Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Patrimonio

El Monumento a Franco entra en la era digital: arte, memoria y polémica en Tenerife

La artista tinerfeña Cristina León impulsa 'No Franco Token', un proyecto que transforma la escultura en certificados digitales que pueden destruirse y reabre el debate sobre el futuro del símbolo franquista

No Franco Token.

No Franco Token. / ED

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

El futuro del Monumento a Franco en Santa Cruz de Tenerife vuelve a situarse en el centro del debate público tras los últimos pronunciamientos institucionales sobre su retirada. La escultura, inaugurada en 1966 y ubicada en la confluencia de la Rambla con la avenida de Anaga, ha sido objeto de controversia durante años por su carga simbólica vinculada a la dictadura. Informes técnicos, decisiones administrativas y posicionamientos políticos han reactivado una discusión que no solo afecta al destino físico de la pieza, sino también al papel que este tipo de vestigios deben ocupar en el espacio público contemporáneo.

En este contexto surge No Franco Token, un proyecto artístico impulsado por la creadora tinerfeña Cristina Maya León que propone una aproximación alternativa al conflicto a través del arte digital y la tecnología blockchain, es decir, una forma de guardar información en un registro digital compartido entre muchos ordenadores. De este modo, lejos de plantear una solución material inmediata, la iniciativa abre un campo de reflexión sobre la memoria, la participación ciudadana y la mercantilización del patrimonio.

Proyecto colectivo

Cristina Maya León (Tenerife, 1984), arquitecta de formación y artista multidisciplinar, explica el origen del proyecto en el marco de una exposición colectiva celebrada en un espacio cultural independiente de Santa Cruz de Tenerife hace ya algunos meses. "Nos propusieron a un grupo de artistas presentar trabajos vinculados a la política y al compromiso social, y una de las cuestiones del texto curatorial tenía que ver con el monumento y con los símbolos que siguen ocupando el espacio público a pesar de representar violencia y dominación", señala la creadora quien, a partir de esa premisa, desarrolló una pieza que traslada el debate al entorno digital.

El proyecto consiste en la tokenización del monumento, es decir, su conversión en 120 certificados digitales, cada uno correspondiente a un semestre desde la inauguración de la escultura, por lo que "cada uno representa un periodo de su historia". Así, la singularidad de la propuesta radica en su comportamiento dinámico, puesto que los tokens no son elementos estáticos, sino que pueden desaparecer. "Utilicé el medio digital y lo programé para autodestruirse bajo distintas circunstancias", detalla la artista. Entre esas condiciones se incluían escenarios hipotéticos como decisiones institucionales sobre la retirada del monumento, pero también acciones directas de los propios participantes.

Participación

El proyecto introduce un elemento participativo que desplaza el foco de decisión, puesto que, explica Maya León, "la pregunta principal es quién tiene derecho a decidir qué hacemos con esos símbolos y qué mecanismos alternativos existen hoy más allá de conservar o destruir físicamente". Frente a los procesos institucionales, habitualmente largos y centralizados, la pieza propone una interacción abierta en la que cualquier persona puede adquirir, conservar o eliminar su token.

Cristina Maya León.

Cristina Maya León. / ED

Ese gesto individual tiene consecuencias visibles en la obra final ya que, cada vez que un usuario decide destruir su certificado digital, el gemelo virtual del monumento se degrada progresivamente. "En el momento que le das al botón de destruir, tu token pasa de intacto a destruido y, al mismo tiempo, el modelo digital va deteriorándose", explica la arquitecta. Además, el sistema incorpora un proceso automático, y cada mes, un porcentaje de los tokens restantes se elimina, acelerando el desgaste de la representación virtual.

Economía y patrimonio

Más allá de todo esto, No Franco Token introduce una lectura crítica sobre el valor económico del patrimonio. Los tokens comenzaron a venderse por un precio simbólico que aumenta de forma progresiva. "Hay una parte irónica sobre la mercantilización del patrimonio. Cualquier cosa, incluida la memoria histórica, se puede fragmentar y vender", apunta Maya León. En este sentido, el proyecto dialoga con las dinámicas del mercado del arte contemporáneo y con la creciente financiación de los activos digitales.

Uno de los tokens destruido.

Uno de los tokens destruido. / ED

La recepción de la obra de Maya León ha evolucionado en paralelo al contexto social y mediático. Aunque en sus inicios el interés se concentró en círculos artísticos, la reactivación del debate sobre el monumento ha ampliado su alcance. "Desde que han salido nuevas noticias, tengo las redes echando fuego. La gente está más interesada y el proyecto les resulta pertinente", afirma la creadora, quien añade que el trabajo también conecta con su investigación académica sobre patrimonio, donde cuestiona los enfoques tradicionales centrados en la conservación. "Hasta ahora, los gemelos digitales se han usado para preservar, como ocurrió con Catedral de Notre Dame, pero yo planteo utilizarlos para pensar lo posible, para ficcionar y abrir otras opciones", explica.

Debate

Es por todo ello que, en última instancia, No Franco Token no pretende ofrecer una respuesta cerrada, sino generar debate. La propia artista adopta una postura clara en lo personal: "Yo soy de retirarlo, sin duda". Sin embargo, reconoce la complejidad del asunto y la coexistencia de distintas sensibilidades porque "es un tema difícil. Hay quien defiende destruir, quien apuesta por intervenir y muy poca gente habla de conservar sin más", añade.

Mientras las decisiones institucionales siguen su curso, el proyecto de Cristina León se configura como un espacio paralelo de discusión, donde lo simbólico, lo digital y lo colectivo se entrelazan. En una ciudad donde el monumento ha pasado, para algunos, de símbolo político a simple decorado urbano, iniciativas como esta buscan reactivar su significado y preguntar a la ciudadanía sobre qué hay que hacer con el pasado cuando sigue tan presente.

TEMAS

Tracking Pixel Contents