Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Canarias, escala de los cárteles de la droga

Albaneses, serbios, turcos, colombianos... Las mafias ponen el foco en las Islas como nodo logístico entre las rutas atlántica y africana de la cocaína

Operación Abisal de la Guardia Civil en el Atlántico canario, la mayor incautación de cocaína en un solo golpe policial.

Operación Abisal de la Guardia Civil en el Atlántico canario, la mayor incautación de cocaína en un solo golpe policial. / ED

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Enero. La operación Sombra Negra, desarrollada en dos fases, culmina: 105 detenidos en una organización criminal que dominaba el tráfico de droga con narcolanchas en el Atlántico. Al mando de esta mafia que pudo introducir en Europa hasta 57.000 kilos de cocaína el último año está, presuntamente, un narcotraficante asentado entre Marruecos y Dubái que pagaba hasta 12 millones por el silencio. A él nunca se ha llegado. Canarias era su gasolinera y su oficina de empleo, la puerta a la que llamar para conseguir mano de obra.

Enero, de nuevo. Interceptado el mayor alijo de droga en alta mar. El mayor hasta ese momento. Operación Marea Blanca. Bajo un manto de sal, el buque United S. ocultaba 294 fardos de cocaína: 9.994 kilogramos. Hubo trece detenidos en el barco apresado a 530 kilómetros de Canarias, punto en el que se iba a pasar el botín a narcolanchas. La embarcación se atribuye a un capo turco y a la mafia serbia.

Pero para batir la plusmarca de Marea Blanca tan solo tenían que pasar cuatro meses. En mayo llegó el gran golpe, la intervención histórica del asalto al Arconian. Se llamó operación Abisal y terminó con la incautación de 30.215 kilogramos de cocaína -además de armas de fuego y 23 detenidos- en un carguero que salió de Sierra Leona. Su destino era Libia y hasta llegar a él, Canarias aparecía en el mapa. La investigación apunta a una organización liderada por la Mocro Maffia. Joseph Johannes Leijdekkers, conocido como Bolle Jos o Jos, el gordito, es la persona a quien las autoridades tienen en el foco. Un capo natural de Países Bajos que ha hecho de Sierra Leona su refugio.

Estas son las tres grandes operaciones -no las únicas- contra el narcotráfico en lo que va de año. Y las tres tienen algo en común: utilizaban las aguas canarias como una de sus paradas técnicas. Porque el Archipiélago hace años -una década aproximadamente desde su despunte- que comenzó a posicionarse en el mapa de la droga, no como puerta de entrada a Europa, sino como gran gasolinera de las mafias de estupefacientes y proveedor de mano de obra, justo cuando las rutas históricas, como Galicia, empezaron a sufrir la presión de las autoridades.

Canarias es el lugar al que llamar cuando los cargueros dan la voz de alarma porque necesitan combustible, personal, víveres, reparación... Es ya un nodo internacional del narcotráfico, una oficina de esa ONU de cárteles que, en vez de buscar la paz y seguridad, apuestan por las drogas y las armas. Un negocio más jugoso, tal vez. Serbios, albaneses, marroquíes, turcos, holandeses... , todos reclaman los servicios de las organizaciones criminales locales, las autóctonas, las de las Islas, que les pueden solventar las necesidades. A cambio, una parte del pastel, una acaudalada comisión.

Hasta ahora, las Islas eran una escala en la ruta atlántica, esa que lleva los estupefacientes desde Sudamérica hasta Europa, sin desviarse. Pero el tablero de juego ha cambiado. Las organizaciones internacionales han configurado nuevas cartas de navegación, autopistas marítimas para tratar de burlar a las autoridades.

África. Ese es uno de los nuevos puntos de partida, no como productor, sino como gran almacén de cocaína. El Arconian, con su zarpe desde Sierra Leona, fue el reflejo de la nueva realidad. Las mafias usan ya los países del golfo de Guinea para depositar la droga que importan desde Sudamérica. En lugar de ir directos hacia Europa a través del Atlántico se desvían al continente africano y almacenan el botín hasta que consideran oportuno embarcarlo para distribuirlo. Desde ahí, hacia arriba, como en un semicírculo, bordean la costa hasta Europa. ¿Y qué parada hay en esa travesía? Canarias, otra vez Canarias, frente al Sáhara Occidental, bien posicionada.

