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Visita del Papa a España

"Las aguas de Europa no pueden ser cementerios sin lápidas": el mensaje del papa León XIV en Arguineguín

En el muelle de Arguineguín se escucharon los testimonios de cuatro personas relacionadas con la realidad migratoria a quienes León XIV les expresó que no eran "ni números ni expedientes"

León XIV reivindica desde Canarias que la Iglesia "no puede desentenderse" de los migrantes

Lucía Feijoo Viera

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Alexandra Socorro

Las Palmas de Gran Canaria

Como un examen de conciencia, con un claro mensaje sobre la dignidad y el respeto hacia las personas migrantes y a quienes arriesgan su vida para salvarlos en medio del mar, el papa León XIV centró sus palabras en el muelle de Arguineguín, en el sur de Gran Canaria. Un discurso que se centró en el drama migratorio de quienes llegan en cayucos tras sufir las peores condiciones en la que es considerada la ruta migratoria más peligrosa del mundo.

El sumo pontífice llegó al puerto alrededor del medio día entre los aplausos de miles de personas que se congregaron desde horas antes en los alrededores. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien acude por primera vez a este puerto, saludó al sumo pontífice, en un espacio cuyo aforo es de 1.800 personas, pero que hace seis años acogió a casi 3.000 migrantes que estuvieron durante semanas expuestos a lamentables condiciones de hacinamiento que hizo que Arguineguín fuera conocido como el 'muelle de la vergüenza', pero que en esta ocasión se convirtió en el 'muelle de la esperanza', como rezaba una pancarta a la entrada del muelle.

El santo padre entró caminando y se dirigió al escenario acompañado del obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos y del presidente del Gobierno. El obispo situó el puerto de Arguineguín como uno de los grandes escenarios simbólicos de la crisis migratoria en las Islas. En sus palabras de bienvenida al santo padre, el prelado recordó que el muelle ha estado marcado por “el dolor y la esperanza” y por la dureza de unas imágenes que dieron la vuelta al mundo.

"Hasta este punto han llegado hombres, mujeres y niños procedentes principalmente de Senegal, Mauritania, Gambia, Mali y Marruecos, después de travesías en cayucos y pateras que pueden superar los 1.600 kilómetros por la ruta atlántica", destacó.

"En cada rescate pienso en mis hijos"

La presencia del santo padre en Arguineguín fue definida por Mazuelos como “una luz” y como un recordatorio de que nadie debe ser invisible y planteó que este muelle, asociado durante años al sufrimiento, puede transformarse también en un "símbolo de acogida, justicia y humanidad".

El primer testimonio que dedicó unas palabras al santo padre fue Tito Villarmea, patrón de la Salvamar Urania. Durante su intervención comentó que ha participado en el rescate de más de 20.000 personas, de las que resaltó las historias de las madres que viajan solas con sus hijos. "Soy padre de dos adolescentes y en cada rescate pienso que podrían ser mis hijos". La mar, añadió, "forma parte de mi propia historia familiar" e hizo mención especial a todos los que forman parte del equipo de rescate, más de 1.600 personas.

Tras él, participó también María Reyes, voluntaria de Cáritas, quien mecionó que Arguineguín demostró en la etapa más difícil de los flujos migratorios que "el Evangelio sigue vivo" por la solidaridad que despertó entre la sociedad civil.

Uno de los momentos más emotivos vino de la mano del timplista Benito Cabrera, que acompañó musicalmente el acto. A la voz, el cantante Pedro Manuel Afonso, juntos emocionaron a los asistentes al entonar la canción 'La noche de Arguineguín'.

La voz de 'Blessing', víctima de trata

Pero fue una de las voluntarias, quien puso voz a un testimonio vícitima de trata, a la que llamaron Blessing, la que emocionó al santo padre y al público asistente. "Tuve que elegir cruzar por necesidad, pero el sufirmiento no fue solo ahí, me quedé embarazada de un hombre de la mafia y me quitarn a mi bebé, luego me obligaron a prostituirme", relató con la voz entrecortada la voluntaria que habló en su nombre.

Tras ella, María Fernanda López, migrante latinoamericana compartió también su propia historia. Tras más de 20 años residiendo en Gran Canaria, agradeció a quienes la acogieron cuando llegó "con una maleta cargada de sueños". El papa León XIV recibió como regalo un plato de arcilla y arena volcánica de Gran Canaira elaborado por el artesano Delfín Díaz en el que se distinguía los trazos de la silueta de un cayuco.

Entrada del papa León XIV al estadio de Gran Canaria

La Provincia

Llegó el momento de las palabras del papa dedicadas al drama migratorio. A modo de reflexión, cuestionó que cada embarcación que llega a las costas no representa solo una emergencia migratoria, sino una pregunta ética sobre el mundo actual. "¿Qué sociedad se ha construido para que tantas personas tengan que arriesgar la vida buscando una oportunidad?", cuestionó mientras mostraba el anillo del pescador para recordar lo que vivió El Hierro. "Esa isla pequeña en extensión pero grande en humanidad ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayucos y cuerpos rescatados de las aguas".

"Los migrantes no son números ni expedientes"

En ese momento, denunció a las mafias y a las redes que trafican con personas y destacó que quienes forman parte de ellas "trafican con la desesperación", esclavizando especialmente a mujeres y niños. "Los migrantes no son números ni expedientes”, subrayó, sino personas con familias, historias, sueños "y una dignidad que no se pierde al cruzar una frontera ni carece de pasaporte".

El examen de conciencia dirigido a los países de origen, tránsito y destino sonó con fuerza en el que hoy fue el 'muelle de la esperanza'. A los primeros les reclamó paz, justicia y desarrollo; a los de tránsito, protección; y a los de destino, coherencia con sus valores. El pontífice subrayó que Europa no puede proclamar la dignidad humana mientras se acostumbra a que el Mediterráneo y el Atlántico "se conviertan en cementerios sin lápidas" y reclamó una cooperación internacional "eficaz y sostenida". La necesidad de crear vías legales y seguras para migrar, junto con el derecho al rescate, la asistencia y la protección a las víctimas siguieron calando entre los asistentes.

Y ante ello, hubo palabras también para la propia Iglesia. "La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana".

Ofrenda a pie de muelle

El papa se acercó al mar para hacer una ofrenda floral por los fallecidos en el mar al intentar alcanzar las costas canarias, seguido por un minuto de silencio solo acompañado solo por los acordes del timple que entonaron 'Nube de hielo'. La ruta atlántica ha dejado, solo en lo que va de año, 635 muertos en el mar y 3.184 migrantes acogidas.

Para finalizar el acto, León XIV bendijo una cruz hecha con la madera de uno de los cayucos llegado al muelle. Al término de la oración, el pontífice saludó a voluntarios y migrantes para dirigirse al centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria.

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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