El legado del físico tinerfeño Emilio Cuevas se sella para siempre con Izaña
El Centro Atmosférico pasa a tomar el nombre de su antiguo director, que falleció en febrero después de toda una vida dedicada a la ciencia y al servicio público

Andrés Gutiérrez

El polvo en suspensión se levanta sobre la cima de la montaña de Izaña. Instalada desde hace días sobre las cumbres tinerfeñas, la calima pareciera estar rebuscando al viejo amigo que tanto trató de entenderla entre la multitud que hoy se congrega a las puertas del Centro Atmosférico de Izaña. No será capaz de hallarlo físicamente, pero tampoco lo necesita. Basta con echar un vistazo al pequeño edificio que se erige a 2.300 metros altura, para sentir el alma impertérrita de Emilio Cuevas, el investigador que consiguió llevar el centro a lo más alto de la excelencia científica y cuyo nombre y memoria desde hoy sellan en piedra su relación con el centro.
El centro ha acogido esta mañana un emotivo acto institucional que ha reunido a autoridades científicas y políticas de España y Canarias, además de amigos y familiares de Cuevas con un mismo propósito: conmemorar la herencia de una mente brillante que se fue demasiado pronto. Así, el núcleo del seguimiento mundial del cambio climático, a partir de ahora, en cada conferencia, artículo científico o proyecto internacional se conocerá como Centro Atmosférico de Izaña -Emilio Cuevas.
El homenaje ha servido para oficializar la nueva denominación del observatorio, dependiente de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), adscrita al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Un homenaje que no es como otro cualquiera, pues supone el culmen de un excelso legado que el físico tinerfeño dejó atrás durante su vida y un reconocimiento al papel clave que ostentó para el devenir del Centro. Es el recuerdo de una vida dedicada a la ciencia y al servicio público que contribuyó, como ningún otro, a consolidar la relevancia científica internacional de Canarias en el estudio del cambio climático, los gases de efecto invernadero y la radiación.

Emilio Cuevas (izq) con un colaborador en la azotea del Centro Atmosférico de Izaña / María Pisaca
"Este centro es una realidad gracias a él y al inestimable buen hacer, colaboración y entusiamo de la plantilla; un grupo de personas que le brindó su apoyo incluso en los momentos más difíciles de un largo proceso de creación de este centro". Así lo recordó su mujer, María José (Pepa) Blanco, exdirectora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, junto a sus dos hijas, Mar y Lara, quienes tuvieron la ocasión de ensalzar la figura del gran científico, "amigo, compañero y padre ejemplar" que fue Emilio Cuevas.
Cuevas dedicó más de tres décadas a consolidar este enclave de Tenerife
Cuevas dedicó más de tres décadas a consolidar este enclave científico de Tenerife y contribuyó de forma decisiva a situarlo en la primera línea mundial de la vigilancia atmosférica. En palabras de la vicepresidenta tercera Sara Aagesen, fue un "auténtico héroe" que dedicó toda una vida al servicio público y a la ciencia.