Las autoridades tratan de revertir la consolidación de las Islas como punto estratégico. Intentan que Canarias desaparezca de los intereses de las organizaciones, sobre todo, para que no se produzca una escalada de violencia, principal temor. Dan la batalla en estrecha colaboración con las agencias internacionales. Un inspector de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de Tenerife y un capitán de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil de la Comandancia de Las Palmas coinciden: las organizaciones locales se han profesionalizado y han establecido vínculos con miembros de grandes redes con base en la Península, Europa, África y Sudamérica. «Han expandido sus contactos, han reducido los intermediarios, con lo que han conseguido incrementar sus beneficios económicos en las operaciones de compraventa», pone de manifiesto el inspector de Udyco.

Capitán jefe de la EDOA de la Guardia Civil, delegación de la UCO en Canarias.

Capitán jefe de la EDOA de la Guardia Civil, delegación de la UCO en Canarias. / Andrés Cruz

Reservas mundiales

La ruta transatlántica sigue siendo la más habitual, con el foco puesto en la zona oeste o suroeste de las Islas, pero la presión ha llevado a la necesidad de abrir esas nuevas vías. «Se observa un incremento en el traslado de la droga desde origen, en Sudamérica, hacia países que tienen menos control, tanto marítimo como terrestre en la zona del golfo de Guinea», apunta el capitán de Policía Judicial.

Guinea Ecuatorial, Nigeria y Sierra Leona se configuran como las grandes reservas mundiales de droga para posteriormente pasarlas a los barcos nodriza, sacarlas al mercado y surtir a las organizaciones. Son países más laxos en cuanto al control policial, y más dados a la corrupción gubernamental. El nuevo patrón de navegación se activa y si en la ruta hacia Europa necesitan apoyo ahí está Canarias. «Desde estos países surten a otras organizaciones que bajan desde la zona sur de Europa a por las sustancias», especifica el capitán.

Para ejecutar los asaltos, la colaboración internacional -y nacional- es fundamental. Los agentes dedicados a combatir esta lacra realizan de forma diaria análisis de las embarcaciones: registro de barcos, origen, destino, rutas, patrones de movimiento y tripulaciones. No dejan atrás a quién pertenece, qué empresas las amparan, el historial. Cuando tienen alguna sospecha acuden a las agencias internacionales -DEA, NCA, policías europeas- y nacionales -MAOC-N o Citco- y comprueban si han emitido con anterioridad alguna información. «La coordinación es total, efectiva y diaria», añaden. Si no, solicitan colaboración.

En otras ocasiones es a la inversa y son las agencias las que envían, mediante los canales oficiales, la información sobre un buque sospechoso o sobre comunicaciones intervenidas. Pero este último punto también se ha profesionalizado.

«El uso de comunicaciones encriptadas, que conlleva mayor seguridad para los traficantes, denota una gran profesionalización por parte de los grupos delictivos», explica el inspector de Udyco de Tenerife. Las mafias destinan grandes sumas de dinero en estos dispositivos para mejorar su protección.

Eso ha obligado también a que las autoridades inviertan en tecnología. «Hace dos décadas se pinchaban los teléfonos analógicos, pero la llegada de los dispositivos inteligentes y su uso por la delincuencia organizada supuso un salto cualitativo a la hora de realizar el seguimiento», añade el inspector.

Esta realidad obligó a los cuerpos policiales a cambiar sus propios sistemas de intervención telefónica, con la implantación de Sitel. Se pasó de las llamadas convencionales y los SMS a las aplicaciones de mensajería instantánea, como WhatsApp, Telegram o EncroChat, una red de comunicación cifrada utilizada por el crimen organizado que las autoridades consiguieron hackear e infiltrarse en 2020.

El interés de ellas por Canarias no es para convertirlas en el nuevo puerto de entrada a Europa. «En Canarias no hay tanta demanda de droga como estamos viendo en las incautaciones», asevera el capitán de la Guardia Civil. «Canarias es, o se está convirtiendo, en un punto logístico estratégico. Las organizaciones internacionales tienen apoyo aquí de otros grupos locales que les suministran aspectos logísticos y técnicos. Es un punto logístico de tráfico de drogas, no un asentamiento del narcotráfico como tal», recalca.

Capitán jefe de la EDOA de la Guardia Civil, delegación de la UCO en Canarias.

