Calor, incendios y El Niño: Canarias entra en un verano marcado por la incertidumbre climática
El fenómeno climático podría intensificarse entre julio y agosto, aunque los expertos advierten de que su impacto directo en el Archipiélago aún no está claro

Los bañistas tratan de refugiarse del calor en la playa de las Teresitas, en Tenerife. / María Pisaca

Canarias encara el inicio del verano con un escenario marcado por el calor, la amenaza de incendios forestales y la posible formación de El Niño, un fenómeno climático natural que puede alterar las temperaturas y las lluvias en distintas zonas del planeta.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima que existe una probabilidad del 80% de que El Niño se forme entre junio y agosto de 2026, con opciones cercanas o superiores al 90% de que se mantenga durante los meses siguientes. Su aparición puede influir en el clima global, aunque en Canarias su impacto directo no está plenamente demostrado.
En las Islas, el verano comienza con un ascenso térmico y con previsiones estacionales que apuntan a temperaturas por encima de lo habitual. A ello se suma la alerta por altas temperaturas y el riesgo de incendios forestales, una combinación que obliga a extremar la prudencia en las zonas de monte y en cualquier actividad que pueda generar fuego.
Qué es El Niño
El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur, también llamado ENOS o ENSO, por sus siglas en inglés. Se trata de una alteración natural del sistema océano-atmósfera que se desarrolla en el Pacífico tropical, pero que puede tener consecuencias en la circulación atmosférica global.
El fenómeno se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Su fase opuesta es La Niña, que se asocia a aguas más frías de lo normal en esa misma zona.
Aunque El Niño se produce en el Pacífico, sus efectos pueden sentirse a gran distancia mediante lo que la ciencia denomina teleconexiones climáticas. En algunas regiones del mundo puede favorecer sequías, mientras que en otras puede intensificar lluvias, inundaciones o episodios de calor.
Por qué se llama El Niño
El nombre de El Niño fue utilizado por pescadores de Sudamérica para referirse a la llegada de aguas anormalmente cálidas cerca de sus costas en fechas próximas a la Navidad. De ahí la referencia al Niño Jesús.
Con el tiempo, la ciencia amplió el concepto para describir no solo esa corriente cálida, sino su relación con los cambios atmosféricos asociados. Por eso, el nombre técnico más completo es El Niño-Oscilación del Sur.
Estrictamente, El Niño se refiere a la parte oceánica del fenómeno, mientras que la Oscilación del Sur describe el componente atmosférico. Ambos elementos interactúan y se retroalimentan.
Cómo se forma
En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste a lo largo del ecuador. Ese movimiento empuja las aguas cálidas superficiales hacia el Pacífico occidental, cerca de Indonesia y Australia.
Al mismo tiempo, frente a las costas de Chile, Perú y el sur de Ecuador, ascienden aguas frías y profundas gracias a la corriente de Humboldt o corriente del Perú. Ese ascenso, conocido como afloramiento, mantiene fría la superficie del mar y favorece la presencia de nutrientes, lo que explica la riqueza pesquera de esa zona.
Durante un episodio de El Niño, los alisios se debilitan. Al perder fuerza ese empuje hacia el oeste, las aguas cálidas se desplazan hacia el centro y el este del Pacífico ecuatorial. Como consecuencia, se reduce el afloramiento de aguas frías frente a Sudamérica y aumenta la temperatura superficial del mar.
La célula de Walker y el cambio en las lluvias
El funcionamiento de El Niño también está relacionado con la llamada célula de Walker, una circulación atmosférica del Pacífico tropical.
En una situación normal, la zona de aire cálido y húmedo se concentra sobre el Pacífico occidental, donde el mar está más caliente y se producen lluvias intensas. Parte del aire asciende, se desplaza en altura hacia el este y desciende más seco sobre el Pacífico oriental, donde predominan condiciones más estables y secas.
Cuando se desarrolla El Niño, esta circulación se altera. La zona de lluvias se desplaza hacia el centro y el este del Pacífico, mientras el océano y la atmósfera siguen retroalimentándose. En episodios intensos, la célula de Walker puede debilitarse o cambiar de configuración.
Estos cambios tienen efectos relevantes en Sudamérica. En algunos episodios se han registrado lluvias en zonas áridas de Perú, reducción de precipitaciones en áreas de altiplano, aumento de heladas y una caída de la pesca por la disminución de nutrientes en aguas superficiales.
Un fenómeno irregular y con impacto global
El Niño aparece de forma irregular, con una periodicidad aproximada de entre tres y siete años. No todos los episodios tienen la misma intensidad ni provocan los mismos efectos.
Los eventos de 1982-1983 y 1997-1998 figuran entre los más destacados del siglo XX por su impacto climático y socioeconómico. Más recientemente, el episodio de 2023-2024 se quedó cerca del umbral de los dos grados de anomalía térmica en el Pacífico, según explica el oceanógrafo Borja Aguiar, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).
Ese episodio coincidió con años de temperaturas récord a escala global. En Canarias, 2023 fue también el año más cálido desde que existen registros, aunque los expertos insisten en que no puede atribuirse de forma directa al fenómeno de El Niño sin un análisis específico.
¿Cómo puede afectar a Canarias?
La influencia de El Niño en Canarias sigue siendo una cuestión abierta. Aunque los años con este fenómeno suelen relacionarse con un planeta más cálido, no se ha constatado una conexión directa y constante con el comportamiento del clima en el Archipiélago.
Aguiar señala que se pueden comparar episodios anteriores y observar si hubo más lluvia, más calor o más calima, pero no existe una recurrencia clara que permita afirmar que El Niño provoca siempre un efecto concreto en las Islas.
Por eso, más que una certeza, su posible impacto en Canarias debe entenderse como un factor de incertidumbre añadido. La situación se complica aún más por el cambio climático, que actúa sobre la variabilidad natural de la atmósfera y dificulta las predicciones.
La OMM prevé una alta probabilidad de El Niño
Los boletines internacionales de la OMM apuntan a una elevada probabilidad de que El Niño se forme durante el verano. La previsión sitúa en el 80% la posibilidad de que el fenómeno se instaure entre junio y agosto, y eleva hasta porcentajes cercanos o superiores al 90% la opción de que se mantenga durante los meses posteriores.
Esto no significa que su desarrollo esté garantizado. Como recuerda Aguiar, también existe una probabilidad de que el sistema se quede en estado neutro y no llegue a consolidarse.
Los modelos apuntan además a la posibilidad de un episodio intenso, con anomalías de temperatura en el Pacífico que podrían superar los dos grados. Históricamente, los episodios más severos han estado por encima de ese umbral, como ocurrió en 1982, 1997, 1998 y 2016.
Calor e incendios en el arranque del verano
Canarias inicia este periodo estival con temperaturas al alza y bajo la vigilancia de los servicios de emergencias por el riesgo asociado al calor. La Secretaría General de Protección Civil y Emergencias mantiene avisos por altas temperaturas y pide precaución ante el peligro de incendios forestales.
La combinación de calor, viento, baja humedad y vegetación seca puede elevar el riesgo en las islas con masa forestal. En este contexto, las autoridades insisten en evitar cualquier actividad que pueda provocar chispas o fuego en zonas sensibles.
El regreso de El Niño, unido al calentamiento global, añade incertidumbre a la evolución del verano. En Canarias, los expertos recomiendan prudencia a la hora de interpretar sus posibles efectos, porque el Archipiélago puede verse influido por muchos factores atmosféricos y oceánicos a la vez.
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