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Entrevista

Bernardo Vázquez, vocalista y líder de The Refrescos: «Llegué a aborrecer ‘Aquí no hay playa’»

Conocido artísticamente como Bernárdez, el cantante de The Refrescos, grupo aún en activo, repasa su vida y su carrera, marcada por la canción del verano de 1989, una oda ‘ska’ a Madrid llena de retranca. «Ya me he reconciliado con ella», asegura

Bernardo Vázquez fotografiado en Madrid.

Bernardo Vázquez fotografiado en Madrid. / Alba Vigaray

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Ana Rodríguez

¿Qué pasó para que alguien formado musicalmente en el conservatorio de repente se metiera en el mundo del ska?

Estudié Filología Inglesa y en mi instituto ya me gustaban el rock and roll y el reggae. A principios de los 80 fue la eclosión de la New Wave y de todos aquellos grupos me atrajeron especialmente los Specials y los Selectors, que eran la vertiente musical del mestizaje entre Jamaica y el inglés. El ska era cómo interpretaban los jamaicanos el rock and roll, a mí me gustaba también que sus letras eran sociales, comprometidas. Ya en Vigo hicimos un grupo, luego me fui a Madrid, primero a un trabajo temporal y luego a estudiar Periodismo, y echaba de menos ensayar con amigos. Contacté con gente y poco a poco me fui introduciendo en ese estilo musical. En The Refrescos no solo hacíamos ska, cada canción era un mundo, teníamos muchas influencias distintas.

¿Recuerda el anuncio por el que acabó entrando en The Refrescos?

Yo estaba buscando piso en el periódico de anuncios Segunda Mano y había leído que buscaban un cantante para un grupo, me hizo mucha gracia y lo olvidé. Luego caí enfermo y viendo en la televisión el programa de Paloma Chamorro tocaban Golpes Bajos y me entró la morriña, así que cuando me puse bien volví al anuncio y me presenté a una especie de casting, en el que quedamos de finalistas Pablo Ramallo, otro vigués, y yo. Me eligieron a mí, y el grupo aún no se llamaba The Refrescos.

¿Cómo surgió el nombre?

Éramos un poquito descreídos, hacíamos música para divertirnos, para tocar en bares, no había ese concepto profesional que hay ahora de la música. Poníamos nombres que no eran permanentes, los íbamos cambiando cada cierto tiempo, pero cuando empezamos a tener un poquito de éxito y la gente se empezó a fijar en nosotros optamos por ese nombre porque nos representaba como grupo que hacía canciones como del Ikea, muy blancas. No hacíamos rock and roll de libro hablando de los cadillacs y de las chicas, éramos un poquito gamberros, no entrábamos en ninguna etiqueta ni teníamos intención de dedicarnos a esto.

¿Recuerda el momento exacto en que compuso Aquí no hay playa?

Estaba paseando por la noche al perro de mi hermana y me vino la idea. Yo tengo ese recuerdo, pero una amiga periodista me dice que yo ya le había comentado esa idea una noche. Era una especie de artículo periodístico que comentaba esa historia. Madrid es muy abierto pero a los que vienen nuevos les hacen pagar novatadas, así que quería decir todo lo bueno que tenía una ciudad que me encanta y en la que vivo, pero a la vez dejar constancia de que cada vez que voy a a mi ciudad flipo con el mar, algo que aquí no hay.

Y esa canción se convirtió en himno. ¿En qué momento se dio cuenta del éxito que estaba cosechando?

No teníamos esa mentalidad de mirar más allá, hacíamos canciones para reírnos nosotros, para tocar en directo y ésta era una más, pero lo que menos me podía imaginar era que en Madrid pudiera llegar a gustar tanto, porque al principio sí tuvimos algún problema al tocarla en directo. Y de repente, los 40 Principales, a los que mentábamos en la canción de una manera reactiva, nos apoyaron muchísimo, nos dieron muchísima promoción, era como el mundo al revés. En 1989 empezamos una gira por toda España en junio y volvimos en octubre a Madrid destrozados, con ganas de parar, y cuando llegamos aquí todo el mundo conocía la canción. Recuerdo una noche ese verano, íbamos por la calle y vimos a un borracho cantándola sin saber quiénes éramos nosotros. En ese momento supimos que la gente ya la cantaba como cosa suya.

