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Teatro

La compañía teatral La Inasible indaga en los límites del lenguaje con su nueva obra, 'Al vacío'

La nueva propuesta dirigida, escrita y protagonizada por Mónica Aguiar explora la dificultad de la comunicación en una era de sobreinformación y puede ver este sábado 20 de junio en el Espacio La Granja de Santa Cruz de Tenerife

'Al vacío', de La Inasible.

'Al vacío', de La Inasible. / Megui Hernández

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

El Espacio La Granja de Santa Cruz de Tenerife acoge este sábado 20 de junio el estreno en la Isla de Al vacío, la nueva creación de la compañía La Inasible, una propuesta escénica que indaga en los límites del lenguaje y en la dificultad de comunicarse en una sociedad atravesada por la sobreinformación. La pieza, escrita y dirigida por Mónica Aguiar, forma parte del Ciclo de Teatro Contemporáneo impulsado por este espacio junto al Teatro Guiniguada, donde también podrá verse el próximo 3 de julio.

Esta pieza se construye a partir de una pregunta central que articula toda la propuesta: quiénes somos más allá de los discursos que producimos. A partir de ese punto de partida, Al vacío despliega una dramaturgia que evita la narración lineal y apuesta por la fragmentación, la sugerencia y la tensión entre lo que se dice y lo que permanece oculto. En escena, un hombre y una mujer funcionan como personajes opuestos, pero al mismo tiempo son espejos el uno del otro. Atrapados en un intento constante de comunicación que nunca llega a completarse, una tercera presencia introduce el silencio como elemento activo.

El silencio

Lejos de entender el silencio como ausencia, la propuesta convierte este elemento en materia escénica. Mónica Aguiar, quien también interpreta uno de los personajes en escena, explica que "nos interesaba investigar qué ocurre cuando el lenguaje deja de sostenernos" y añade que el silencio no es aquí "un vacío muerto", sino "un espacio lleno de posibilidades donde aparecen otras formas de relación". Esta idea atraviesa toda la obra, que se sitúa en un territorio intermedio entre lo dicho y lo callado, entre la necesidad de expresarse y la imposibilidad de hacerlo plenamente.

La pieza se inscribe en una línea de investigación que la compañía viene desarrollando en los últimos años y que está caracterizada por la combinación del lenguaje contemporáneo, lo poético y lo simbólico, así como por una concepción del teatro como espacio de pensamiento. En este caso, además, Al vacío supone el cierre de una trilogía con la que la compañía La Inasible ha abordado las diferentes formas en las que el poder atraviesa la experiencia humana, desde los vínculos personales hasta la relación con el entorno y la construcción de la identidad.

El cuerpo

Sobre el escenario, la propuesta se sostiene en una estética depurada en la que el cuerpo adquiere un papel central. El trabajo interpretativo de Sara Álvarez, Toni Báez y la propia Aguiar se apoya en una "fisicalidad contenida", por lo que cada gesto se convierte en un signo cargado de significado. La economía de recursos escenográficos refuerza esa apuesta, ya que desplaza el foco hacia la presencia, el ritmo y la relación entre los intérpretes.

Con pocos recursos escenográficos la pieza se centra en la relación de los actores

"Vivimos en un contexto de saturación de discursos, donde todo parece tener que ser dicho de forma inmediata", reflexiona Aguiar, quien añade que, frente a esa realidad, "queríamos generar un espacio de pausa, de escucha, e incluso de incomodidad". Precisa, no obstante, que esa molestia no se plantea como un obstáculo, sino como una herramienta que permite activar al espectador y situarlo en una posición menos pasiva.

Experiencia abierta

En este sentido, la dramaturgia de Al vacío no ofrece un relato cerrado, sino un conjunto de imágenes, acciones y tensiones que el público debe articular. La obra se construye, así, como una experiencia abierta, en la que cada espectador completa el sentido desde su propia percepción. "No buscamos una interpretación única, sino que presentamos el vacío como un lugar de proyección, donde cada persona puede reconocerse de manera distinta", añade Aguiar.

'Al vacío', de La Inasible

'Al vacío', de La Inasible / Megui Hernández

El montaje plantea además una reflexión directa sobre la identidad en el contexto contemporáneo. Los personajes, concebidos como reflejos y oposiciones, no logran fijarse en una forma estable, sino que se transforman constantemente en función de su relación con el otro. Esta inestabilidad se convierte en uno de los motores de la obra, que cuestiona la idea de un yo coherente y plantea la identidad como un proceso en construcción.

El espacio

Mónica Aguiar también habla de la elección del Espacio La Granja como lugar de estreno de esta pieza en Tenerife, lo que refuerza el sentido de la propuesta. Este espacio se ha consolidado como uno de los principales centros de exhibición de artes escénicas contemporáneas en la Isla y, en ese contexto, Al vacío se integra en una línea que prioriza la experimentación y la creación contemporánea. Además, la trayectoria de La Inasible respalda esta apuesta. De hecho, fue reconocida con el Premio al Mejor Espectáculo por su anterior montaje, El lodo que fuimos, en el Certamen de Nuevos Investigadores Teatrales organizado por el Centro TNT de Sevilla. Este reconocimiento supuso un impulso para consolidar una línea de trabajo que se sitúa al margen de los formatos convencionales y que busca nuevas formas de relación con el espectador.

Los protagonistas son reflejos y oposiciones los unos de los otros y se transforman

Precisamente, en Al vacío, esa búsqueda se traduce en una pieza que no rehúye la complejidad, pero que se construye desde la claridad de sus elementos esenciales. La tensión entre la palabra y el silencio, la presencia del cuerpo como eje y la fragmentación del discurso configuran un dispositivo escénico que interpela directamente al público.

El futuro

"El vacío no es un final, es un punto de partida. Es el lugar desde el que podemos repensarnos y reconstruir sentido", afirma Mónica Aguiar, quien expresa que la obra se sitúa precisamente en ese lugar, en un espacio de tránsito en el que las certezas se suspenden y en el que la experiencia escénica se convierte en una herramienta para cuestionar lo que se da por hecho. Por todo ello, la propuesta dialoga con el presente desde una perspectiva crítica y sensible. En un contexto marcado por la velocidad, la saturación informativa y la necesidad constante de posicionamiento, Al vacío propone detenerse, observar y escuchar desde otro lugar.

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