Salud
El verano dispara el uso de pantallas entre los menores de Canarias: los móviles, las redes y los videojuegos ganan terreno
Pediatras y psiquiatras infantiles recomiendan recuperar la lectura en papel como alternativa saludable y antítesis de los efectos de las pantallas en niños

Un menor juega con un ordenador. / María Pisaca

El verano aumenta el uso de pantallas entre los menores. Con el fin de las clases y el incremento del tiempo libre, el ocio infantil cambia de escenario y los dispositivos tecnológicos ganan protagonismo. Leer, jugar en la calle o practicar actividades al aire libre compiten ahora con tablets, móviles, videoconsolas y televisores, que ocupan una parte cada vez mayor del entretenimiento durante las vacaciones. La tecnología se ha hecho un hueco en el día a día de los canarios de todas las edades, pero durante los meses estivales su presencia suele intensificarse, especialmente entre niños y adolescentes. La ausencia de la rutina escolar y una mayor disponibilidad de tiempo favorecen que muchos menores pasen más horas frente a las pantallas.
En este contexto, varios expertos coinciden en que el verano lleva a muchas familias a recurrir con mayor frecuencia a estos dispositivos. "En invierno suelen estar ocupados con el colegio y en verano, a no ser que estén en un campamento, suelen pasar más tiempo con las pantallas", explica Eduardo Valerio, vocal de la Sociedad Canaria de Pediatría. Para él, la responsabilidad no recae únicamente en los menores. "Los primeros que tenemos que analizar todo lo que estamos haciendo somos nosotros, los padres, ya que somos su modelo", insiste. Eso sí, advierte de que esta situación no es una novedad. "Es mucho más común de lo que parece y ya llevamos varios años viendo como esta tendencia crece", concreta.
Es una opinión que comparte la jefa de sección de Psiquiatría Infantil y Juvenil del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, Nuria Naranjo. "El uso de pantallas aumenta siempre, ya sea en otoño o primavera, pero en verano más", indica. Además, apunta que muchos padres utilizan estos dispositivos como recurso para sus hijos. "Eso les quita la oportunidad de disfrutar de otras actividades como salir a la calle, caminar, hacer deporte, estar con amigos y relacionarse de una forma real, más allá de lo virtual", afirma. A su juicio, también pueden quedar relegadas experiencias como ver la luz del día, tocar la arena de la playa o la tierra del monte, respirar aire puro y descubrir el entorno.
¿Cómo funciona el cerebro ante la tecnología?
Según la psiquiatra, las pantallas activan un sistema de recompensa en el cerebro asociado a la dopamina. "Los vídeos cortos, los me gusta, los mensajes, las luces o los sonidos generan pequeñas recompensas inmediatas que pueden favorecer un uso repetitivo", explica. Por este motivo, señala que el problema no es solo el tiempo que se pasa frente a los dispositivos, sino que el cerebro se acostumbra a buscar estímulos rápidos y constantes a través de la tecnología. "Esto hace que algunos menores pierdan interés por actividades más sanas y de la vida cotidiana que difícilmente compiten con la inmediatez y los mecanismos de recompensa que ofrecen las pantallas", agrega.
"Las pantallas y, en especial las redes sociales, generan mecanismos que ya se han comparado con otras adicciones sin sustancia, como el juego online", respalda Valerio. En el caso de los menores, la preocupación es mayor porque su cerebro todavía está en desarrollo y determinadas vías relacionadas con la recompensa pueden reforzarse, lo que hace que el cerebro tienda a buscar esos estímulos con mayor frecuencia y aumente el riesgo de que surjan problemas. "No causa el mismo efecto en adultos que menores, ya que en estos últimos va a repercutir sobre sus habilidades futuras", detalla Valerio. Para él, la clave está en cómo interfiere ese uso en la vida diaria y en sí desplaza otras actividades necesarias.
La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda la exposición cero a pantallas por parte de los menores de seis años, ya que no se considera que exista un tiempo de exposición seguro para el neurodesarrollo. Esta recomendación ya ha tenido reflejo en Canarias. La Consejería de Educación anunció hace unos días la eliminación de las pantallas interactivas multitáctiles y otros sistemas digitales en el primer ciclo de Educación Infantil, es decir, de cero a tres años, y su limitación en el segundo ciclo, de tres a seis años. Una decisión que se basa, precisamente, en la evidencia científica sobre el impacto de la tecnología en el desarrollo de los niños. "En esa etapa, los menores están en pleno crecimiento y es fundamental desarrollar otras habilidades que necesitarán más adelante", aclara.
Alternativas a las pantallas
Para dejar atrás este hábito, Valerio recomienda volver a lo analógico. "Nosotros antes usábamos los cuadernillos rubios o santillanas", recuerda. Además de aprovechar el verano, en la medida de lo posible, para hacer planes fuera de casa. "Los niños han perdido la calle, un entorno clave para el desarrollo de habilidades sociales, emocionales y física", señala. A su juicio, permanecer muchas horas en casa favorece que los niños recurran con más frecuencia a los dispositivos tecnológicos, mientras que las actividades al aire libre les ofrecen experiencias enriquecedoras y contribuyen a su desarrollo integral.
Pero para el pediatra, la mejor opción es recuperar el hábito de la lectura, ya que es "la antítesis de lo que producen las pantallas". Así, este simple acto favorece el desarrollo cognitivo, estimula la imaginación y contribuye a la regulación de las emociones. Además, Valerio advierte de que los menores leen cada vez menos, pese a los beneficios que esta actividad tiene durante las etapas de desarrollo. "Si tuviera que recomendar una actividad para este verano que ayudara a alejar a los niños de las pantallas, sería la lectura, y en libros de papel", concluye.
Naranjo también recuerda que incluso el aburrimiento es una parte importante para el desarrollo de los menores. "Cuando una persona está aburrida el cerebro tiene tiempo para asumir las cosas que han pasado durante el día, sean buenas o malas", señala. "Pero cuando estamos constantemente entretenidos con pantallas, el cerebro no dispone del tiempo necesario para asumir, asimilar y digerir lo que ocurre a nuestro alrededor, ni para imaginar e inventar cosas nuevas", concluye.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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