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Arte

El artista chileno Gabriel Tondreau expone en La Panera su visión íntima del paisaje canario

La muestra 'Apenas somos paisaje', que se puede ver hasta final de julio en La Laguna, condensa años de exploración sobre la pertenencia y el refugio a través del entorno natural

Un instante de la inauguración de la exposición de Gabriel Tondreau en La Panera.

Un instante de la inauguración de la exposición de Gabriel Tondreau en La Panera. / Paula Fuentes

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

La relación entre el territorio y la identidad protagoniza la nueva propuesta expositiva de La Panera, que acoge hasta el 31 de julio la muestra Apenas somos paisaje, del artista chileno Gabriel Tondreau (Santiago de Chile, 1989). Esta propuesta parte de una mirada íntima y ligada a la experiencia de habitar Canarias y está comisariada por Elena Marrero, en colaboración con Espacio El Palmeral. La muestra reúne un conjunto de obras que condensan un proceso creativo desarrollado durante los últimos años en Tenerife.

Tondreau reside en la Isla desde hace casi cinco años y plantea esta propuesta como la cristalización de un trabajo que ha ido tomando forma sin urgencias ni una planificación cerrada. "Es un proyecto personal que se venía desarrollando de manera natural, sin previsión ni apuro, sino que se fue acumulando", explica el artista quien ahora traduce esa evolución pausada en una propuesta sólida, donde cada pieza dialoga con el entorno y con una transformación personal marcada por el cambio de paisaje.

Lenguaje visual

El título de la exposición remite a una conocida frase del poeta chileno Nicanor Parra: "Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje". Esa idea atraviesa toda la muestra y con ella el artista construye un lenguaje visual donde el paisaje no es solo una representación, sino también un espacio de pertenencia y refugio. "El paisaje es un lugar donde habitar uno también y, por eso, a través de estos trabajos me he arraigado y me he protegido de la intemperie", afirma.

De este modo, la obra de Tondreau bebe de referencias históricas como la tradición de los pintores viajeros del siglo XIX, quienes recorrían territorios lejanos documentando la naturaleza y captando la luz. Sin embargo, su aproximación no busca una reproducción fiel, sino una reinterpretación subjetiva. "Tiene que ver con distintas versiones del paisaje, con plantearlo como un espacio que se desarrolla y se acumula, donde uno también se instala", señala.

Diferentes soportes

En Apenas somos paisaje, el espectador se encuentra con un conjunto de piezas que combinan pintura, collage textil, ensamblajes y otros formatos. Cada obra funciona como un microclima, un espacio donde lo fragmentado encuentra un orden. El propio artista describe su práctica como un proceso de reorganización de lo disperso. La influencia del territorio canario resulta determinante en este proceso, puesto que la luz, la geografía abrupta y la atmósfera cambiante del norte de Tenerife han transformado su mirada. "No sé exactamente cuáles son las características de la luz, pero sí cómo incide en el territorio. Es como ver una película todos los días", comenta. Y añade: "La luz incide de una manera tan arbitraria sobre las montañas que todo parece cambiante, repentino y espontáneo".

El creador vive en la Isla desde hace cinco años y desde entonces da forma a su propuesta

Ese dinamismo visual se traduce en obras que capturan la tensión entre la estabilidad y la transformación. El paisaje aparece como algo vivo, en constante mutación, donde la luz, el clima y la topografía generan una experiencia sensorial única. "Es la combinación entre la luz, la geografía y el clima lo que crea esa atmósfera especial", apunta el artista, quien también subraya la influencia cultural del entorno: "Hay una liviandad, una idiosincrasia que a mí me hace sentir más en casa".

Ciudad y naturaleza

Aunque en esta exposición predomina la naturaleza, la presencia humana no desaparece del todo. Tondreau reconoce que su trabajo ha explorado también elementos arquitectónicos como balcones, edificios o espacios abandonados. Sin embargo, en esta selección ha optado por centrar la atención en lo natural. "Aquí la arquitectura está más aparte, porque quería llevar al espectador hacia una introspección sobre la geografía y el entorno, más que hacia lo social", explica.

Esa decisión responde a una voluntad de generar una experiencia más introspectiva, donde el espectador pueda proyectar sus propias emociones sobre el paisaje. Frente a la carga narrativa de lo urbano, lo natural ofrece un espacio abierto a la interpretación personal. "Esto te lleva más a indagar en lo que te genera a ti, en lo personal", señala.

Imágenes evocadoras

El recorrido por la exposición revela una práctica artística que oscila entre la observación directa y la reconstrucción mental del territorio. El artista trabaja desde una doble mirada: habita el paisaje y, al mismo tiempo, lo reinterpreta desde la distancia. En ese desplazamiento surgen imágenes que no son meramente descriptivas, sino evocadoras, cargadas de memoria y experiencia.

Un detalle de la obra de Tondreau en La Panera.

Un detalle de la obra de Tondreau en La Panera. / Paula Fuentes

La muestra en La Panera supone para el artista un punto de inflexión en su trabajo. "Es la exposición que condensa todo porque en ella el concepto se arma mejor y se vuelve más sólido", afirma. Aunque, más allá del discurso artístico, Tondreau reivindica también el valor del esfuerzo colectivo que hace posible este tipo de proyectos y lanza una invitación directa al público: "La gente tiene que verla porque hay un trabajo muy poderoso detrás y un profesionalismo que también hay que reconocer".

Experiencia migrante

Apenas somos paisaje se presenta, así, como una oportunidad para acercarse a una mirada contemporánea sobre el territorio canario, filtrada por la experiencia migrante y la búsqueda de identidad. Una exposición que invita a detenerse, observar y, sobre todo, habitar el paisaje desde una perspectiva nueva.

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