Patrimonio
Un inventario rescata la memoria industrial de La Palma con vestigios de fábricas y talleres
La especialista Amara Florido documenta restos de fábricas, talleres y actividades manufactureras que han quedado fuera del relato patrimonial

La fachada del Almacén Yanes, situado junto a la entrada del puerto de Tazacorte, en La Palma. / El Día

Una chimenea se mantiene en pie donde en otro tiempo funcionó una fábrica de jabón en El Paso y en la ladera de El Time aún se conserva parte del cable aéreo que transportaba los huacales de plátanos hasta Tazacorte. Mientras, en lugares más domésticos como casas, talleres y almacenes sobreviven máquinas que pertenecieron a panaderos, carpinteros o zapateros y que, en muchos casos, solo continúan allí porque una familia decidió no desprenderse de ellas. Son vestigios de una isla, la de La Palma, que también tuvo fábricas, talleres y actividades manufactureras. La Palma ha comenzado ahora a documentar este tipo de bienes gracias al primer inventario de su patrimonio industrial, el último que quedaba por hacer en Canarias. Es un proyecto de la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.
La responsable del trabajo es Amara Florido, doctora en Historia del Arte y especialista en patrimonio industrial. Desde 2009 recorre el Archipiélago para localizar, estudiar y catalogar los bienes relacionados con las antiguas actividades productivas. El proyecto comenzó en Gran Canaria y continuó por el resto de las islas hasta llegar a La Palma, con la que se completará el mapa autonómico de este tipo de patrimonio.
Pero Florido introduce una precisión importante: su trabajo no consiste en escribir una historia completa de la industria palmera, sino en averiguar qué se conserva todavía. El inventario registra tanto inmuebles como objetos, maquinaria e infraestructuras, además de su historia, uso, estado de conservación y posibles alternativas para recuperarlos.

La experta Amara Florido durante una de sus visitas a La Palma. / El Día
Una carrera contra el tiempo
La especialista lleva apenas unos meses sobre el terreno en la Isla Bonita y los primeros resultados son todavía provisionales. La campaña inicial se ha centrado en El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte, antes de extenderse progresivamente por el resto de la Isla. Florido calcula que puede necesitar alrededor de dos años más para completar el trabajo, a un ritmo aproximado de cinco o seis municipios por año.
El proceso empieza habitualmente en los ayuntamientos, los archivos municipales y las oficinas de patrimonio. Después llegan las conversaciones con cronistas, técnicos y vecinos. Florido reconoce que una de sus fuentes más valiosas es la memoria oral, especialmente la de las personas mayores que recuerdan dónde estaba un taller, quién trabajaba en un molino o qué familia conserva la maquinaria de una antigua panadería.
La búsqueda no siempre discurre por los cauces académicos. Los bares y otros lugares de reunión también se convierten en puntos de información. Allí puede aparecer alguien que recuerda al carpintero del barrio, la ubicación de un horno o el nombre del descendiente que guarda las herramientas de su abuelo.
Cada pista conduce a otra. Una conversación permite localizar una máquina, la máquina lleva hasta una familia y el testimonio familiar ayuda a reconstruir quién la utilizó, cómo funcionaba el negocio y qué papel desempeñaba en la vida del municipio. El inventario no se limita así a describir edificios y objetos: incorpora la historia de las personas que trabajaron con ellos.
Ese método también revela hasta qué punto se ha perdido parte de este legado. Florido admite que en numerosos lugares llega tarde: talleres que cerraron sin relevo generacional, máquinas vendidas o destruidas y hornos que han terminado convertidos en habitaciones. Esa transformación forma parte de la evolución normal de pueblos y ciudades, pero también evidencia la fragilidad de unos bienes que durante décadas apenas fueron considerados patrimonio.
La industria que no parecía patrimonio
El patrimonio industrial es una de las categorías más desconocidas de la conservación histórica. En Canarias reúne elementos vinculados, entre otros ámbitos, a la industria agroalimentaria, la construcción, la energía, el transporte, las comunicaciones, la metalurgia o la captación y distribución del agua. Muchos estuvieron activos desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX.
Su reconocimiento ha resultado más lento que el de iglesias, casas señoriales, teatros o yacimientos arqueológicos. Una nave de empaquetado, una panadería o una máquina pueden carecer de la monumentalidad que habitualmente se asocia a un bien histórico, pero explican cómo trabajaba la población, qué productos sostenían su economía y qué tecnología se utilizaba.
Florido considera que en Canarias ha pesado además una concepción muy local y, en ocasiones, artesanal de la industria. Esa escala reducida contribuyó a que muchos restos productivos no fueran percibidos como parte del patrimonio cultural, pese a su valor histórico, social, tecnológico y sentimental.
En La Palma, los primeros registros reflejan especialmente el peso de la agricultura de exportación. A ellos se suman molinos, panaderías y carpinterías, con una presencia destacada en el Valle de Aridane. Entre los hallazgos más singulares figuran la chimenea de la antigua fábrica de jabón de El Paso y el cable aéreo construido durante la década de 1930 para trasladar huacales de plátanos desde El Time hasta Tazacorte.
El Almacén de Yanes, una joya industrial
Uno de los inmuebles que mejor resume esa historia es el antiguo Almacén de Yanes, situado junto al Puerto de Tazacorte. Florido lo considera uno de los bienes más importantes del patrimonio arquitectónico industrial no solo de La Palma, sino del conjunto de Canarias.
El complejo fue levantado en 1925 por el empresario Armando Yanes. Sus grandes naves se destinaron inicialmente al almacenamiento y empaquetado de productos como plátanos, tabaco, azúcar y almendras antes de su exportación. Años después, la actividad se amplió con un trapiche de caña y una instalación para destilar alcohol.
Su valor no reside únicamente en la arquitectura. Durante décadas fue un punto central de la actividad económica del Valle y un espacio cotidiano para numerosos trabajadores. Esa vinculación explica que el edificio continúe formando parte de la memoria colectiva de Tazacorte, incluso después del cese de su uso industrial.
Catalogar no basta
La experiencia en otras islas muestra que los antiguos edificios industriales pueden asumir nuevos usos sin borrar por completo su identidad. Florido cita almacenes de empaquetado transformados en bibliotecas, teatros, centros de mayores, comercios o equipamientos culturales. Estas naves diáfanas facilitan esta reconversión, siempre que las intervenciones respeten su estructura y eviten desvirtuar su imagen.
En Canarias existen ya ejemplos conocidos de reutilización, desde antiguos secaderos de tabaco hasta hornos de cal o depósitos industriales. La especialista percibe un cambio de sensibilidad en ayuntamientos y cabildos, favorecido también por la inclusión expresa del patrimonio industrial en la Ley de Patrimonio Cultural de Canarias de 2019.
La Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural prevé publicar los resultados del inventario palmero, como ha hecho con los de otras islas, en un libro. El Gobierno ha anunciado que el catálogo podría estar disponible el próximo año, aunque la estimación de Florido sitúa la conclusión completa del trabajo de campo en un horizonte aproximado de dos años.
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