90 años de la Guerra Civil
La España de 1936: de la verbena a las trincheras
Los últimos diez días de la Democracia vividos en 1936 ofrecen un escalofriante contraste entre la pachorra de la sociedad y el siniestro por venir

El general Francisco Franco es elegido jefe del Estado del bando sublevado en el mes de octubre de 1936. / ED
La vida en la España de mitad de los años 30, especialmente desde que en febrero de 1936 la izquierda ganara las elecciones para ponerse al frente de la República, constituía un mixturado de reivindicaciones sociales, huelgas y durísimas movilizaciones que contrastaban con una exquisita pachorra de verbenas, certámenes deportivos, elección de misses, rimbombantes estrenos cinematográficos y fiestas engalanadas del todo ajenas a lo que, en susurros y conspiraciones, se iba tramando en los cuarteles del Ejército. Van por delante unas breves pinceladas de los diez últimos días de Democracia extraídos de ‘La Voz de la Memoria’, una exquisita recreación de un supuesto diario digital de la época y que recoge las informaciones, jornada a jornada, de aquellos acontecimientos que cambiaron a España para siempre, festoneados por la publicidad de aquellos momentos, los más variopintos sucesos y el pálpito del runrún isleño..., todo ello hasta que Franco mandó parar.
7 de julio de 1936, Por el precio de un margullo
Faltan diez días para el golpe de estado que arrancará el día 17 con la sublevación militar en el vecino protectorado español de Marruecos y que prenderá la mecha de la Guerra Civil Española. Y es en ese martes 7 de julio cuando la batidora de las tensiones políticas y sociales de la Segunda República, a remolque de la victoria del Frente Popular en febrero, comienza a desbordarse sin vuelta atrás, con un general Emilio Mola apretando el botón del centrifugado y ultimando los mecanismos del motín. La prensa se hacía eco, de entre otras inquietantes malas nuevas, de la detención de ocho sindicalistas de la UGT armados con pistolas que merodeaban por los puntos de trabajo, así como de otros individuos dedicados a repartir hojas clandestinas “redactadas en tonos de máxima violencia”. En Tenerife, mientras, cundía un desasosiego de menor envergadura. “En Santa Cruz todavía no saben si habrá derbi en la piscina”, publicaba la prensa local a cuenta de unos 16 nadadores grancanarios que exigían a los chicharreros que les abonasen pasaje y estancia para competir e ir a margullar deportivamente en las aguas del Club Natación Balneario. Con la que estaba cayendo...
8 de julio. Un atontante sahumerio
En el maremágnum de declaraciones en la antesala del cataclismo se sucedían los augurios y algunos dan en el blanco, como el de Álvaro Albornoz, líder de Izquierda Republicana, que en un banquete en homenaje a Ortega y Gasset declara: La República tiene que acabar con el fascismo o el fascismo acabará con la República”. Spoiler: ganará el segundo. Y había pistas para ello en los sucesos de aquel día, como el baño de masas de Hitler en Weimar para celebrar el décimo aniversario de la primera Asamblea del Partido Nacionalsocialista, o mucho más cerca, los 15.000 manifiestos fascistas incautados en una imprenta de la capital grancanaria. El ambiente estaba tan enrarecido que ni la marihuana aliviaba tensiones, especialmente en Tenerife donde se sospechaba que “radica el primer centro de contrabando de este cigarrillo” y motivo por el que Julio García, comisario de la Policía de Las Palmas viaja para entrevistarse con su homólogo de Tenerife debido al grave problema que presentan las intoxicaciones por el consumo de este atontante sahumerio.
9 de julio. Nievina en tongas
Consejo de Ministros. Su presidente, Casares Quiroga, brega con tres asuntos principales, el de la petición a la Cámara de Representantes de la prórroga del Estado de Alarma, el de la dimisión del Jefe Superior de Policía, y el más triste de los tres, el del fallecimiento de una veintena de marineros tras un naufragio causado por una descomunal galerna en el Cantábrico. Pero el panorama general es aún más sombrío. En Zarautz se incautan de otras 2.100 hojas de Falange en una editorial; el embajador de España en la Sociedad de Naciones, Salvador de Madariaga, también renuncia a su cargo; y la policía detiene a “un comunista de 15 años” por el asesinato del empresario del Circo Price. Es decir, que ni la Crema Nievina, que “suaviza cutis y manos” de la casa Lora, no sería capaz -ni en tongas- de atemperar el cochafisco.

