Arte
La canaria Nayra Martín Reyes transforma su cuerpo en alimento para canarios en una performance en Bélgica
La creadora presenta 'AKANARI', una performance de cinco horas en la que compartió una jaula con 50 canarios para reflexionar sobre la manipulación de los cuerpos y la historia poscolonial de las Islas

Un momento de la performance de Nayra Martín Reyes en Bélgica. / Jeroen Van Caneghem.

Durante cinco horas, Nayra Martín Reyes permaneció acostada dentro de una jaula. No estaba sola. A su alrededor volaban 50 canarios domésticos de color. Sobre su cuerpo, cubierto de miel y semillas, los pájaros encontraban alimento. Algunos se acercaban al estómago, otros a los pies, a la cabeza o a las orejas. La artista canaria se convirtió así en un cuerpo-semilla: una presencia quieta y totalmente respetuosa con el bienestar de los pequeños pájaros que activaba una reflexión sobre la explotación, la migración, la memoria colonial y el patrimonio natural de Canarias. "Para mi es importante especificar que la performance es una colaboración con los canarios, con los serinus canaria domestica", precisa la artista al inicio de su relato.
La acción se titula AKANARI e inauguró el pasado fin de semana la Bienal de Pintura de Bélgica, una de las citas artísticas más relevantes del país. La propuesta permanecerá instalada hasta el próximo 8 de octubre.
La idea de la creadora
“Yo me transformo en semilla, en cuerpo semilla, para ofrecerme a los pajaritos como alimento”, explica Martín Reyes. La performance se desarrolló dentro de una jaula de dos por dos metros. En ese espacio cerrado, la artista compartió el tiempo, el alimento y la respiración con los canarios. “Ellos, para comer, tenían que venir a mi cuerpo y coger semillitas. Estaban por todos sitios: en el estómago, en la cabeza, en los pies, en las orejas”, relata.