Capitán jefe de la EDOA de la Guardia Civil, delegación de la UCO en Canarias. / Andrés Cruz

Nuevos mercados

Lo que han hecho las mafias locales es abrir nuevas áreas de negocio. ¿Siguen traficando en las Islas? Sí, pero su actividad se diversifica: de la venta a la asistencia para cubrir las necesidades de las redes que las contacten. «Hay un aviso y ellos se enlazan, coordinan y proceden a esos suministros», especifica el mando de la Guardia Civil. Así, los grandes entramados no necesitan desplazar a la organización completa a las Islas, sino que siguen refugiados en sus fortines y, mediante contactos, resuelven las necesidades: combustible, embarcaciones, dispositivos de comunicación, personal... «Los de aquí han adaptado los medios que tienen para dar esos apoyos, y el ilícito principal, que es el tráfico de drogas, lo siguen ejerciendo las organizaciones principales con los buques nodriza y las embarcaciones rápidas».

¿Hay alguna organización que tenga más la lupa sobre Canarias para ‘conseguir’ el territorio y el control de las organizaciones autóctonas? No, al menos, por ahora. «Depende de las necesidades de cada una. Sí tenemos conocimiento que hay redes de contacto, de comunicación o interacción, pero se basan en operativas», dice el capitán de la Guardia Civil. « ‘Necesito esto...’, combustible, un barco..., dicen las grandes redes. Saben quién lo puede ofrecer, quién puede hacer el trabajo o quién tiene la capacidad», explica.

Las autoridades han detectado, entre otras, comunicaciones con el cártel de los Balcanes, Sinaloa, colombianos, marroquíes, capos asentados en Dubái y la Mocro Maffia (red de Países Bajos y Bélgica, formada principalmente por capos holandeses o segundas generaciones de inmigrantes marroquíes).

El cártel de los Balcanes es una de las estructuras más sólidas y poderosas a nivel mundial. Integrado por ciudadanos serbios, montenegrinos, albaneses o kosovares, tiene capacidad para monitorizar todo el proceso. Realizan operaciones de compra -o directamente producen- en países como Colombia o Ecuador, donde controlan el puerto de Guayaquil, a un precio muy económico y en grandes cantidades. Después poseen recursos para realizar el transporte por vía marítima a través del Atlántico en cargueros, remolcadores o pesqueros. Una vez que la mercancía está en Europa, también disponen de los medios para distribuirla. A este cártel se le atribuye la propiedad del cargamento interceptado en la operación Marea Blanca, desarrollada por la Brigada Central de Estupefacientes y la Udyco de Tenerife.

La planificación de esta operación ilícita se atribuye a ciudadanos serbios, que contaron con el apoyo de mafiosos turcos. De hecho, el carguero usado, el United S., salió de un puerto de Turquía y a ese país estaba previsto que regresara para su desguace, después de terminar de hacer las descargas de la cocaína frente al Estrecho de Gibraltar.

«Casi siempre que viene droga al Archipiélago hay miembros de una organización de origen canario por medio, que puede operar a diferentes niveles», señala el inspector de Udyco.

Más allá de la mediática operación Marea Blanca, en los años pasados también se interceptaron relevantes cantidades de cocaína en el océano. Fue el caso de una narcolancha que fue abordada al sur de las Islas con 4.500 kilos de cocaína en el 2024. La embarcación era propulsada por cuatro motores fueraborda y cada uno de ellos tiene una potencia de 300 caballos. Meses antes, en noviembre del 2023, se desarrolló la operación Neptuno. Un remolcador, el Sea Paradise, llevaba 2.300 kilos de cocaína hacia Europa.

Un ciudadano serbio decidió tomar el control y secuestró al resto de la tripulación. Para lograr su objetivo, sacó un arma de fuego, disparó a un marinero y, después, tiró su cuerpo al mar.

También Udyco de Tenerife descubrió a dos integrantes del cártel de Sinaloa en España en un proceso de distribución de metanfetamina en la Península. Por ahora, no se ha detectado el asentamiento de esta macroorganización en Canarias. En el marco de la operación Washima se llevó a cabo la mayor aprehensión de esta droga en el país y la segunda a nivel europeo.

Capitán jefe de la EDOA de la Guardia Civil, delegación de la UCO en Canarias.

Capitán jefe de la EDOA de la Guardia Civil, delegación de la UCO en Canarias. / Andrés Cruz

Los investigadores tinerfeños intervinieron 1.800 kilos en un chalé de Alicante y tres millones de euros en efectivo en la nave industrial de un empresario español dedicado a la importación de piezas de mármol desde México. Esa mercancía lícita era utilizada para ocultar el estupefaciente.

