Arte
Ione Domínguez transforma un estanque abandonado en una galería de arte para hablar sobre el territorio
‘Hay un perenquén en esta charca’ es el título de la iniciativa puesta en marcha por el artista tinerfeño, en un lugar indeterminado, donde el joven reflexiona sobre la identidad

El proyecto de Ione Domínguez, 'Hay un perenquén en esta charca'. / Paula Fuentes

Hay un rincón al aire libre, un antiguo estanque abandonado, un recinto enorme en el que la inacción ha dado paso a la creación artística. En un lugar indeterminado de la geografía insular. El tinerfeño Ione Domínguez propone, con Hay un perenquén en esta charca, un proyecto que trasciende lo estrictamente expositivo para convertirse en una reflexión sobre el territorio, la memoria y las formas de habitar el paisaje en Canarias. La iniciativa, puesta en marcha en un escenario que sale fuera de la habitual galería de arte, combina la creación contemporánea con la mirada local, y se articula como un ejercicio de observación y reinterpretación de lo cotidiano.
Este proyecto es el resultado de varios años de trabajo en este espacio descubierto por casualidad. Sin embargo, lejos de plantearse como una obra cerrada, la idea de Domínguez es dar forma a un proceso abierto, vinculado al entorno y a sus experiencias personales. «Me interesa fijarme en lo pequeño, en lo que muchas veces pasa desapercibido», indica el artista, quien subraya así su intención de rescatar detalles que forman parte de la identidad del territorio.
Colaboración
El título de la iniciativa en la que Domínguez ha invitado a participar, además, a los espacios expositivos de La Panera (Tenerife) y El Palmeral (Gran Canaria) funciona como una metáfora que condensa la mirada del autor. El perenquén es una especie endémica de Canarias, que aquí se convierte en un símbolo de resistencia, adaptación y pertenencia. Por su parte, la charca remite a un espacio de encuentro entre lo natural y lo humano, y donde confluyen historias, usos y transformaciones. «La charca es el punto donde todo sucede, donde se cruzan las vidas y los tiempos», resume el artista.
Domínguez reivindica de esta manera una relación más consciente con el entorno, por lo que se aleja de visiones idealizadas y se centra en las tensiones y los cambios: «No se trata de romantizar el paisaje, sino de entenderlo, de escuchar lo que nos está diciendo».
Observación
El proceso creativo que se desarrolló durante varios años estuvo marcado por la experimentación y la conexión directa con el lugar. Por eso, trabajó de la mano de la observación, el registro y la intervención y generó piezas que ahora dialogan con el espacio y con quienes lo habitan. Y por eso también, el tiempo y la presencia sentaron las bases de su metodología.
Aunque se trata de un proyecto individual –hasta ahora–, Domínguez desea otorgarle una dimensión comunitaria y por eso incorpora relatos, recuerdos y vivencias de personas vinculadas al territorio. De este modo, la obra se convierte en un archivo vivo que recoge distintas formas de relación con el paisaje. En este sentido, la iniciativa se enmarca en una línea de trabajo que el artista ha venido desarrollando en los últimos años y que está centrada en explorar la identidad insular desde una perspectiva contemporánea. Su práctica combina elementos visuales, sonoros y narrativos, generando experiencias que invitan a la reflexión y al diálogo. En este caso, el perenquén y la charca actúan como ejes simbólicos que articulan una propuesta cargada de significado.
Fragilidad
Además, el proyecto plantea una reflexión sobre la fragilidad de los ecosistemas y la necesidad de preservarlos. En concreto, Domínguez pone el foco en las transformaciones que afectan al territorio, desde la presión urbanística hasta el abandono de prácticas tradicionales. «Estamos perdiendo muchas cosas sin darnos cuenta», lamenta.
Con la participación de La Panera y El Palmeral, el proyecto congrega discursos colectivos
Hay un perenquén en esta charca se presenta así como una invitación a mirar de otra manera. El trabajo de Ione Domínguez propone un acercamiento sensible y crítico al paisaje canario, situando en el centro cuestiones como la memoria, la identidad y la relación entre estas y su entorno. Así, en un contexto donde el desarrollo y la modernización avanzan a gran velocidad, el proyecto adquiere una relevancia especial al reivindicar la importancia de lo local y de las historias que habitan en los márgenes. Domínguez resume: «Al final, todo está ahí, solo hay que pararse a mirar».
Dos espacios involucrados
Las colaboradoras Elena García (La Panera) y Elena Marrero (El Palmeral) expresan que Hay un perenquén en esta charca es una propuesta cargada de sensibilidad, riesgo y apertura. Marrero destaca «lo interesante de la idea» y subraya además el valor de compartirlo con García, puesto que la iniciativa se articula como «un reto enriquecedor para todas». Por su parte, García pone el foco en el componente humano y emocional y que «lo primero que pensé fue en la generosidad de Ione», por lo que destaca la confianza depositada al abrir para ellas un espacio íntimo y cargado de memoria.

Un detalle del proyecto de Ione Domínguez, 'Hay un perenquén en esta charca'. / Paula Fuentes
Uno de los grandes valores del proyecto reside en su emplazamiento. Marrero señala que «no estar dentro del cubo blanco es el punto fuerte», ya que convierte una charca en espacio expositivo y rompe con lo convencional. García coincide al afirmar que «salirse del formato convencional e institucional es precisamente lo que le da fuerza» y habla además de las condiciones cambiantes del entorno natural, que condicionan de manera decisiva la obra resultante.
Lugar indeterminado
El carácter secreto de la ubicación añade otra capa significativa. Marrero considera que «la incertidumbre es atrayente» y genera una relación más personal entre el visitante y el espacio. La encargada de La Panera explica que esto «hace que visitarla sea un acto consciente», lo aleja del consumo cultural habitual y preserva su intimidad. En cuanto al futuro, ambas coinciden en que el proyecto permanece abierto. Marrero destaca que «no está cerrado» y propone llenarlo con actividades o publicaciones, mientras García insiste en «seguir acompañando» el proceso sin imponer límites, fomentando nuevas formas de diálogo y comunidad.
Ambas han escrito una serie de textos en los que reflejan ese acompañamiento. Marrero resalta «el conjunto» como resultado de una doble mirada, mientras García aclara que el objetivo «no busca clausurar nada ni imponer un discurso», sino acompañar un proceso creativo que, tras su inauguración, se encuentra más vivo que nunca.
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