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Dos pueblos convertidos en los 'hornos' de Canarias: así conviven Las Mercedes, en Tenerife, y La Aldea, en Gran Canaria, con el calor extremo

Las temperaturas extremas del cambio climático se ceban con los 1.200 habitantes de localidad lagunera y los 7.400 que viven en el municipio de Gran Canaria

Mercedes Rojas, vecina de Las Mercedes, bebe agua.

Mercedes Rojas, vecina de Las Mercedes, bebe agua. / Andrés Gutiérrez

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Las Mercedes (La Laguna) / La Aldea de San Nicolás

En Las Mercedes hoy corre algo de brisa, aunque no ha sido la tónica de los últimos días. El intenso calor se ha empadronado en el pequeño pueblo de Tenerife, como si quisiera vivir para siempre entre las casitas terreras que parecen pintadas sobre los bordes de un par de carreteras. Aledaño a La Laguna, el pueblo Las Mercedes es a menudo relacionado con el frío y la lluvia, pero nada más lejos de la realidad. "Aquí somos de extremos: o hace mucho calor o hace mucho frío". Lo asevera Bruno Hernández, un vecino de toda la vida del Camino de las Mercedes, que admite que desde hace unos años el calor es un visitante recurrente que se ha vuelto insoportable.

En Canarias las olas de calor no golpean igual en todos lados. Hay determinadas zonas que, cuando reciben los embates de aire caliente africano, se caldean mucho más que el resto. Una mezcla de condicionantes que van desde su escarpada orografía (ambos se encuentran amurallados por varias montañas) hasta la dirección que toma el viento durante las olas de calor, son los que hacen que Las Mercedes, perteneciente a La Laguna, en Tenerife, y La Aldea de San Nicolás, municipio de Gran Canaria, se conviertan, con cada nuevo episodio de altas temperaturas, en auténticos hornos que truncan durante días la vida de sus habitantes.

Ambos lugares comparten un relieve montañoso que las convierte en calderas y que impide que el aire se renueve como puede ocurrir en zonas más abiertas o las que se benefician del efecto del mar. En el caso de La Aldea, el aire caliente desciende desde la ladera hasta el pueblo, donde se empoza. En lo que se refiere a Las Mercedes, el aire asciende muy caliente desde Santa Cruz y se queda atrapado entre las montañas. Que el aire no se renueve podría no ser más que un problema puntual. Sin embargo, cuanto más se dilata el episodio de altas temperaturas en el tiempo, más se acumula un bochorno que va in crescendo.

El calor trunca los gestos cotidianos

En días de mucho calor –como los han vivido esta semana los 1.032 habitantes de Las Mercedes y los más de 7.400 de La Aldea –, gestos tan cotidianos como ir a comprar a la ventita, visitar a un vecino para compartir el café de la tarde, repartir el correo o el pan o esperar por la guagua se convierten en un riesgo para la salud.

Gerardo Araujo ha tenido que salir sobre las 11 de la mañana a la farmacia para evitar el intenso calor. Este vecino de la Aldea de San Nicolás aprovecha las primeras horas del día para hacer recados, ya que desde las 14.00 hasta las 17.00 horas tilda de "imposible" salir de casa.

Los 1.200 habitantes de Las Mercedes viven el calor extremo

Bruno Hernández, refresca a su perro con la manguera / Andrés Gutiérrez

Para ambos pueblos, la vida en el exterior se vuelve insoportable a partir del mediodía. "En casa abrimos las ventanas para refrescar la vivienda hasta las 12:00 hora; pero a partir de entonces nos metemos en la parte baja de la casa y no volvemos a abrirlas hasta la noche", apuntala Bruno Hernández, que afirma que en estos días no han podido volver a abrirlas hasta las 22:00 horas. En los meses de verano, la Aldea –que ha llegado a registrar en algunos años temperaturas máximas de hasta 45 grados– se convierte en un pueblo fantasma, por el que es imposible transitar.

Máximas de 37 grados

Desde que comenzó este último episodio de altas temperaturas, La Aldea de San Nicolás ha registrado máximas de 37,4 grados y temperaturas superiores a los 35 grados durante más de tres días. Las Mercedes, por su parte, ha alcanzado los 37 grados durante los últimos tres días en una estación que se encuentra a 800 metros de altura en el Llano de Los Loros. "Esto es ahí arriba", explica una de las vecinas del pueblo, la costurera de 79 años Mercedes Rojas quien desde su casita terrera alcanza a señalar a la ladera que fortifica el pueblo y que colinda con el Parque Rural de Anaga.