María José Blanco y sus dos hijas, Mar y Lara / Andrés Gutiérrez
La también ministra de Transición Ecológica recordó que Cuevas "no se limitó a dirigir un centro, lo transformó por completo". Además, puso en valor su tesón, determinación y afán de servicio público. No en vano, fue uno de los primeros científicos españoles en advertir del daño que las emisiones de gases efecto invernadero estaban provocando en la atmósfera. "Frente al negacionismo, más ciencia, más rigor y más Izaña", sentenció.
Izaña, su casa científica durante más de tres décadas
Emilio Cuevas nació en Tenerife el 30 de junio de 1961 y pasó buena parte de su infancia entre Sidí Ifní y El Aaiún, en Marruecos, junto a su padre, militar destinado en esa zona de África y profundo conocedor del antiguo Sahara español. Su infancia le vinculó durante toda su vida a los vientos, la meteorología y las idiosincrasias climáticas del Sáhara, por los que más tarde sentiría cierta admiración.
Tras formarse en Física Atmosférica en la Universidad Complutense de Madrid, inició en 1989 una trayectoria profesional estrechamente ligada a su tierra natal y, en particular, al observatorio de Izaña. Durante más de treinta años, el centro fue mucho más que su lugar de trabajo. Bajo su dirección, Izaña reforzó su papel como vigía internacional del cambio climático, con investigaciones sobre gases de efecto invernadero, ozono, radiación solar y polvo sahariano.
"Nos encontramos en estas instalaciones que albergan sensores de última generación para medir la composición atmosférica, radiación, aerosoles, con un equipo de profesionales de la meteorología e investigadores de la atmósfera de primer nivel", apuntó Alicia López, directora de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), institución a la que pertenece el Centro Atmosférico de Izaña. Como narró, el boom internacional de Izaña se gestó en la década de los 70. "¿Qué pasó para que esa transformación tuviera lugar? Emilio Cuevas", aseveró López.
Durante su larga andadura bajo las faldas del Teide, llevó a cabo numerosas colaboraciones con instituciones nacionales y extranjeras, especialmente con universidades y centros de investigación y desarrollo (I+D). Paralelamente, fue introduciendo elementos y métodos de trabajo propios del ámbito de la I+D y académico.
Su labor fue clave para consolidar el observatorio tinerfeño como uno de los grandes vigías mundiales de la atmósfera, junto al de Mauna Loa, en Hawái. De hecho, gracias a los equipos instalados en la cumbre se ha podido saber que "la última medida del CO2 acumulado en la atmósfera vuelve a marcar un máximo en la serie de 432,3 partes por millón entre marzo y mayo". Estos datos no solo evidencian un crecimiento anual del CO2 es de 2,6 partes por millón promedio durante la última década, sino que también permiten "identificarlos como causa principal de este cambio acelerado a nivel global".
El científico fue uno de los primeros en alertar sobre el cambio climático
Precisamente, Cuevas fue uno de los primeros investigadores en alertar del impacto que el calentamiento global estaba teniendo en el mundo y en Canarias cuando el tema apenas captaba la atención de unos pocos. EL investigador dirigió el centro hasta 2023, después de casi un cuarto de siglo al frente.
El científico tuvo que retirarse antes de lo que hubiera deseado, pues falleció el pasado febrero, a los 65 años, debido al avance de una atrofia multisistémica parkinsoniana. Una rara enfermedad que "le impdió disfrutar y ser testigo del innegable desarrollo que el centro debe tener, así como de su merecida jubilación", tal y como apuntó Blanco. De hecho, su jubilación fue prácticamente forzosa porque la enfermedad le afectó al sistema locomotor, respiratorio, digestivo y de comunicación. Pero incluso así, nunca perdió un ápice de su intelecto. "Con un espíritu de lucha increíble, seguía día tras día escribiendo sobre temas de ciencia, historia científica, divulgación y colaborando con Adafis, a la se unió en sus últimos años de vida", recalcó Blanco.
El hombre detrás del científico
Visiblemente emocionadas, sus dos hijas y su mujer compartieron con los asistentes la faceta más personal de Cuevas. Porque más allá de su inusitado amor por la ciencia, el científico canario se debió siempre a su familia y su entorno. Recordaron así aquellos días eternos en su "refugio climático", una casita de Asturias en la que plantaron un pequeño bosque de más de 100 árboles. "Su notoria inquietud le permitió embarcar, tanto a él como a su entorno, en proyectos de gran envergadura, muchas veces con el inicial escepticismo de los implicados en ellos", resumió su hija Mar. A veces a regañadientes, pero siempre mostrando su admiración por el tesón de su padre.
Sus hijas recordaron aquellas tardes en las playas del Cantábrico que se empeñaba en atravesar a nado, "para desesperación de su familia"; las largas sobremesas "arreglando el mundo" y las horas que pasaba frente al ordenador escuchando su música favorita.
![Conmemoración a Emilio Cuevas en Izaña | 09/07/2026 | Fotógrafo: Andrés Gutiérrez Taberne | [idTask=266106] [Pinakes=3761464]](https://estaticos-cdn.prensaiberica.es/clip/c5f7ff83-8d24-4418-8f9c-1e4ef5cd62d2_alta-libre-aspect-ratio_default_0_x1000y444.jpg)
Mar y Lara, las hijas de Emilio Cuevas y María José Blanco, en el homenaje al científico / Andrés Gutiérrez Taberne / ELD
Irremplazable como pocos, la marcha de Emilio Cuevas deja un hueco inmenso en la ciencia. Un vacío que; sin embargo, y gracias la placa que hoy cuelga de la fachada del Centro Atmosférico de Izaña, jamás se olvidará.
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