Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Arte

Pérez y Requena exploran la memoria urbana de Santa Cruz en TEA Tenerife

Pérez y Requena inauguran Un loro, tres bares y dientes de oro, una exposición que convierte los rastros urbanos, los oficios, los comercios y las ausencias dela capital tinerfeña en materia artística

Un detalle de la presentación de la exposición.

Un detalle de la presentación de la exposición. / El Día

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
El Día

El Día

Santa Cruz de Tenerife

Hay ciudades que desaparecen sin hacer ruido. Primero baja la persiana de un bar. Después se desmonta un rótulo. Más tarde se borra una fachada, cambia una calle, se derriba un local nocturno o se sustituye una forma de vida por otra más limpia, más moderna, y también más desmemoriada. De esos restos que apenas sobreviven en la memoria urbana nace Un loro, tres bares y dientes de oro, el nuevo proyecto expositivo de Pérez y Requena en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

La muestra, que se inaugura este viernes 3 de julio a las 19:00 horas y podrá visitarse de forma gratuita hasta el 18 de octubre, reúne dieciséis obras de nueva producción realizadas específicamente para el museo. El proyecto está comisariado por Latitudes —Mariana Cánepa Luna y Max Andrews— y Néstor Delgado Morales, y propone un recorrido por las dimensiones menos visibles de la ciudad: aquello que no suele aparecer en los relatos oficiales del progreso urbano, pero que sostiene buena parte de su memoria afectiva.

Pérez y Requena llevan más de una década construyendo un archivo propio en torno a las transformaciones sociales y urbanas de Santa Cruz de Tenerife. No se trata de un archivo cerrado ni ordenado como un inventario, sino de un material vivo, inestable, hecho de imágenes, documentos, objetos, historias, rumores, restos gráficos y fragmentos de una ciudad que ha ido cambiando de piel.

Constelación de imágenes

Los propios artistas explican que la exposición empieza ya desde el título. Un loro, tres bares y dientes de oro funciona como una constelación de imágenes antes que como una frase cerrada. Es una invitación a activar recuerdos y asociaciones incluso antes de entrar en la sala. Un loro puede ser una imagen doméstica o exótica; tres bares pueden condensar una geografía sentimental; unos dientes de oro pueden remitir al cuerpo, al brillo, a lo popular, al ornamento o a la supervivencia.

El proyecto se inscribe dentro de una investigación artística más amplia que los autores desarrollan bajo el nombre de Conquistador. Con el tiempo, esa investigación ha ido adquiriendo la forma de un archivo expandido, atravesado por materiales muy distintos y por relatos que a menudo quedan fuera de la versión dominante de la ciudad.

El pasado de Santa Cruz

La exposición no reconstruye el pasado de Santa Cruz de forma documental. No busca levantar una maqueta nostálgica de lo perdido ni convertir la sala en un álbum de recuerdos. Su estrategia es otra: activar rastros. Arquitecturas desaparecidas, fragmentos urbanos, materiales de comercios, oficios artesanales, fotografías descartadas, patrones obsoletos y ecos visuales reaparecen en TEA como presencias casi fantasmales.

Otro momento de la presentación.

Otro momento de la presentación. / El Día

La antigua tienda Topacio

Uno de los ejemplos más llamativos es una instalación realizada con 36 metros de neón rosa procedentes de la antigua tienda Topacio, situada en el edificio Olympo. Ese material, rescatado de un comercio concreto, permite hablar no solo de un lugar, sino de una forma de ciudad: la de los pequeños negocios, los rótulos, las economías populares, los recorridos cotidianos y las memorias compartidas que suelen desaparecer antes de que nadie se pregunte por ellas.

La muestra se organiza en varios ámbitos. Uno de ellos gira en torno a la edición expandida, con obras que trasladan al espacio expositivo elementos gráficos que antes existían en soportes impresos. Es decir, materiales que salen de la página para ocupar la sala, como si el archivo dejara de ser únicamente consulta y se convirtiera en experiencia física.

Otro bloque recupera indicios de la vida cotidiana de Santa Cruz para hablar de sus condiciones sociales, históricas y afectivas. A medio camino entre ambos aparece una línea de trabajo vinculada al dibujo expandido y al archivo documental, con piezas que remiten a elementos ordinarios como el toldo de un bar o las plantillas de zapatero y ebanista.

El consejero de Cultura, Museos y Deportes del Cabildo de Tenerife, José Carlos Acha, destacó durante la presentación el rigor de una propuesta que invita a reflexionar sobre la evolución del entorno urbano. Acha vinculó el proyecto con las ciudades en perpetuo cambio y con fenómenos como la gentrificación, en los que la trama urbana se destruye y reconstruye de manera constante.

El museo y su emplazamiento

La reflexión resulta especialmente significativa en TEA. El museo se levanta en un entorno, el de Miraflores y El Cabo, que ha sido profundamente transformado por procesos de regeneración urbana. La propia implantación de TEA formó parte de ese cambio. Por eso, la exposición no habla de la ciudad desde fuera, sino desde un lugar atravesado por esas mismas tensiones.

Néstor Delgado Morales subraya precisamente esa dimensión. Para el comisario, el trabajo de Pérez y Requena es fundamental para pensar las transformaciones urbanas que ha vivido Santa Cruz de Tenerife, unos cambios que afectan directamente al modo en que se habita la ciudad y que tienen localizaciones muy concretas.

El derribo reciente de uno de los antiguos locales nocturnos de la calle Miraflores funciona como uno de los puntos de partida del proyecto. Ese gesto permite reflexionar sobre las formas de habitar, la memoria urbana y las consecuencias que los procesos de renovación y gentrificación tienen sobre el tejido social. Lo que desaparece no son solo edificios: desaparecen usos, encuentros, oficios, economías y maneras de estar en la ciudad.

Así son Pérez y Requena

Israel Pérez y María Requena, nacidos en 1975 y 1978 respectivamente, se licenciaron en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, donde actualmente ejercen también como docentes. Su trayectoria ha estado marcada por una atención sostenida a los procesos urbanos, los archivos, las imágenes y los modos en que el tiempo transforma el territorio. Han participado en exposiciones colectivas como Concretos, en TEA y el MUSAC, o No news, good news, en el CAAM, y entre sus proyectos individuales recientes figuran Conquistador y The Fall.

En esta nueva propuesta, su práctica se articula a partir de la idea de dibujo expandido. La línea no aparece solo sobre el papel, sino también en el espacio, en los objetos, en los materiales desplazados, en las formas que se tensan entre lo recto y lo sinuoso. El dibujo se convierte en una manera de leer la memoria y el paso del tiempo como fuerzas que modelan los espacios que habitamos.

Un loro, tres bares y dientes de oro no pretende fijar un significado único. Sus piezas funcionan como viñetas, escenas parciales y fragmentos residuales. No ilustran una historia cerrada, sino que hacen perceptible una ausencia. En ese gesto reside buena parte de su fuerza: no intenta devolvernos la ciudad perdida, sino obligarnos a mirar el hueco que ha dejado.

Horario

La exposición se podrá visitar de martes a domingo y festivos, de 10:00 a 20:00 horas. Además, este viernes 3 de julio a las 19:00 horas se celebrará un encuentro público con los artistas y los comisarios, una oportunidad para conocer de cerca el proceso creativo y la investigación que sostiene el proyecto.

Tracking Pixel Contents