¿Cuánto pesa un éxito musical que todo el mundo quiere escuchar siempre que se sube a un escenario?

Al principio era muy divertida, después cuando tienes que tocarla todos los días, cuando la gente te la exige en todo concierto adonde vayas, cuando todo el mundo tiene alguna anécdota con ella y te la cuenta, llegas a aborrecerla. Sentí que la canción ya no me representaba, me pasé de rosca con ella.

¿Por eso decidió retirarse momentáneamente de la música?

Es que yo en principio no me quería dedicar a la música, de hecho recuerdo que cuando firmé el contrato con la discográfica le dije al presidente de la multinacional: ‘Yo firmo, pero yo soy periodista, no me voy a dedicar a la música’. Mi vida estaba enfocada hacia el periodismo, me gustaba mucho la actualidad. Cuando me vine a Madrid ansiaba el anonimato. Y de repente soy ‘el de Aquí no hay playa’; la canción me cayó como un sambenito, como una lápida. Hoy en día ya me he reconciliado con ella y seguiré cantándola hasta que me muera. Fíjate que llegará un día en que nadie sabrá quien es Leguina y dirán: ‘Coño, es el de Aquí no hay playa’.

¿Le ha costado a The Refrescos que se escuche todo lo demás que han hecho (canciones como Maripili, La chica de la piscina o Mentiras) detrás del ruido de su gran éxito?

Es que esa canción ha eclipsado a todas las otras que vinieron después. Hay gente que pide mucho La medusa, que la hice como un reto y sí que podría ser una canción del verano, pero ninguna supera a Aquí no hay playa, que es una canción sobre Madrid, no sobre el verano.

¿Qué le aportó el periodismo, primero, y la docencia en facultades de periodismo, después, que no le diera la música?

Lo del periodismo se me cortó, me costó mucho volver cuando dejé el negocio musical (no la música, que seguía haciéndola para otras cosas) porque en aquellos años el periodista tenía que ser alguien anónimo, no como ahora que está muy de moda el periodista estrella. En la tele ya no pude; en la radio, sí. Respecto a la docencia, cuando estudié Filología la salida inmediata era ser profesor, pero yo no me veía con paciencia suficiente; luego me planteé lo de dar clases porque me sentí preparado, me apetecía transmitir los conocimientos que tenía y había tenido un hijo. Era un reto para mí, pero acabé dejándolo porque me di cuenta de que no era lo mío. No soy capaz de enseñar a gente que no quiere aprender.

Y vuelve a los escenarios tras un concierto en la Sala La Riviera de Madrid en el que el público corea sus canciones. ¿Qué le pasó por la cabeza en ese momento?

Lo de ese concierto surgió porque me lo propuso Fernando López, de Modestia Aparte. Al salir al escenario y ver la gente, la alegría, las caras, la energía, la ilusión que ponían cantando esa canción, me dije: ‘¿cómo he dejado yo esto’. Los dos sitios donde más feliz soy es en un escenario y en la playa. Me di cuenta que lo había dejado por una presión absurda autoimpuesta.

En Retropower (2021) mezcla swing, copla, chotis, rock, reggae, rumba, ska y electrónica. ¿Es un disco contra las etiquetas o una declaración de intenciones?

A nosotros nos han etiquetado como un grupo de casino de verano, como grupo ska, nunca hemos rechazado etiquetas, todo lo contrario; si alguien escuchara todos nuestros discos se daría cuenta que cada uno es de su padre y de su madre, que hacemos música con un hilo conductor: la alegría, el desenfado y el humor, más bien diría retranca gallega, porque las letras son mías.

¿Y de qué habla un Bernárdez de 60 que no podía hablar un Bernárdez de 25?

De una alegría calmada. Cuando veo en Youtube cosas que hacía de joven me agobio, era insoportable, no paraba, estaba todo el rato en movimiento, tenía un mogollón de energía y ganas de hacer cosas, tenía de todo menos calma, tenía una alegría desenfrenada.

¿Cómo se define: como un cantante madrileño nacido en Vigo o como un músico gallego formado en Madrid?

Digamos que soy un vigués madrileño. Vivo en Madrid y me siento de aquí, pero partiendo de que soy gallego. Mi forma de ser, de ver la vida, la retranca que tengo... Nunca he hecho proselitismo de eso, ni siquiera cuando dicen ‘ya están aquí estos madrileños’.

En 2023 publica un videoclip en la Plaza Mayor con su canción A mí me gusta Madrid. ¿Fue su manera de reconciliarse con la capital de España?

Realmente Aquí no hay playa no se mete con Madrid, dice todo lo bueno que tiene, que es mucho, pero señala una realidad evidente: no tiene playa. No hice A mí me gusta Madrid con la idea de equilibrar la balanza, sino porque en el disco hacíamos todo tipo de estilos y me pareció que había que hacer un chotis desde nuestro estilo.

¿Le gusta más ahora Madrid que en los 80?

Menos. En los 80 me gustaba más el mundo, sobre todo porque yo era más joven, por la despreocupación que tuvimos la juventud en aquella época; de aquellas aguas, estos lodos; de estar viviendo una vida maravillosa, no preocupado, pensando que todo eso lo merecíamos y que no había que luchar por ello, a ver que hay cosas que se han ido. Es eso o que soy más viejo y soy más consciente de esto.

De niño quería ser director de orquesta y el año pasado cantó Aquí no hay playa en versión sinfónica en el Auditorio Nacional de Música junto a la Orquesta Sinfónica de España. ¿Siente que se ha cerrado un círculo?

Realmente eso lo hice antes en Vigo, en 2017, en el Teatro Afundación, con la Coral Casablanca, cuyo director, Óscar Villar, era compañero mío en las clases de canto coral en el conservatorio. Fue muy emotivo, porque cuando salí al escenario, se lo dediqué a mi padre (Lalo Vázquez Gil, periodista y cronista oficial de la ciudad) y hubo un aplauso que tuve que cortar. Para mí ese fue el gran homenaje que podía hacerle yo en la ciudad que mi padre adoraba y sobre la que giró su vida.

¿Qué público se encuentra ahora en sus conciertos: nostálgicos, hijos de nostálgicos o gente nueva?

En general es gente más joven que yo, por supuesto, personas de 40 y 50 años, es público que le gusta esa época porque la vivieron; después va también gente joven que es de esa rara avis a los que les gusta el pop y el rock español y no están en brazos de la música urbana, que también hay juventud así. Es curioso que yo me acuerdo de cuando nuestros hermanos mayores nos decían que la música que escuchábamos era basura, que lo que molaba eran los Zeppelin y los Pink Floyd. Será que me he hecho mayor y no entiendo cómo puede tener ese éxito el reguetón, que a nosotros nos parece que eso no es música, pero lo mismo he sufrido yo cuando hacíamos la musiquita esta con las guitarritas y con las letras en castellano que no hablaban de nada.

¿Y cómo vive los conciertos, las giras y la popularidad con más de 60 años?

No tiene nada que ver con la popularidad que tenía antes ni, por supuesto, doy los conciertos que tenía antes. Hay gente que me reconoce por la calle, pero muy poca. El otro día coincidí con Miguel Ríos en un concierto que dimos de Los 40 Classic por San Isidro en Madrid y está fabuloso, tiene 82 años y una energía preciosa. Me acuerdo de escucharlo cuando yo era pequeño y al ver que lleva toda la vida ahí te das cuenta de que los que tenemos el gusanillo no podemos dejar los escenarios. Y eso que para mí la música era un hobby y no me iba a dedicar a ella.

Este año ha sido nominado al Premio Maketón de Los 40 por su trayectoria. ¿Qué significa para usted que reconozcan su carrera?

Es un honor, lo que no quiero es que me lo den todavía, por favor, que aún estoy empezando en esto y estoy intentando poder hacer algo por lo que ser recordado que no sea Aquí no hay playa.

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