Fabiola Hernández trabaja como repartidora de Correos en La Aldea de San Nicolás, en Gran Canaria. Ante la alerta por temperaturas máximas decretada por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y las autoridades competentes, su jornada laboral ha tenido que adaptarse para evitar las horas de mayor riesgo y a las 13.00 horas debe estar de vuelta en la oficina.

«Estas mañanas están siendo fatídicas», confiesa mientras se abanica con un sobre. "Yo no recuerdo que haya hecho tanto calor nunca", explica. Por suerte, la trabajadora cuenta con aire acondicionado en casa, lo que le permite sobrellevar la situación cuando cae la noche. La solución el resto del día, cuenta, pasa por beber mucha agua, llevar gorra e intentar caminar por la sombra.

Soluciones creativas contra el calor

Pero no todos los vecinos de estos dos municipios tienen la suerte de contar con una instalación de aire acondicionado en sus hogares. "Nosotros siempre tenemos los ventiladores encendidos, a todas horas, es la norma", resalta Hernández desde Las Mercedes, que admite tener la voz "un poco tomada" porque en los últimos días ha tenido que dormir todos los días frente al ventilador. Otros aprovechan las partes más frescas de las viviendas (ubicadas, habitualmente, en las plantas baja) o buscan ideas creativas para evitar el bochorno, como poner tela negra en las ventanas o hacer una cama improvisada a la fresca. "Mi madre pone el colchón en el comedor y llega a sacarlo al balcón en días de mucho calor", afirma Carmen Rosa, también vecina de Las Mercedes.

Los 1.200 habitantes de Las Mercedes viven el calor extremo

Mercedes Rojas, por fuera de su vivienda. / Andrés Gutiérrez

En lo que coinciden los habitantes de ambas localidades, especialmente los más veteranos, es que este calor no es como el de antes. A sus 90 años, Gerardo Araujo no recuerda haber vivido un verano tan caluroso en su municipio natal y lo mismo siente Mercedes Rojas. "Lluvia ha habido mucha, pero calor así, nunca", sentencia. Ante el intenso calor, muchos vecinos no ven otra salida que ir a la playa o refugiarse en casa. «No nos queda otro remedio», apunta Araujo.

El mar queda lejos

Sin embargo, no todos los habitantes de estos pueblos tienen la posibilidad de acudir al mar a refrescarse. Gertrudis Rita vive en una de las casas más antiguas de la localidad, construida en 1900 junto a los talleres. Con nostalgia, recuerda que de joven caminaba todos los días desde su casa hasta la playa, un lugar del que sigue profundamente enamorada. Ahora mismo, esto no es opción para ella, ya que no existe ninguna guagua que conecte el casco del pueblo con la playa, lo que le impide desplazarse hasta allí.

Ahora, con 94 años, no puede visitar su sitio favorito debido a que no hay ninguna guagua que vaya desde el pueblo hasta la playa. En el caso del pueblo tinerfeño, el problema es que el transporte público tiene frecuencias reducidas, con lo que los usuarios muchas veces se ven obligados a esperar al menos media hora bajo el inclemente sol a la espera del transporte público. Rojas tiene la costumbre visitar a su madre de 99 años en la residencia que se encuentra en El Socorro. Sin embargo, esta semana no ha podido hacerlo debido a las altas temperaturas. «Había un solajero en la parada de guaguas que me dio un medio golpe de calor y tuve que llamar a mi sobrina para que me buscara», rememora la mujer.

Dormir a más de 20 grados

Lo peor, sin embargo, llega por las noches, porque ese calor atorado durante el día en ambos municipios, no tiene escape. Los vecinos de ambos lugares son ya expertos en dormir a más de 20 grados, pero no por eso son inmunes.

"En alguna ocasión, me he levantado a media noche para ir al baño y me he desmayado antes de irme a la cama", explica Hernández, que asegura que, en la vez que le ocurrió, se asustó tanto que acudió al hospital pensando que sería algo grave. "Finalmente, concluyeron que era deshidratación", explica. El joven de 32 años sufre una enfermedad neurológica y, por eso, afirma que los días de calor son insoportables. "Aunque ponga el ventilador toda la noche, acabo sudando", recalca.

Otros ni siquiera llegan a conciliar el sueño. "Me he pasado toda la noche despierta, sentada en la cama y abanicándome, es horrible", relata la nonagenaria Gertrudis Rita. Y es que las noches tropicales (es decir, a más de 20 grados), son uno de los motivos principales de fallecimiento durante estas olas de calor. La Aldea y Las Mercedes son hoy excepciones de una situación que, sin embargo, en poco tiempo afectará a todo el Archipiélago y que truncará por completo la vida en Canarias, como ya hace en el día a día de estas personas.

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