Encuentro de Las Raíces, Tenerife, el 17 de junio de 1936, para ultimar la sublevación que desencadenaría la Guerra Civil. / ED
10 de julio. Para el hombre neurasténico
Más curvas. Esta vez en Valencia. Bibiano Fernández Osorio y Tafall, subsecretario de Gobernación, informa que cuatro individuos se presentaron en los estudios de Unión Radio y que, “pistola en mano” han “maniatado al speaker y a otro empleado, haciéndose dueños del micrófono”. A lo largo de cinco minutos “han proferido gritos, haciendo apología del fascismo. Acto seguido huyeron, por lo que cuando la fuerza pública llegó ya no se encontraban en el local”, según Osorio y Tafall. Estos hechos provocaron tal indignación en la capital del Turia que unas 5.000 personas salen a la calle con banderas rojas y republicanas, movilización que acaba en graves disturbios y en el saqueo y quema de la sede de la derecha regional y la del rotativo monárquico La Voz de Valencia, para culminar apedreando la sede de la patronal y la de Falange Española. Se diría que todos ellos podrían estar bajo los efectos de la mágica pócima medicamentosa Herculina, que se publicita como remedio de fuerza para “los hombres agotados, neurasténicos, sin vitalidad, desmemoriados, débiles y decaídos”. La Herculina, se informa en un afiche, “ya está disponible en Tenerife y Gran Canaria”.
11 de julio. En Austria no lo ven venir
Para el sábado la olla pita a todo vapor. Álvaro de Albornoz exige unidad a la izquierda frente a los crecientes rumores de sublevación y los peligros que acechan a la República. El líder de Izquierda Republicana insta a los suyos a estar alerta . “En España”, expresa en un discurso ofrecido en Mazarambroz, Toledo, “hay que ir a la transformación radical, verdadera y auténtica de todos los organismos del Estado, sin vacilaciones y sin complacencias, dentro de un orden perfecto y con el corazón en alto para no caer en venganzas y en la anarquía». En el resto de Europa día a día se va blanqueando el nazismo, como refleja la iniciativa del canciller austriaco, Kurt von Schuschnigg, y que ha dirigido al führer un telegrama saludándolo con motivo de del acuerdo germano-austriaco. En un ejemplo de ceguera patológica que con este acuerdo los dos Estados han prestado “un eminente servicio a la paz general”. Sí, ha dicho, “paz general”, apenas tres años antes del inicio de la II Guerra Mundial.
12 de julio. En Belén con los pastores
El cántaro, de tanto ir a la fuente, se rompe el domingo 12 de julio. Cuatro individuos matan a tiros al teniente de Asalto republicano José del Castillo a las diez y cinco minutos de la noche en Madrid, cuando se dirigía a pie al cuartel de Pontejos para iniciar su guardia nocturna. La madrugada se tornaba calentita, con numerosas redadas que dan como resultado la detención de un elevado número de falanguistas, “ya que se asume que el atentado ha sido una represalia de la extrema derecha”. El lunes amanecerá con un más que dramático acontecimiento. Pero es fin de semana en el archipiélago, y la vida, al menos la de los más pudientes, llevaba otro ritmo, el de Shirley Temple. Considerada a día de hoy como la actriz infantil de mayor éxito de la historia del cine, hacía furor en los años 30 del siglo pasado, al punto que en el cine Cuyás, concurso mediante, declaraba a la niña Antoñita Hernández la más parecida de cuantas aspiraban al peculiar cetro. Se diría que en las islas, a pesar de su papel como plataforma del inminente golpe de Estado, una buena parte de la sociedad vivía en Belén con los pastores.
13 de julio. Se arma la marimorena
Si la noche del domingo se cerraba con el asesinato de José del Castillo, la bomba llegaría con la madrugada del lunes, cuando al alba se descubre el cadáver del líder del Bloque Nacional Calvo Sotelo, asesinado tras su secuestro en su domicilio por parte de unos hombres que se identificaron como agentes de la autoridad. El cadáver del jefe de Renovación Española fue acompañado por una gran multitud “en impresionante silencio”, desde el depósito del cementerio a la tumba, y con presencia de milicias uniformadas con el puño en alto. Indalencio Prieto lo ve venir: «Si el combate llega, será una lucha a muerte que no tiene vuelta atrás”. En Granadilla de Abona, eran más optimistas y presentan su programa de fiestas para el 16 y 17 de julio, que incluía una carrera ciclista con afamados corredores como El Abisinio, El Cuervo, Cheo y Panchillo y una gran cabalgata de camellos en la que tomará parte un distinguido grupo de señoritas de esta localidad. Si se llegó a celebrar, nunca más se supo.
14 de julio. Huelga en los coches de hora
El que sería llamado a presidir la República durante buena parte de la Guerra Civil, el socialista grancanario Juan Negrín, acude al duelo del teniente Castillo y confiesa su temor a un enfrentamiento armado inminente. Quienes le conocen afirman que teme que la espiral de violencia favorezca a los sectores que desde hace meses conspiran contra el régimen republicano, mientras van a más, si cabe, los rumores sobre actividades conspirativas en diversos sectores del Ejército. De hecho, el Congreso aprobaba ese martes la prórroga del Estado de Alarma, continuaban las detenciones de miembros de Falange, mientras el mal clima social se reflejaba en manifestaciones y huelgas, como la que se anunciaba para el jueves en Santa Cruz en el sector de transportes , con servicios mínimos de los coches de hora “para garantizar los desplazamientos de los viajeros al interior de Tenerife”.

Entierro de Amado Balmes en la capital grancanaria en una imagen hallada en el fondo histórico del Ayuntamiento de Arucas en 2014. / ED
15 de julio. Con los pelos tiesos
Más muertos. La tercera cuenta de este peculiar rosario la pone el general Balmes, aquí en las islas. Amado Balmes, Gobernador Militar de Las Palmas, muere accidentalmente, según la versión oficial, cuando probaba en La Isleta una pistola Astra del calibre 9. Según su ayudante, «cuando se disponía a cargarla se encasquilló una bala y, al tirar del cargador y pretender sostener la pistola con la mano derecha, la boca del cañón quedó en dirección al bajo vientre». Dada la experiencia de Balmes, entre el personal militar de Las Palmas de Gran Canaria queda patente la incredulidad sobre el cómo ocurrieron los hechos, máxime cuando se apunta que era contrario a la sublevación liderada por un general Francisco Franco que anuncia que acudirá a su entierro, en su calidad de comandante militar de Canarias. Es momento de arreglarse el pelo en la peluquería La Giralda, que recomienda a las señoras y señoritas que, para las próximas fiestas y verbenas se hagan la permanente en su afamado establecimiento, donde esperan a su distinguida clientela con aparatos de última novedad que funcionan sin corriente. Ello cuando apenas quedan cuatro días para que los pelos de los españoles se queden definitivamente tiesos.
16 de julio. Verbeneras y castigadoras
El entierro del general Balmes reúne a 20.000 personas en la capital grancanaria para rendirle el último adiós, multitud que colapsaba la calle Triana, el parque de Cervantes y patio de la Comandancia y con la presencia, entre otros, del general Franco, el gobernador civil de Las Palmas, Antonio Boix Roig, y el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Luis Fajardo Ferrer, en un ambiente de marcha militar con banda de música y banderas republicanas a media asta. En la península se sucedían los autos de procesamiento y prisión contra los detenidos por el asesinato de Calvo Sotelo y en el Congreso de los Diputados sus señorías deciden entregar sus armas en el zaguán para evitar los cacheos tras la solicitud a los parlamentarios por parte del presidente de la Cámara, Diego Martínez Barrio, que “no provoquen choques personales». Menos mal que, a modo de consuelo, siempre queda la banda-orquesta Tinerfe que ultima para el 1 de agosto una apoteósica verbena en la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, con un baile a cuatro pistas en el ruedo en el que prometen ofrecer sus afamados y nunca bien ponderados temas Mi jaca, Carioca, Las Verbeneras y Las Castigadoras.
17 de julio. El submarino bombero
El viernes 17 se acabaron las medias tintas. Buena parte del ejército, “faltando a su juramento”, se levanta en armas contra el Estado, con sublevaciones en Marruecos, Navarra y Sevilla, mientras que en otros puntos como Madrid la revuelta “ha sido sofocada gracias a la acción combinada de fuerzas leales y del pueblo en armas”. Por todo el país, obreros, campesinos y ciudadanos de toda condición han tomado los fusiles, levantando barricadas y organizando la resistencia junto a las tropas fieles. Pero, con todo, lo más relevante de ese 17 de julio es la partida del aeroplano Dragon Rapide desde Gran Canaria rumbo al protectorado español en Marruecos con el general Francisco Franco a bordo, tras liderar la toma del mando del ejército en Canarias. En un manifiesto leído en Radio Club Tenerife establece que cualquier acto de resistencia será castigado con la pena de muerte tras un consejo de guerra inmediato. En otro orden de cosas se relata la chifladura del submarino francés, el Atalante, que intentó atajar el incendio de un yate en Saint Tropez a golpe de cañonazos para evitar la propagación de las llamas por la ciudad. Le tira quince cañonazos. El primero derriba el techo de una casa. El segundo se carga una línea de alta tensión y el resto cae en una línea de tren, junto a una escuela y en una serrería. La factura se eleva por encima de los 500.000 francos. Un mal día para recordar.

Franco, con el General Mola en Burgo en agosto de 1936. / Photo Ullstein Bild. Getty Images
18 de julio. España, fundida a negro
La suerte está echada. Tras el aterrizaje de Franco en el aeródromo de Sania Ramel, Tetuán, el Ejército de África queda bajo su mando. Desde allí y en sus primeras alocuciones transmitidas por las emisoras locales, el general ha proclamado el éxito del ‘Movimiento’ y ha hecho un llamamiento a la disciplina y el orden. Mientras, en la capital de España y en un desafío al Gobierno de la República, el general Joaquín Fanjul toma el mando del Cuartel de la Montaña y declara el Estado de Guerra en Madrid. También Sevilla queda bajo el puño militar de Queipo de Llano, que controla los principales puntos neurálgicos. Será allí, en la capital hispalense, donde se produzca una de las grandes matanzas de las que aún quedaban por venir, con el asesinato de decenas de mineros en una emboscada de la Guardia Civil cuando avanzaban hacia la ciudad para sofocar el levantamiento militar. A partir de ahora no hay más películas de vaqueros, elecciones de misses, parrandas con marihuana, ni verbeneras, ni castigadoras. Los sublevados, como hizo saber Franco en el manifiesto leído en Radio Club, prohíbe la reunión de más de tres personas y hasta la circulación de los vehículos privados. España queda fundida a negro.
Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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