Los integrantes del cártel de Sinaloa se ocupaban de custodiar la droga en la vivienda. A uno se le detuvo durante la entrada y registro del inmueble. El otro consiguió eludir el cerco policial. Se le localizó y atrapó un año después oculto en un barrio de Madrid.

La droga de la megaestructura mexicana también llegó a Tenerife, de forma concreta, en el interior de una escultura de Popeye, que ocultaba 40 kilos de metanfetamina.

A ellos se unen los colombianos. Algunos canarios y peninsulares viajan a diferentes puntos de Latinoamérica para establecer contacto y adquirir importantes cargamentos con el objetivo de traerlos al Archipiélago o al continente europeo. Para ello suelen comunicarse con productores y exportadores de cocaína de origen colombiano. En opinión del inspector, realizar estas gestiones son una cosa; y otra muy diferente, y mucho más compleja, es lograr poner esa mercancía en su punto de destino, bien en el Archipiélago o en territorio europeo.

Desde las zonas en las que se produce la droga llega a las costas brasileñas a través de algunos ríos. Ahí entra en juego otro de los aspectos fundamentales de la operación: la elección y contratación de la empresa u organización que se encargará del transporte por vía marítima. Hay que negociar el pago de ese servicio, que puede hacerse con dinero, con cocaína o con ambas.

En este negocio también juegan con ventaja los integrantes del cártel de los Balcanes, que controlan determinadas navieras que llevan productos legales y, dentro de estos, introducen la sustancia estupefaciente.

El negocio del hachís

A veces, los fardos son escondidos en compartimentos estancos muy cerca del casco de las embarcaciones. El narcotraficante que compró la cocaína aprovecha que el barco realiza una parada técnica en las Islas para contratar a uno o dos buzos profesionales que se encargan de acceder a dichos huecos y sacar la mercancía y llevarla a tierra. Una de estas operaciones ocurrió en el Puerto de Las Palmas.

Pero Canarias no es solo punto de paso de la cocaína. Hace años que el tráfico de hachís se ha estabilizado en el Archipiélago. La entrada de esta droga desde la costa marroquí es continua. En la mayoría de las ocasiones, estas operaciones, se llevan a cabo de madrugada y alijan en playas. Las embarcaciones tienen capacidad para llegar a casi cualquier Isla. No obstante, la proximidad de Fuerteventura a África y las inmensas playas majoreras, junto con una vigilancia muy escasa, provoca que una importante entrada de esta sustancia, aunque a Tenerife y Gran Canaria también arriba con normalidad.

El jefe de grupo de la Udyco de Tenerife asegura que en esta actividad delictiva existe un alto nivel de reincidencia de los narcotraficantes. Hay dos motivos fundamentales: los elevados beneficios económicos que genera y los nuevos contactos y potenciales colaboradores que conocen mientras están en prisión.

Pero también existe otra casuística en la que aparece Canarias. Se da el caso de organizaciones que trasladan hachís desde África a Sudamérica. Este es el negocio más olvidado. Allí lo venden o incluso lo intercambian por cocaína para aprovechar el regreso con un nuevo cargamento.

Las autoridades han detectado embarcaciones que llegan desde países europeos y cargan hachís en la zona occidental de África o norte de Marruecos. Al lado están Canarias. Desde allí parten a Sudamérica o a un punto intermedio del Atlántico donde hacen el trueque o trasvase. El hachís no sale de Canarias, pero si en medio de la travesía necesitan algo -normalmente recarga de combustible para cruzar el Atlántico-, una vez más, están las Islas para solicitarlo.

En todo este mercado delictivo hay un aspecto que preocupa a las autoridades. «En el 90% de los delitos que investigamos y que suceden en el día a día siempre hay un nexo con el consumo de drogas o trapicheo. Desde agresiones sexuales a trata de seres humanos, extorsiones, robos con violencia...», cuenta el capitán de Policía Judicial de Guardia Civil. Él lo tiene claro: «Lo más preocupante sería la escalada de violencia que pueda tener el tráfico de drogas, sobre todo para la seguridad ciudadana», añade. Por eso cada kilogramo que se incauta -aunque no sean asaltos con decenas de toneladas- es una batalla ganada.

Suscríbete para seguir leyendo

Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

Tracking Pixel Contents