"Quiero evitar que otros sufran lo que yo sufrí": Ousman Umar lleva su historia al cine con 'Viaje al país de los blancos'
Llegó a Fuerteventura tras recorrer ocho países africanos y sobrevivir a un viaje "infernal". Salió de Ghana con apenas 12 años, impulsado por la curiosidad de descubrir qué había más allá de su aldea. Ahora lleva esa historia a la gran pantalla para "arrojar luz" sobre el fenómeno migratorio

Benjamin Kakraba, Dani Sancho, Ousman Umar y Victor Sey, durante el rodaje de la película. / David Panxa Fábregas
«Yo había llegado para ser la voz de mis compañeros, los que no pudieron llegar. Pero, sobre todo, para evitar que otras personas sufran lo mismo que yo sufrí». Esa certeza acompañó a Ousman Umar cuando puso un pie en Canarias en 2005, a punto de cumplir los 18 años. Había salido de Ghana, su país natal, con apenas 12 y llegó a Fuerteventura a bordo de una patera. Desde que comenzó su viaje hasta que llegó a las Islas transcurrieron cinco años. De las 56 personas que iniciaron el camino con él, solo seis lograron llegar con vida: un 3%. Ousman fue una de ellas. Pero la travesía no terminó al alcanzar las Islas. También sobrevivió a las calles de Barcelona. Durante dos meses durmió al raso, hasta que apareció «un ángel de la guarda»: Montserrat, la mujer que cambió el rumbo de su vida y le dio la oportunidad de «volver a nacer».
Fue la primera noche que durmió en casa de Montserrat, después de «llorar toda la noche preguntando por qué había sufrido tanto y qué había hecho mal para merecer tanta tortura», cuando encontró su propósito de vida: ayudar. Una voluntad que ahora da el salto a la gran pantalla con la película Viaje al país de los blancos. «Una de las mejores formas de llegar a la gran masa es a través del cine. No fue fácil, pero era la forma de que mucha gente conociera no solo mi historia, sino la de todos mis compañeros que hoy ya no están vivos», explica Ousman Umar.
El objetivo de la película no es «inventar la rueda» ni simplificar realidades, sino «arrojar un rayo de luz en la oscuridad para quienes hablan de la inmigración como un problema». Ousman prefiere hablar de oportunidades: «Quiero que la gente salga del cine entendiendo que este es el camino que todos recorremos. La película habla del camino de la vida. De la fuerza que nos levanta cuando caemos y de la razón que nos equilibra en los momentos de dificultad emocional. Pero, sobre todo, habla de la buena gente, de la bondad. Es una película que demuestra que el amor puro, la solidaridad desinteresada y el compromiso real son lo único que puede humanizarnos».
"El amor es lo único que puede humanizarnos"
La curiosidad fue el motor que le llevó a abandonar su hogar. Un deseo de entender qué hay más allá, de conocer el mundo y de buscar aquello que no tenía a su alrededor. Ese sentimiento, a su juicio, se traduce en un «espíritu de lucha que ha sacado a la humanidad desde las cuevas hasta el día de hoy». Pero la migración africana se enfrenta a una paradoja: «Cuando un hombre buscaba recursos fuera del territorio que le tocaba, le llamaban explorador. Si lo hace al revés, es un inmigrante. Cuántos europeos tuvieron que marcharse a otros continentes para buscar recursos y hacer funcionar la industria española y europea. La curiosidad fue el motor que me sacó de mi tribu, no la hambruna».
En esos cinco años de camino hacia Canarias, Ousman dejó atrás su infancia. Creció esquivando complejidades en un recorrido «infernal» que, reconoce, nadie debería vivir en pleno siglo XXI. «Un chaval adolescente tendría que estar estudiando y jugando. Sin embargo, yo estaba ganándome la vida como si fuera un hombre adulto, librando una gran batalla. A veces siento que mi vida fue como la de Benjamin Button, la película de ese hombre que nació siendo adulto».

Ousman Umar. / David Panxa Fábregas
Con apenas nueve años empezó a trabajar como chapista, soldador y en la reparación de camiones. Canarias fue su puerta de entrada, pero también lo es hoy para miles de menores que llegan solos a las costas del Archipiélago, sin la compañía de un familiar adulto. La llegada de la infancia migrante a las Islas no ha estado exenta de polémica política. En el centro del debate, la atención y protección de estos menores ha quedado, en ocasiones, relegada a un segundo plano, con todo lo que ello supone. «Lo que parece que no se entiende es que no hay que hablar de prioridad nacional, hay que hablar de prioridad humana. Lo único válido cuando hablamos de migración debería ser la acogida, la integración y la protección, especialmente cuando hablamos de los niños».
"El talento no tiene color"
Más allá de la película y de los diferentes libros que ha escrito, Ousman creó en el año 2012 la ONG Nasco Feeding Minds, a través de la cual facilita el acceso a la educación y reduce la brecha digital en Ghana. ¿El objetivo? Que las personas tengan formación, información y oportunidades en su propio país. En más de 15 años de trayectoria, el proyecto ha logrado crear cerca de 58 colegios y 21 centros informáticos. Solo este curso atiende a casi 4.000 alumnos.
El modelo funciona y los resultados apuntan a una iniciativa de éxito. «Tenemos gente capaz de trabajar desde Ghana para empresas de España sin subir a ninguna patera. Hemos creado una empresa social llamada Tech Talent África, donde esta misma mañana había más de 23 personas trabajando desde Ghana como informáticos para empresas españolas. Trece de ellos trabajan, concretamente, para el Banco Santander sin salir de Ghana. El talento no tiene color», subraya. El reto, eso sí, sigue siendo mayúsculo. La falta de subvenciones públicas dificulta el camino. «Esto no va de mí, va de nosotros. Con oportunidades, cualquier persona que llegue aquí, como yo, puede darle la vuelta a su realidad y contribuir, de forma positiva, al crecimiento económico del país», concluye Ousman Umar.
Después de años en Europa y tras su propia experiencia, Ousman reconoce que quienes arriesgan su vida en las rutas migratorias lo hacen, principalmente, por tres motivos: la falta de formación, de información y de oportunidades. Él logró llegar a Europa con vida, pero no se considera un hombre exitoso. «Soy un fracasado, pero jamás pierdo la ilusión». A aquel niño que con apenas 12 años salió de casa e inició un camino lleno de dificultades le diría que «siga soñando», porque «nadie tiene derecho a matar o arrojar el sueño de un niño a la basura».
Ousman Umar también tuvo la oportunidad de saludar al papa León XIV durante su visita al Archipiélago. Un encuentro que supuso «una luz de esperanza» para quienes viven de cerca el fenómeno migratorio. «A veces lo único que se necesita es que alguien te dé la mano, y que el máximo representante de la Iglesia católica lo haga es una alegría», afirma. Las palabras del pontífice adquieren una relevancia especial en un momento marcado por el auge de los discursos de odio contra la migración. «Muchos de los partidos que se posicionan en contra de la migración son católicos y el mensaje del papa ha arrojado la verdad», sostiene.
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