Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

"Nos estamos quedando sin semillas": las abundantes lluvias de la primavera llevan al límite a los cultivos de papa bonita de Tenerife

Los agricultores tinerfeños se dan cita en la XII Muestra Gastronómica de la Papa Bonita, en Los Realejos, para compartir estrategias y debatir sobre los problemas que enfrenta este cultivo tradicional debido al cambio climático

XII Muestra Gastronómica de la Papa Bonita en Tenerife

Arturo Jiménez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Verónica Pavés

Verónica Pavés

Los Realejos

Es verano ya, pero el norte de Tenerife no se ha enterado. Los municipios del Valle han pasado casi todo el año bajo el espeso manto gris de la panza de burro. Hoy no es diferente. También hoy una nube se ha estancado sobre la montaña de Tigaiga y envuelve a Los Realejos en una atmósfera más otoñal que veraniega. No llueve, pero quien haya frecuentado los últimos meses este municipio sabrá que es porque el cielo se ha hartado de hacerlo. Las precipitaciones de la primavera han sido intensas, constantes y abundantes. Y en una de las zonas más emblemáticas del cultivo de papa bonita en la Isla, el agua se ha convertido en el peor enemigo de los agricultores que en enero confiaron en recuperar la cosecha de este distinguido tubérculo de tradición culinaria canaria.

Y es que si bien la lluvia es "buena para las papas", como reza el dicho popular, no lo es tanto para las pequeñas y sonrosadas papas antiguas. Por segundo año consecutivo, la cosecha de estos deliciosos tubérculos se ha perdido casi por completo en la Isla por unas lluvias intensas y a destiempo que con el cambio climáticoes están haciendo cada vez más habituales. Una situación que se ha agravado especialmente en Icod del Alto, la cuna de algunas de las variedades más singulares de la Isla, como el Ojo de Perdiz y la Azucena Negra.

La XII Muestra Gastronómica de la Papa Bonita, que se ha celebrado hoy en la plaza San Agustín del enclave realejero, quiere evitar un escenario catastrófico. En la muestra, que se ameniza con un concurso de cocina y una cata de vinos, se trata evidenciar no solo el rico sabor y las propiedades de las 13 variedades de papa bonita –de las 26 que se dan en Canarias– que se cultivan en Los Realejos desde 1622. También trata de recuperar su valor intrínseco como parte de la cultura canaria.

Exhibición de un producto en peligro de extinción

En tarros, se exponen papas grandes, papas chicas y papas para arrugar que llaman la atención de todo aquel que esta mañana pasa por la calle de la Alhondiga a tomar un café, desayunar churros o beber una caña algo madrugadora. Detrás de esta privilegiada exhibición se encuentra la Asociación de Cosecheros La Papa Bonita, que lleva más de una década rescatando, promocionando y recuperando esta producción de papa aunque el cambio climático lo ponga cada vez más difícil.

Los Realejos reúne a agricultores y cocineros en una jornada para poner en valor la papa antigua

Anatolio Luis y un compañero trabajan la papa para convertirla en tostón. / Arturo Jiménez

Anatolio Luis, es su presidente, lo cuenta con cierta resignación. "La cosecha ha ido muy mal, ha llovido mucho y se nos han podrido muchas de tanta agua", explica. El problema, sin embargo, va más allá de los pocos kilos que han podido sacar este año. Y es que tras dos años con una cosecha irrisoria, "ya casi no nos quedan semillas". De hecho, este año admite que tendrá que comprar él mismo algunas.

Sin semillas suficientes

"Normalmente nosotros repartimos semillas, el año pasado se las dimos a algunos agricultores que las iban a cultivar", explica Luis. Este año, no hay suficiente. Ni siquiera para aquellos clientes de siempre que se acercan a los puestos que la Asociación tiene en la muestra realejera sabiendo que allí encontrarán a su proveedor de confianza.

"Iba a hacer una reserva de semillas para el año que viene, veinte kilos nada más, ¿no tienes?", le pregunta a Luis un amigo de confianza. El presidente de la asociación declina la petición, pero sin perder un ápice su humor: "tengo que comprar yo...imagínate". Con un año tan malo, la situación es casi límite.

Los Realejos reúne a agricultores y cocineros en una jornada para poner en valor la papa antigua

Los Realejos reúne a agricultores y cocineros en una jornada para poner en valor la papa antigua / Arturo Jiménez

La situación a la que se enfrenta la papa antigua no es baladí. Su pérdida completa supondría la finalización de más de cuatro siglos de una convivencia tan estrecha que se da por hecho que siempre ha estado aquí. Sin embargo, no es así, las primeras papas antiguas que se plantaron en Canarias lo hicieron en Icod del Alto, en Los Realejos allá por el 1622.

Llegadas desde Perú

Llegaban desde Perú y por algún designio del destino, lograron florecer en las Islas. Para Luis, la clave estaba en la bruma. "Se adaptó bien a Icod del Alto porque el clima es parecido al de Perú, con esta neblina que siempre está", indica Luis, que recuerda que las papas bonitas son de secano, pero agradecen un poco de humedad.

Las papas antiguas llegaron a Canarias mucho antes que las chinegua o las autodate. "Hasta entonces se comía castañas y con su sabor consiguieron sustituirlas en casi todos los platos", afirma Luis. De hecho, la vinculación entre los frutos secos y este tubérculo sigue presente a día de hoy en muchas variedades, cuyo sabor recuerda al sabor mantecoso, dulce y terroso de las que fueron las precursoras culinarias de la papa.

Los Realejos reúne a agricultores y cocineros en una jornada para poner en valor la papa antigua

Diferentes papas bonitas en exposición. / Arturo Jiménez

Lo más complicado de mantener en pie este oficio es lo laborioso que resulta. "Nosotros plantamos las papas en enero y no podemos cosechar hasta junio", explica el agricultor, que critica la instantaneidad en la que se ha sumido la sociedad. "La gente quiere todo rápido y esta es una papa que requiere paciencia; cuando cocinas un potaje a fuego lento te sale más sabroso", afirma. Pero la complejidad del cultivo de papa antigua no se queda ahí.

Seis meses de laborioso trabajo

Durante esos seis meses, el trabajo no consiste tanto en regar –que casi nunca entra en los planes de estos horticultores–, sino en asegurarse de que las papas siempre están tapadas correctamente y hacerlo a mano. "Hay un momento en el que crece tanto la rama que hay que volver a echarle tierra, pero con el tractor no puedes porque tienes que ir doblando la rama y echándole tierra de un lado para que no se pongan verdes", resume.

Todo este conocimiento, adquirido durante décadas por los agricultores más veteranos, se está perdiendo poco a poco. "Ellos lo tenían todo estudiado, desde el calendario de lunas hasta la forma de cultivar", indica el presidente de la asociación, que asegura que este tipo de muestras también sirven para poner en común nuevas estrategias de cultivo más efectivas. "Con el cambio climático la lluvia y el calor son muy extremos", indica Luis, que apunta a los bruscos vaivenes climáticos como el motivo que trastoca la viabilidad de los cultivos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents