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Ciencia

¿Pueden ser los peces canarios la respuesta a los retos de la medicina? Los anticuerpos del chicharro logran aplacar el cáncer y las infecciones bacterianas

Una investigadora del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC) descubre nuevas aplicaciones de las proteínas de los peces canarios en la biomedicina

Imagen del jurel, tomada en Gran Canaria a 5 metros de profundidad.

Imagen del jurel, tomada en Gran Canaria a 5 metros de profundidad. / Alfredo Ubierna León (CanariWiki)

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Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

¿Y si los peces más comunes de las costas canarias tuvieran la respuesta para combatir las enfermedades más desafiantes de la medicina moderna? Mientras los hospitales tratan de contener los cánceres que aún provocan miles de muertes cada año y los facultativos miran de reojo al distópico futuro de la resistencia antibiótica, un modesto habitante de las aguas canarias ha llamado la atención de la ciencia. Y es que el emblemático chicharro (Trachurus trachurus), un pescado azul de apenas 20 centímetros, podría convertirse en una inesperada fuente de moléculas con esperanzadoras aplicaciones biomédicas.

Así lo describe, al menos, la tesis doctoral de la bióloga marina Patricia Asensio, del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC). Se trata de un exhaustivo trabajo de investigación que estudia las prometedoras piscidinas —las proteínas de los anticuerpos exclusivos de los peces— que han demostrado tener una capacidad insólita para combatir patógenos humanos de todo tipo, desde las bacterias hasta los tumores. Estas proteínas podrían revolucionar la medicina pues, como ha comprobado Asensio en su tesis, los anticuerpos de estos pequeños pescados son capaces de combatir hasta cinco tumores con una toxicidad reducida y curar infecciones bacterianas con una baja probabilidad de generar resistencias.

Anticuerpos de muchas funciones

"Elegí los peces porque era muy probable que tuvieran mucha variedad de péptidos antimicrobianos, unas moléculas que el propio pez utiliza para defenderse de esos patógenos", recalca Asensio, que concluye: "son parte de su naturaleza". La investigadora estudió algunas especies de las que ya se tenía constancia de la existencia de estas proteínas, como el mero, el atún rojo del sur, el pez limón o la corvina, pero decidió hacer lo propio también con una muy habitual en las aguas de las Islas. "Elegimos al chicharro porque es un pez muy característico de Tenerife y tiene potencial para albergar nuevas proteínas nunca antes descritas", insiste.

Como la proteína ya tenía una función protectora en el sistema inmune del pez, el grupo de investigación creyó conveniente explorar su potencial para la biomedicina en humanos. "Las probamos en estudios in vitro y fueron bastante efectivas", señala la investigadora.

En concreto, estas proteínas se utilizaron en dos tipos de células: las que causan infecciones bacterianas (como la Escherichia coli) y las tumorales que provocan cáncer de mama, de pulmón, páncreas y próstata. En concreto, en actividad tumoral, "interactúan con las mitocondrias y producen apoptosis (muerte celular)", tal y como explica la investigadora. En lo que se refiere a las bacterias patógenas, la mayor ventaja de las piscidinas es que actúan con varios mecanismos de acción a la vez. Esto provoca que "no creen tanta resistencia como otros fármacos". "No solo actúan frente a la membrana celular rompiéndola, sino que también se introducen dentro de la célula y de alguna forma interactúan con el ADN y las proteínas generando varios mecanismos de acción tóxicos".

Por lo pronto, Asensio adelanta que algunos de estos compuestos generan cierta toxicidad, con lo que habría que buscar fórmulas para impedirlo, como la encapsulación.

Metodología novedosa

La metodología empleada en el estudio también fue novedosa. En lugar de realizar extracciones directas y trabajar con ellas, la investigadora utilizó minería de datos y herramientas de búsqueda específicas en bases de datos genómicas como la del National Center for Biotechnology Information (NCBI). "Lo que hicimos fue extraer varios tejidos del chicharro y, mediante PCR, ver en qué proporción se encontraban estas nuevas moléculas en diferentes partes del pez", asegura Asensio. Sin embargo, para el estudio biomédico propiamente dicho, lo que se hizo fue sintetizar las moléculas a través de bioinformática.

El National Center for Biotechnology Information (NCBI) —en español, Centro Nacional para la Información Biotecnológica— es un organismo público de Estados Unidos dedicado a recopilar, organizar y facilitar el acceso a información biomédica, genética y genómica. Forma parte de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM), integrada a su vez en los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

Aunque se trata de investigación básica, este trabajo establece un marco para futuras fases preclínicas y ensayos in vivo. Actualmente, como recordó Asensio, solo existe una piscidina en fase clínica a nivel mundial (la TP4), lo que sitúa a esta investigación en la vanguardia de este campo relativamente novedoso. En todo caso, para la científica, "esta investigación deja una puerta abierta para que, en el futuro, estas moléculas se conviertan en fármacos reales y asequibles para combatir enfermedades que hoy parecen invencibles".

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