Historias del papa León XIV en La Laguna: Devolver el favor con solidaridad
El sacerdote venezolano Darwin Rivas y la colombiana Thalia Johana hablan del drama migratorio desde la perspectiva del que ayuda

Domingo Ramos

La migración en Canarias se puede vivir desde tantas ópticas como personas son las que están involucradas en este fenómeno. Tanto los que llegan como los que reciben cuentan con cientos de historias que merecen ser compartidas. El viernes, en la plaza del Cristo, personas migrantes de Sudamérica hablaron ante el papa de sus vivencias como miembros de organizaciones que dan soporte a aquellos que peor lo están pasando.
El sacerdote venezolano Darwin Rivas es delegado de Cáritas Diocesana en El Hierro. Relató ante León XIV cómo, en 2021, en pleno drama migratorio en la pequeña isla, pensó en lo que podría hacer por todas esas personas que llegaban a las costas canarias y «así empezamos esta hermosa aventura de ayudar». Esta labor, no obstante, se realiza en equipo, junto a «hombres y mujeres de buena voluntad, una gran familia de corazón naranja que trabaja junto a la Policía Nacional y a la sociedad de una isla comprometida».
Reconoció que ha sido «una experiencia dura, pero enriquecedora» pero destacó que «no somos héroes, ni pretendemos serlo, ya que tan solo somos instrumentos para hacer el bien». Avanzó que continuará ayudando a aquellos que lo necesiten puesto que «vale la pena» hacerlo a pesar de «los momentos complicados que hemos vivido» debido a la gran cantidad de migrantes que llegaron a las costas de el Hierro durante unos meses concretos. Añadió incluso que «hubiera preferido quedarme en casa» ante la avalancha de migrantes que en muchas ocasiones sobrepasó la capacidad de los servicios disponibles pero concluyó que «siempre había algún motivo de esperanza y alguna sonrisa que daba sentido a nuestro trabajo».
Por su parte, Thalia Johana es una migrante colombiana que, tras su llegada a Tenerife precisó de la ayuda de Cáritas Diocesana. Actualmente, han cambiado las tornas y ahora es ella la que actúa como voluntaria para ayudar a todas aquellas personas que precisen los servicios de la organización.
Relató ante el papa que llegó a Tenerife hace tres años, dejando a su familia en Colombia con mucha pena pero con la esperanza de hacerse con un futuro mejor. «La realidad no fue tan halagüeña, porque me vi sin un techo bajo el que poder dormir», algo que, precisó, se repite mucho entre aquellos migrantes que llegan a un nuevo lugar sin disponer de una red de apoyo. Sin embargo, en Cáritas le ofrecieron acogida y «me devolvieron la dignidad que la vida me quitó». «En la Iglesia me sentí como en casa y fue ese el motor que me ayudó a integrarme entre los canarios», celebró Johana, quien comenzó así su proceso de formación, lo que le permitió, además, lograr la independencia. «Mi camino continúa ahora, porque quiero devolver el amor y el apoyo que me brindaron y por eso soy parte del voluntariado de Cáritas», concluyó.
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