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Educación

El examen que destapa las grietas de la ortografía

Expertas en educación alertan de que la falta de corrección ortográfica en el sistema educativo permite que los errores se perpetúen hasta la universidad

Oposiciones a docente 2026 en Tenerife

Oposiciones a docente 2026 en Tenerife / María Pisaca Gámez / ELD

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Almudena Cruz

Almudena Cruz

Santa Cruz de Tenerife

Las faltas de ortografía de los aspirantes a maestros y profesores han vuelto a situar la exigencia educativa en el centro del debate. Los elevados porcentajes de suspensos registrados en distintas oposiciones docentes de varias comunidades han generado protestas entre algunos candidatos, pero para Laura Barboyon, doctora en Educación y profesora del Máster de Formación del Profesorado en la Universidad Europea, el problema no nace en este tipo de pruebas sino que es el reflejo de un fallo más general, educativo y social. La pregunta es: ¿la irrupción y generalización del uso de móviles y ordenadores ha hecho que nos olvidemos de la importancia de una buena ortografía?

«Esto no ocurre solo en las oposiciones. Yo lo veo en el día a día», advierte. Barboyon trabaja con estudiantes que se preparan para ejercer la docencia y asegura que recibe con frecuencia trabajos, correos o presentaciones "plagados" de errores.

Para la profesora, que asegura que es una situación de la que es testigo a diario, el problema es más profundo. Quienes se preparan para enseñar no solo deben dominar su especialidad, sino también convertirse en referencia para su alumnado. «Un maestro o un profesor tiene que ser un ejemplo. Si escribe una palabra mal en la pizarra, el alumno la va a copiar así», señala.

El debate ha cobrado fuerza después de que se conocieran resultados especialmente bajos en algunas convocatorias. En determinados procesos de acceso a Secundaria, los aprobados apenas superaron el 18%. Es el caso de Canarias. La semana pasada se dieron a conocer los resultados de la primera fase de la convocatroria docente en la región. De los 1.146 aspirantes, solo 213 han superado la primera prueba, lo que supone exactamente un 18,6% del total, frente al 32,5% de aprobados registrado en el Cuerpo de Maestros y al 51,7% en el de Música y Artes Escénicas.

Solo el 18,6% de los aspirantes a Secundaria superó la primera prueba en Canarias

Bien es cierto que en las Islas no ha trascendido si el volumen de faltas de ortografía tiene siquiera relación con ese escaso número de aprobados, una circunstancia que desde la Consejería de Educación se achaca, por el contrario, a un modelo de acceso limitado por ser "eminentemente memorístico y eliminatorio".

En otras regiones, como la asturiana, sí que se han publicado algunos de los errores que están detrás de esos suspensos. Faltas graves como "abances", "surga" o "llendo", unidos a "errores en la puntuación, en la sintaxis y fallos de comprensión lectura", parecen ser los responsables del elevado número de suspensos en esa comunidad, siempre según la Consejería de Educación del Principado.

Barboyon, que trabaja en Tenerife, considera que la ortografía no explica por sí sola todos los suspensos, pero sí puede resultar determinante cuando los errores son numerosos o graves. «Hay un límite de puntos que se puede descontar, pero llega un momento en que las faltas son tantas que matemáticamente seguirías restando», afirma. A su juicio, no todas las equivocaciones tienen el mismo peso. Una palabra poco habitual puede provocar una duda, pero escribir voy con «b» o globo con «v» revela una carencia "difícilmente justificable" en alguien que aspira a trabajar en un aula.

Un problema que empieza mucho antes

La profesora rechaza que la polémica pueda reducirse a una cuestión de criterios de corrección o de rúbricas mal explicadas. «Al margen de que los baremos se publiquen o no, un futuro profesor tiene que tener unas habilidades de escritura importantes», sostiene.

Los errores detectados en una oposición serían, por tanto, la manifestación final de un problema mucho más amplio. «Estamos hablando de que se ha convertido casi en habitual llegar a la Universidad con faltas y salir de ella con faltas», resume Barboyon. El sistema educativo, considera, ha ido permitiendo que los alumnos avanzaran de curso sin que esos fallos tuvieran consecuencias suficientes.

La responsabilidad, sin embargo, no recae únicamente sobre las instituciones educativas. También existe una dimensión individual. «Hay que ser consciente de si uno comete faltas. Y, si las comete, leer más, escribir más y hacer algo para corregirlas», explica.

Para Mireia Alfonso, maestra de Educación Primaria y preparadora de oposiciones, un error ocasional puede responder a los nervios o a la rapidez de una prueba. Pero la acumulación de faltas graves refleja una escritura deficiente y carencias importantes.

Ambas coinciden en destacar que la ortografía no es el único criterio para valorar a un docente. La capacidad de explicar, gestionar un aula, transmitir conocimientos o conectar con los estudiantes también resulta esencial. Sin embargo, la corrección escrita forma parte de las competencias básicas de cualquier profesional de la enseñanza, con independencia de su especialidad. Un profesor redacta informes, corrige ejercicios, prepara materiales, escribe en la pizarra y se comunica con las familias. «No se puede enseñar correctamente aquello que no se domina», sostienen las especialistas.

El papel de los autocorrectores

La Inteligencia Artificial (IA) ha aparecido, inevitablemente, en medio de este debate, pero Barboyon señala que el origen del problema es anterior. La generalización de los teléfonos móviles, los autocorrectores y la escritura predictiva ya había reducido la atención que se presta a la forma de escribir. «El autocorrector corrige el error, pero no te enseña. Cuando desaparece esa ayuda y te enfrentas a un folio en blanco, aparecen todas las dudas que la tecnología estaba ocultando».

También se escribe menos a mano. Antes, recuerda, las cartas, los apuntes y otros textos obligaban a mantener una "relación más directa con las palabras". Ahora buena parte de la comunicación se produce a través de aplicaciones de mensajería y redes sociales, donde abundan "las abreviaturas, la velocidad y los errores".

El abandono progresivo de la escritura a mano reduce la atención sobre las palabras

«Leemos todos los días, pero muchas veces leemos WhatsApp, Instagram o textos llenos de faltas. Si además no nos fijamos en cómo están escritas las palabras, se juntan todas las condiciones para perder competencia escrita», advierte.

La lectura, por sí sola, tampoco garantiza una buena ortografía. Hay personas que leen mucho y continúan cometiendo errores porque no prestan atención a la forma de las palabras. «Sin atención no hay aprendizaje», insiste Barboyon. «No se trata solo de leer y escribir, sino de fijarse».

Más exigencia desde Primaria

Para las especialistas, la solución no consiste únicamente en endurecer las oposiciones. La exigencia debe comenzar en las primeras etapas educativas y mantenerse durante todo el recorrido académico.

Alfonso considera que la corrección ortográfica debe trabajarse de manera constante desde Primaria. Si un niño no entiende por qué una palabra está mal escrita ni recibe una explicación rigurosa, difícilmente interiorizará las normas cuando sea adulto.

Barboyon comparte esa visión y alerta de que el problema puede reproducirse como una cadena. Un docente con carencias transmite errores a su alumnado, que puede acabar normalizándolos y repitiéndolos.

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