Entrevista | Abián Díaz Humorista
Abián Díaz (30 años, humorista): «Mi sueño es tener que parar un ‘show’ porque la gente no puede respirar de la risa»
El creador tinerfeños de 'Show Patético' describe su humor como una "escapatoria" ante una vida que le supera

El humorista Abián Díaz. / Arturo Jiménez

Desde La Laguna al resto del país –y con paradas tan improbables como Escocia– el humorista tinerfeño Abián Díaz ha construido una trayectoria singular dentro de la comedia. Actor, pianista y creador de espectáculos que mezclan absurdo, música y una mirada existencial sobre la vida, Díaz se encuentra en plena gira con Show Patético. Con su particular manera de entender el humor, afirma que vive en un "vértigo constante" en esta profesión que, dice, "en cualquier momento puede terminar".
Es usted muy de La Laguna. ¿Es fácil construir una carrera de humorista desde Tenerife?
La Laguna es mi lugar favorito. Para mí no es sencillo, porque odio volar y tengo que hacerlo todos los fines de semana. Para alguien sin ese problema sería perfecto: estás en tu sitio y viajas para trabajar.
¿Cómo empezó en el mundo del humor?
Primero fueron los espectáculos y luego las redes sociales. De pequeño me ponían a Les Luthiers y a los hermanos Marx, que eran como mis dibujos animados. Empecé haciendo espectáculos en sitios pequeños y seguí con los vídeos para publicitarlos.
¿Le marcaron esos referentes que usted menciona?
Claro, pero no me gusta coger ideas que no sean mías. Todos tenemos referentes, pero en mi caso la comedia tiene que ver con una sensación de incapacidad. No sé cómo hacer comedia, hago todo lo demás para rellenar un espacio y que aparezca algo.
No es una definición habitual del oficio.
No. Yo no tuve estrategia ni plan. Me siento muy agradecido, pero también creo que en cualquier momento puede terminar. Entonces me centro en qué puedo aportar ahora.
Y no solo aporta desde lo individual, sino también de forma colectiva, con proyectos más grandes como La Quedada.
Sí. En Canarias hay un movimiento fuerte con la comedia. Hay gente como Ignatius Farray o Petite Lorena, pero yo no sé ubicarme en ese movimiento. Me siento como perdido en medio. Aunque La Quedada para mí no es trabajo, cuando llega es como salir con los amigos a pasar el rato.
Pero más allá de las Islas, también ha traspasado fronteras con su humor.
Eso lo aprendí de Les Luthiers y los hermanos Marx. Me gusta la comedia que puede entender cualquier persona. No hago algo localista y por eso ofrezco lo mismo en Tenerife o A Coruña. Además, lo que hago no pretende proponer nada ni hacer una queja, sino vivir algo, necesito que cualquiera lo pueda entender. Me siento más cómodo sabiendo que todo el mundo está dentro del espectáculo.
Para usted, ¿qué es el humor?
Es una escapatoria. Para mí la vida es una salvajada, algo que me supera y por eso sigo en esa fase de bebé que parece que está descubriendo que tiene dedos. La comedia me distrae para poder continuar.
¿Cómo es su proceso creativo?
No me lo planteo como un trabajo, pero sí quiero sentir que aporto algo. Estoy todo el rato pensando cosas y descarto lo que no funciona. No me enamoro de nada de lo que hago porque todo podría borrarse sin problema.
¿Y ensaya?
No. Planteo situaciones, pero no ensayo. Siempre he tenido gente cercana a la que le cuento ideas, pero mi proceso es muy caótico.
Las redes sociales también son clave en su carrera.
Sí, una locura, pero para mí todo lo es todo el tiempo. Estoy muy agradecido de que la gente me haya comprado tanto en redes.

Abián Díaz en La Laguna. / Arturo Jiménez
Y ese éxito digital le hace llenar teatros.
Sí, y Show Patético es un buen ejemplo. Es un espectáculo de 90 minutos con piano donde el público entra en un bucle de carcajadas que amenaza con dejarlo sin aliento.
Usted fantasea con el límite de la risa.
Mi sueño es tener que parar un show porque hay gente que no puede respirar, que se tiene que ir fuera, que incluso vomita de la risa. Ahí sí que diría ‘ahora sí soy cómico’.
En paralelo también prepara un nuevo espectáculo, Anotop At.
Sí, es una salvajada. Es lo mejor que he hecho nunca, pero también es un desastre económicamente. Es una oda al fracaso. He cogido ideas de muchos años que no podía hacer y las he juntado todas.
El piano es una constante en todos sus espectáculos.
Sí, me regula. Soy muy desordenado y el piano me ordena el tiempo. Además, hay tres conversaciones: el público, el teclado y yo. Es como una improvisación continua.
¿Cómo afronta los próximos meses?
En agosto voy a parar 15 días por primera vez en mucho tiempo. Me da miedo por si el cuerpo no sabe qué está pasando.
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