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El proyecto que rescata el español antiguo de Canarias: “Es un trabajo que no puede hacer la IA”

Una investigación impulsada por la ULL y el Cabildo de Tenerife transcribe y digitaliza documentos históricos para preservar y reconstruir cinco siglos de evolución del habla en el Archipiélago

La investigadora Noemí Vales y el director principal del proyecto, Marcial Morera.

La investigadora Noemí Vales y el director principal del proyecto, Marcial Morera. / María Pisaca

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Claudia Morín

Claudia Morín

Santa Cruz de Tenerife

El español que se hablaba hace siglos en Canarias no se encuentra en documentos oficiales, sino en los testimonios de los propios hablantes, es decir, en diarios y epistolarios. En los textos formales, la fonética –los sonidos– y la gramática popular desaparecen porque se aplica la norma estándar. Todo esto hace que la preservación del lenguaje y, sobre todo de sus particularidades, sea una labor especialmente complicada.

Gracias al desempeño –y a la paciencia– de investigadores como Noemí Vales, las futuras generaciones del Archipiélago podrán saber cómo hablaban sus antepasados. Esta doctora en Filología, junto a otros seis compañeros, está inmersa en un proyecto para digitalizar el español que se ha usado en las Islas desde el siglo XVI hasta el XXI. Bajo la batuta de Marcial Morera, director de la investigación, tratarán de extraer las principales características del dialecto, para conocer así su evolución.

Esta tarea, sin embargo, no es tan sencilla como abrir un libro o un cuaderno y empezar a leer. «La gente piensa que siempre se ha escrito de la misma manera y la caligrafía, la letra, ha cambiado mucho a lo largo del tiempo», explica Morera. Antes de poder sacar alguna conclusión, es necesario todo un engranaje en el que intervienen profesionales especializados en la filología, la paleografía –el estudio de los tipos de escritura antigua y de su evolución– y la informática, entre otros campos.

¿Cómo lo han hecho?

Vales será la encargada de descifrar cada uno de los documentos. Para ello, ha tenido que aprender a leer y a diferenciar la letra cortesana, utilizada entre los siglos XV y XVI en cartas y documentos oficiales de la corte de los Reyes Católicos y la administración, y la procesal, una versión más exagerada y desordenada que nació en los tribunales. «Las grafías son mucho más complejas de transcribir y hay que hacerlo con todo el cuidado y con todo el detalle; es un trabajo que no se puede encargar a la inteligencia artificial, al menos, de momento», subraya.

Esta labor de transcripción también es compleja porque intenta respetar todo el contenido lingüístico. «Los historiadores, por ejemplo, cuando se encuentran con textos así corrigen las faltas de ortografía, pero eso es un error; inutiliza el texto para los filólogos porque, aunque el escritor fuera una persona culta, en el siglo XVIII no existía esa obsesión, ese prejuicio, por la ortografía académica», argumenta el investigador principal.

¿Cuánto durará el trabajo?

Este proyecto, posible gracias a una colaboración entre la Universidad de La Laguna (ULL) y el Cabildo de Tenerife, empezó hace poco más de un año. Todavía le quedan otros dos por delante, pero creen que podrían seguir tirando del hilo casi de manera infinita. Eso sí, siempre que la financiación lo permita.

Vales, que antes de dar el salto a la investigación estuvo trabajando como docente, analiza cada día una cantidad «ingente» de documentos del Fondo General de Inquisición, un archivo histórico que guarda los registros de los tribunales del Santo Oficio. El más antiguo de todos es de 1525 y, de ahí, en adelante. «Tienes que habituarte a las grafías, cada documento tiene una letra distinta, por lo que cada vez que abro uno hay que resetear, identificar el alfabeto concreto de ese texto y descubrir qué abreviaturas contiene; muchas veces también terminas resolviendo dudas por contexto», detalla.

Una parte de la historia de Canarias

Esta parte inicial es la más tediosa. A medida que avancen en el tiempo, el proceso será más rápido porque la letra no entraña tanto misterio y no hay que dedicarle tanto rato a la transcripción. «Al ser documentos de la Inquisición contienen testimonios de personas que fueron procesadas, un material que también es útil para conocer la historia de Canarias», defiende.

Sin la correspondiente plataforma informática, la transcripción, por muy elaborada que sea, terminaría perdiéndose con el paso de los años. Para crear un corpus lingüístico, es decir, una gran biblioteca digital, necesitan la ayuda de Gerardo Felipe, quien revisará la digitalización y elaborará una página web. El resto del equipo lo conforman José Juan Batista, como codirector del proyecto; Irma Mora, encargada de ayudar en las labores de localización de documentos y paleografía; Narés García, que estudia la fonética histórica; y Luis Amador Rodríguez, que se ocupará de la formación de palabras.

¿Ampliar la colección es posible?

En un futuro se podría ir ampliando esta colección, ya que muchos de los documentos todavía permanecen guardados en archivos privados o domicilios particulares. «El interés sentimental dura un par de generaciones, después desaparece, por lo que también es complicado que las cartas familiares, por ejemplo, se conserven durante tanto tiempo», resalta Morera.

En el Archipiélago, un territorio que hasta hace poco tenía un porcentaje de analfabetismo muy alto, estos textos cobran especial relevancia porque están llenos de una escritura que no es más que una mera reproducción de la lengua hablada. «Eso es lo que nos interesa, la lengua escrita es un invento genial que nos ha permitido que la cultura se transmita durante mucho tiempo, pero no podemos olvidar que no es más que eso, un invento; la lengua hablada es la real, la más natural y la que, por tanto, evoluciona”, destaca.

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