"Somos un país pequeño y pobre, pero tenemos mentes brillantes": así florece la astronomía palestina pese al aislamiento impuesto por Israel
Un grupo de cinco profesores y estudiantes de Palestina llegan a Canarias para participar en la XI Escuela Internacional AEACI, promovida por el IAC, en la que han podido entablar amistad y colaboración con científicos de 24 países y sentirse un poco menos aislados

La alumna, Mereal Lolas y el docente Michel Hanania en las instalaciones del IACTec / María Pisaca

Aconseja el poeta nigeriano Ben Okri no desesperar ante la destrucción de las cosas hermosas, pues las mejores siempre están creciendo en secreto. En Palestina hace dos años que la resistencia al desaliento dio lugar a una de esas iniciativas que inspiran a combatir la guerra por oposición: a través de la paz y la colaboración.
En la Universidad de Belén, un grupo de científicos soñadores se ha juntado para conducir a su país a un nuevo mañana basado en el conocimiento y en las oportunidades que puede brindar el cosmos a la población. En secreto ha surgido una astronomía de insurgencia que adquiere tintes de cruzada contra la violencia en la que se han visto envueltos el estado palestino y sus más de 5,7 millones de habitantes como consecuencia de la sed imperialista de Israel.
Hace dos años, el químico Michel Hanania y el astrónomo Ahmad Atiyha se embarcaron en lo que, para quienes viven bajo el tormento de las bombas a diario, está más cerca del pensamiento utópico: la creación de un club de astronomía. En el seno de la Facultad de Ciencias Aplicadas, Tecnología e Ingeniería de la Universidad de Belén –a nueve kilómetros de Jerusalén y cerca de la frontera con Israel–, ambos han liderado la creación este pequeño espacio para atraer a "buenos estudiantes" a la facultad y más hombres.
"La proporción de chicos que estudian ciencias es muy bajo, hace solo cuatro años teníamos un 90% de mujeres y un 10% de hombres", explica Hanania. Hoy tienen la suerte de haber embarcado en su gesta también a otros tres estudiantes: Lames Wazwaz, Mereal Lolas y Ayham Atiyeh.
Palestina: un país pobre, pero brillante
Hanania narra su historia desde la tranquilidad de una salita de IACTec, en el Parque Científico y Tecnológico de Las Mantecas (La Laguna), donde esta semana está participando –junto a otros cuatro miembros del comité ejecutivo del club de astronomía– en la XI Escuela Internacional Astronomy Education Adventure in the Canary Islands (AEACI 2026) con profesores y alumnado de otros 24 países. "Estar aquí una oportunidad maravillosa para conocer gente, saber en qué están trabajando y cómo abordan temas tan importantes", afirma el investigador, que aprovecha cualquier oportunidad para defender su patria: "somos un país pequeño y pobre, pero tenemos mentes brillantes".
Por eso, tanto para él como para Atiyha, era fundamental poder captar todo el talento de su país que se estaba quedando atrás por la pobreza y la guerra. "Los varones prefieren estudiar negocios, contabilidad y marketing, que es lo que el mercado necesita; la ciencia tiene un lugar limitado en lo que se refiere a trabajo porque quienes estudian ciencias acaban siendo profesores y estos tienen un sueldo bajo", narra Mereal Lolas, una de los tres estudiantes de astronomía de la Universidad de Belén que han acompañado a sus docentes para participar en este evento en Canarias.
Captar a la mayor cantidad de personas es el principal propósito del club, pero su intención real es llegar mucho más lejos. "Nuestra motivación es construir un estado palestino independiente a través de estas pequeñas acciones", explica el docente.
Los cimientos del futuro
"Empezamos de cero, no teníamos nada", recuerda Hanania, que afirma que la idea se comenzó a gestar en 2019. Sin embargo, la guerra, el bloqueo israelí y las dificultades intrínsecas del "aislamiento" al que están sometidos, ha ralentizado sus planes. De hecho, para disponer de un buen telescopio, como el Meade LX90 de 20,3 centímetros –un telescopio "más que suficiente" para aficionados– que ahora duerme en su departamento, han tenido que sufrir dos años de quebraderos de cabeza.
"Una fundación británica nos dio algo de dinero, pero traerlo fue muy difícil", explica Hanania. Los investigadores tuvieron que pedir permisos especiales y demostrar que su compra era para fines didácticos. Y todo ello sabiendo que quien debe dar el visto bueno, "está intentando no cooperar con nosotros", revela.

El grupo de cinco palestinos del club de astronomía de la Universidad de Belén que han visitado Canarias. / El Día
Pertecharse de instrumentos es uno de los retos que enfrentan los científicos que viven en Palestina, pero no es el único. "Para tener un club como este necesitamos hacer actividades y, por tanto, invertir dinero", insiste el docente, que explica que, por suerte, la universidad les proporciona algunos fondos para poder llevarlas a cabo.
El último y quizás el más importante es que la astronomía se debe hacer de noche. "Necesitamos un lugar al que pueda venir gente de forma segura, así que debemos tener mucho cuidado con dónde y cómo hacemos actividades como la observación de estrellas", remarca el científico.
"Nuestra motivación es construir un estado palestino independiente a través de estas pequeñas acciones"
De hecho, experiencias previas les han mostrado que conjugar la seguridad con esta ciencia no es sencillo. "Una vez intentamos organizar un viaje universitario al desierto para una observación nocturna y tuvimos que cancelarlo todo porque ese día había un asentamiento israelí en el área a la que planeabamos ir", rememora Lolas, que afirma que "causaron muchos problemas, como lanzar piedras e incluso llevar armas". "No podíamos arriesgarnos", insiste.
Salir al extranjero: otra carrera de obstáculos
Tampoco les es fácil salir al extranjero y, de hecho, su visita a Canarias también les ha sido obstaculizada. Después de más de diez meses preparando la visita, los cinco integrantes de este pequeño grupo de entusiastas de la astronomía han visto su viaje peligrar casi en la recta final. "Yo suelo viajar mucho a Europa, pero cuando intentamos solicitar una visa de entrada múltiple nos ha llevado dos meses conseguirla", revela Hanania, que asegura que piden muchos docmentos "para comprobar que es un viaje de ida y vuelta".
Pero las trabas no acabaron ahí, pues aún tenían que enfrentarse al bloqueo explícito que recae sobre cualquier palestino que quiera llegar hasta el aeropuerto. "Tenemos fronteras entre Palestina y Jordania y las fronteras están controladas por israelíes", explica Hanania.
Para más inri, en esas fronteras se trabaja con un horario muy estricto, lo que significa que solo abren de 8 de la mañana a 2 de la tarde de domingo a jueves, los viernes hasta mediodía y el sábado están cerrados. "Nuestro vuelo era el domingo, así que tuvimos que viajar a Jordania el viernes y pagar un hotel para dos noches", afirma.
Aún así, el esfuerzo, aseguran, ha merecido la pena. "Llevábamos al menos diez años soñando con poder participar en un taller como este, nos sentimos muy afortunados", revela Hanaina. Lolas, además, añade que aunque al principio se sintieron algo aislados por ser un grupo pequeño, pronto notaron la cálida acogida del resto de participantes.
"Nos han recibido con los brazos abiertos y han tratado de ayudarnos de diferentes maneras, ha sido increíble", explica Lolas. Porque si algo se llevará este pequeño grupo de soñadores a su país es el cariño y la acogida que les ha mostrado, en general, el pueblo español. "Lo vemos allá donde vamos, cuando saben que somos de Palestina siempre nos muestran su apoyo", sentencia el investigador.
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