» [hablar = abogado] donde la palabra es una característica básica y elemento primordial como «herramienta de trabajo» de este gremio por lo que, en el imaginario colectivo, «el hablar mucho» es consustancial al abogado. Pero este hablar sobre el que se construye la alegoría se aleja en realidad de las dotes dialécticas para convertirse en verborrea insistente y tediosa («que marea a un santo», expresa una frase al uso), con lo que hablar más que un abogado es una comparativa de superioridad que a modo de hipérbole se refiere a una persona alegantina. Y este es el sentido que tiene la locución «hablar más que un abogado» de la cual deriva esta otra expresión genuinamente canaria que dice: «Habla más que un abogado de sequero». «Sequero» se dice en las islas a la ‘tierra de labor que no tiene riego’, es decir, «de secano» (antónimo de regadío); y el terreno de sequero es una tierra básicamente improductiva o poco productiva. De manera que la metáfora traslada a través de la imagen de un terreno secano la idea del «abogado de sequero» o también llamado en otros ámbitos territoriales del español «abogado de secano» y se refiere a un «letrado» que no ejerce ni sirve para ello o a quien entiende de leyes o presume de ello sin haberlas estudiado y por extensión al que se mete a hablar de cualquier materia siendo lego en ella. En definitiva, el abogado de sequero o de secano resulta un charlatán que habla sin parar, sin saber muy bien lo que dice y que viene a ser un discurso insustancial. Ambas expresiones, «hablar más que un abogado» y «hablar más que un abogado de sequero», significan lo mismo, si bien la referencia al «abogado de sequero» enfatiza la charlatanería inútil y superflua, no ya de la que trae fama el abogado de profesión, sino al que se hace pasar por abogado sin serlo, al leguleyo, cantamañanas que habla mucho y no dice nada. La expresión tiene decididamente un aire burlesco y la podemos escuchar en contextos como este: «En realidad, su verdadera profesión nuca supe cuál era, unos decían que si era maestro (de) escuela, otros que había estado estudiando para abogado, pero no terminó la carrera, incluso había quien decía que era un cachanchán y un vividor, pero a los ojos de todos era el abogado de sequero y se dedicaba sobre todo a hacer hijuelas particionales. Razón por la cual se dejaba ver en entierros y funerales, en el bar frente a la iglesia o dando el pésame a los parientes del difunto, insinuando cuando no ofreciéndose abiertamente con un ‘si necesitan cualquier cosa, ya saben...’ «; o en formas dialógicas como esta: «¡Chacho!, para un rato que me tienes loco (de) la cabeza. Si hablas más que un abogado de sequero».

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