Un detalle de la interacción entre la artista y los canarios. / Jeroen Van Caneghem
La conexión con su anterior proyecto
La pieza mantiene una relación directa con Xaxo, uno de sus trabajos anteriores en el que la artista abordaba la explotación del cuerpo ancestral guanche en los museos. En esta nueva obra, la mirada se desplaza hacia los cuerpos no humanos y hacia el patrimonio natural del Archipiélago. “Continúa lo que estaba trabajando sobre la manipulación de los cuerpos para la explotación”, señala. “En Xaxo era la explotación del cuerpo ancestral guanche en los museos y en esta es la explotación de los no humanos, del patrimonio natural también de Canarias”.
El canario aparece aquí no como una imagen amable, decorativa o exótica, sino como un símbolo cargado de historia. Martín Reyes recuerda que los canarios domesticados que hoy existen en distintos lugares del mundo descienden de la especie salvaje canaria. Tras la colonización de las Islas, estos pájaros fueron capturados y comercializados por su espectacular canto. “Se dieron cuenta de lo bonito que sonaban”, apunta la artista, que establece un paralelismo con la historia de los aborígenes canarios, también capturados y esclavizados en distintos momentos del proceso colonial.
En la obra conviven, por tanto, dos relatos de desposesión: el de los cuerpos humanos y el de los cuerpos animales. “Van como en paralelo esas dos historias”, resume Martín Reyes. El canario, convertido durante siglos en ave de compañía, objeto de prestigio y elemento ornamental, arrastra para la artista una memoria de captura, domesticación y transformación.
La presencia de una especie canaria en los Países Bajos
Esa lectura se amplía en el contexto flamenco. La artista explica que, cuando los canarios empezaron a popularizarse en los Países Bajos, se convirtieron en mascotas apreciadas por las élites porque transmitían una idea de sofisticación, conocimiento del mundo y refinamiento. De ahí pasaron también al arte, a grabados y pinturas en los que aparecían asociados a mujeres de las clases altas, como un accesorio más de la escena doméstica.
“Se convirtió casi en un accesorio”, señala Martín Reyes. Su propuesta busca subvertir esa imagen. Frente al canario convertido en símbolo de distinción o en elemento decorativo, AKANARI devuelve al ave su historia de desplazamiento y manipulación. “Fueron robados y manipulados para lo que el mercado quería”, afirma. “Al mercado le gustaba que cantara, pero no era tan bonito el canario. Entonces lo empezaron a manipular genéticamente”.
Colaboración con un club de Flandes
La performance se realizó con la colaboración de un club de canarios de color de Flandes, cuyos miembros prestaron los ejemplares para la acción. Había canarios rojos, amarillos, blancos y ejemplares especializados en el canto. Para la artista, ese contacto abrió una dimensión inesperada del proyecto: la constatación de una tradición histórica que une Canarias y Flandes a través de estos animales.
“Me he dado cuenta de que esto es una tradición histórica que une las Islas y Flandes”, explica. El canto de los pájaros fue una de las capas más interesantes de la experiencia. “Cuando se ponen a cantar es muy intenso. Cantan entre ellos, uno al otro, para afirmar su dominancia”, cuenta. Dentro de la jaula, la artista sintió que formaba parte de “una especie de ecosistema” en el que ella era, al mismo tiempo, presencia humana, alimento y sustento.
Una palabra aborigen
La palabra AKANARI remite al término "canario" en la antigua lengua vinculada al amazigh. Martín Reyes eligió esa forma por su sonoridad y por su capacidad para conectar con los orígenes. “Quería hacer referencia a nuestros orígenes, a esa lengua que se borró, como tantas otras muchas cosas”, explica. El título funciona así como una recuperación lingüística y simbólica: una forma de volver hacia aquello que la historia colonial intentó desplazar.
La obra también dialoga con el presente de Canarias. Martín Reyes vincula la pieza con la preocupación por el deterioro del ecosistema del Archipiélago y con los movimientos ciudadanos que reclaman medidas para proteger el territorio. “El ecosistema canario está fatal”, advierte. “Espero que este trabajo también ponga su granito de arena para crear más conciencia sobre la necesidad de hacer algo, porque no podemos dejar que se nos vaya de las manos”.
Símbolo de la emigración
La dimensión migratoria atraviesa igualmente la propuesta. Las semillas, como los pájaros y como las personas, viajan de un lugar a otro. Se desplazan, germinan, transforman el mundo y son transformadas por él. La propia artista, residente desde hace años en Bélgica, se reconoce en esa circulación. “El hecho de que yo haya sido cuerpo semilla también es para hablar de la emigración”, señala. “Las semillas van de un sitio a otro, los canarios también, y por eso me identifico con ellos, porque llevo aquí tanto tiempo y también he cambiado”.
Tras la acción inaugural, la instalación permanece viva. La artista ya no está dentro de la jaula, pero quedan varios canarios, la estructura, la marca de su cuerpo sobre el zócalo cubierto de semillas y dos vídeos que documentan la performance. El cuerpo se ha retirado, pero su huella continúa presente.
La acogida del público fue, según Martín Reyes, “maravillosa”. La artista pensó que, al tratarse de una inauguración, habría momentos de pausa durante las cinco horas de duración. Ocurrió lo contrario. “Durante las cinco horas hubo gente. No paró de haber gente”, recuerda. “Me han llegado mensajes, correos, fotos, expresando lo que sintieron al ver la performance”.
En la jaula, mientras el público observaba desde fuera, la artista apenas miraba. Permanecía concentrada en los pájaros. “Yo veía solamente personas que se movían por los lados, pero estaba concentrada con mis pajaritos, mis canarios”, cuenta. Algunos se acercaban a comer de su oreja. “Los oía como hablándome. Me enamoré de los canarios”, confiesa.
En Bélgica, a miles de kilómetros de las Islas, Nayra Martín Reyes vuelve a situar a Canarias en el centro de una reflexión internacional sobre la memoria y naturaleza.
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