"Venezuela está hecha una mierda"
Mario, un venezolano que reside en La Palma desde 2018, vivió los terremotos en el estado de Guárico tras tener que volar hasta Caracas a visitar a un familiar enfermo de gravedad

Javier Vendrell Camacho

"Estamos agotados, sin fuerzas... La ayuda no llega; estamos desesperados". La frase la firma Mario Luis Rivero, un venezolano nacido en Caracas que desde 2018 reside en La Palma. Ya tiene la nacionalidad española y el pasado 21 de junio viajó a Venezuela con su esposa y su hijo para visitar a un familiar que está pasando por un problema de salud grave, casi irreversible. El doble seísmo del jueves los pilló en El Sombrero, en el corazón del estado de Guárico y en pleno valle de Aragua, y aún tiene el susto metido en el cuerpo: "Fueron unos segundos terribles, todo se movió de lado a lado y empezaron a aparecer las grietas", relata a la espera de conocer el paradero de amigos que residen en Caracas, La Guaira y Maracaibo. "Están fallando todos los servicios", dice sobre una realidad cogida con alfileres: "El país está abandonado, no es el que dejé cuando me fui a Canarias... Y eso que en los últimos 28 años se han entretenido robando todo lo que tenían por delante".
"Aquí estamos con los brazos amarrados, a la espera de que el mundo nos auxilie". Esta frase, en boca de un venezolano que reside desde hace ocho años en La Palma y que ahora le ha tocado vivir esta tragedia en casa, es el sentimiento generalizado de un pueblo que reclama a gritos que "no los dejen solos".
Ocho años en La Palma
Mario se vino a España hace 8 años con una mano delante y otra detrás. En principio, su mujer y su hijo de dos años eran los que iban a instalarse en la casa de una prima de Puntallana (La Palma) y él eligió Argentina como punto desde donde impulsar un reencuentro en el Archipiélago. Cambio de planes. Los tres acabaron reubicados en la Isla Bonita. Su esposa limpiaba casas y él acumuló varias experiencias laborales como jardinero y operario de una gasolinera cuando obtuvo un permiso de trabajo. Antes, cuando empezó a mover los papeles en Canarias, el escaso dinero que ganaba era el que podía reunir cantando en las calles. Poco a poco, estabilizaron sus vidas en una tierra a la que volverán el próximo 11 de julio, si las difíciles comunicaciones que hay en la actualidad en el país lo permiten. "Rezamos para que pase", asegura.
"El país está paralizado"
"El país está abandonado", narra Mario Luis, no sin denunciar que "al Este de Caracas sí que da la sensación de que vives en una zona que no está afectada por esta desgracia. Allí residen los ricos, los que llevan años exprimiendo Venezuela y acumulando poder", denuncia sin morderse la lengua. "Parece que la cosa no va con ellos... Los problemas los tenemos los que no contamos con divisas, los que no llevamos plata en los bolsillos para comprar lo más básico. Esos, estamos jodidos", incide en un instante de la conversación en la que remarca que "es muy difícil ir a una tienda a comprar pan, agua, algo de comida, medicamentos... Además, los hospitales son centros de guerra que no tienen lo más básico para hacer cosas rutinarias. La luz la cortan en muchas zonas desde la cinco de la tarde hasta las ocho de la mañana, pero eso no siempre está relacionado con los terremotos [silencio]... Es el sistema eléctrico nacional que está hecho una mierda hace años".

Un grupo de rescatistas apuran el atardecer en una zona de derrumbes. / Henry Chirinos / Efe
Obstáculos para los rescatadores
El descontrol en Venezuela es absoluto. El propio Gobierno que lidera Delcy Rodríguez es el que "está poniendo obstáculos para que la ayuda humanitaria llegue a zonas de La Guaira", expone.
La sensación que existe en las calles, cuando no se impone el toque de queda, es que no hay nada organizado y que todo funciona por impulsos. "No dejan que la gente vaya a ayudar a las zonas de derrumbes", asegura Mario y, sobre todo, el pensamiento más generalizado es que "los militares y policías que antes salían a reprimir al pueblo, ahora se quedan en los cuarteles y comisarías. No están saliendo a ayudar a los venezolanos, sino que ponen trabas y más trabas para que la solidaridad internacional siga atascada".
"La Policía que salía a las calles a reprimir, ahora no sale a auxiliar... Están poniendo muchos obstáculos para que la ayuda y los rescatadores lleguen a las víctimas"
Desorden y desconcierto
Setenta y dos horas después de que se desencadenara esta tragedia humanitaria "la situación del país es muy difícil y desconcertante... Parece que están más interesados en ayudar los que están fuera de Venezuela, pero la realidad es que este pueblo necesita comer, beber agua, tener noticias de las personas que siguen debajo de los escombros. Aquí estamos con los brazos amarrados, esperando que el mundo nos auxilie", reclama.
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