Entrevista | Spencer Tunick Fotógrafo
Spencer Tunick (fotógrafo) desembarca en Canarias con sus imágenes multitudinarias: «Cuando mis esfuerzos generan un efecto político o social es un regalo»
El artista neoyorquino participa en el festival Culture & Business Pride 2026 con una gran intervención artística multicolor

El fotógrafo neoyorquino Spencer Tunick en Gran Canaria. / ED

Islas Canarias, y en concreto Gran Canaria, se sitúa estos días en el foco internacional de la cultura, la diversidad y los derechos humanos con la llegada del reconocido artista y fotógrafo neoyorquino Spencer Tunick, quien realizará una gran intervención humana inspirada en los colores de la bandera Lgtbiq+ dentro del festival internacional Culture & Business Pride 2026. La acción artística llevará por título Gran Spectrum y pretende reunir a cientos de personas en una composición colectiva de gran escala en el sur de Gran Canaria concebida para lanzar un poderoso mensaje global de libertad, igualdad, respeto, convivencia y visibilidad en un contexto internacional marcado por el creciente cuestionamiento de los derechos y la representación pública del colectivo. Las personas interesadas en formar parte de esta obra humana multicolor ya pueden inscribirse a través de internet.
Durante tres décadas, su trabajo ha evolucionado desde intervenciones espontáneas hasta instalaciones a gran escala. ¿Qué ha cambiado en su forma de trabajar?
Sí. A principios de 1990 no podía conseguir permisos del gobierno de la ciudad de Nueva York para hacer mi trabajo. Intenté obtener autorizaciones, pero me las denegaron. Y en lugar de detenerme, cambiar lo que hacía o mis ideas, decidí seguir utilizando las calles de la ciudad como lienzo y seguir tomando mis fotografías en el espacio urbano. Así que hacía obras sin permisos. Aunque eso era muy emocionante y tenso, también se volvió problemático porque la policía empezó a arrestarme y a multar a mis participantes. Entonces, a finales de esa década los museos europeos empezaron a recibir mi trabajo y me invitaban a intervenir en el espacio público; ya no tenía que preocuparme por acabar esposado y podía tomarme más tiempo. Las obras ya no duraban solo cinco o diez minutos, sino que disponía de mucho más tiempo para desarrollar las ideas. Así que la urgencia del trabajo cambió. Siento que me beneficié de tener más tiempo y de no correr riesgos.
Su obra elimina la ropa, el estatus y la profesión. ¿Qué revela el cuerpo humano entonces?
Creo que todo el mundo sigue siendo un individuo, porque a menudo se pueden ver los rostros y los tatuajes de las personas, y uno puede encontrarse a sí mismo dentro de la imagen. Pero cuando las personas se unen, muchas veces su identidad se convierte en una energía positiva común, en un momento energético que, dentro de su contexto artístico, resulta transformador.
Ha trabajado en más de cien países. ¿Cómo influye el contexto cultural en la actitud de los participantes y en el resultado final?
La gente siempre es muy amable. Los participantes son muy generosos porque también viajan desde otros lugares. Todos suelen tener una mentalidad similar: son una especie de multitud única de aventureros urbanos. Y esa idea significa que tienen actitudes artísticas para crear un resultado artístico final.
«Esperamos que el mensaje que estamos creando tenga resonancia más allá de Canarias»
Dice que sus obras no son eróticas. Entonces, ¿qué significa la desnudez para usted?
No creo que mis obras activen la excitación, sino que la desnudez tiene más que ver con trabajar con el cuerpo como una abstracción unificada. Y con quitarse, aunque sea por un breve periodo de tiempo, no solo el peso de la ropa, sino también el peso del gobierno, de las restricciones y de las normas para crear una obra de arte colectiva en lugar de una protesta directa. El arte actúa de forma subliminal, casi mágica, transmitiendo un mensaje que va más allá de una protesta y entra en el mundo de lo efímero y lo místico.
¿Por qué le interesa trabajar con grandes multitudes en lugar de con individuos aislados?
En realidad trabajo con ambos. Mi serie American Zone trabaja con individuos, y todavía lo hago. Sigo disfrutando de trabajar en el espacio público y de crear ideas caprichosas y surrealistas. Mi serie Reaction Zone es algo completamente distinto. Toma el cuerpo y trabaja con narrativas abstractas, convirtiendo el cuerpo en un elemento. En el caso de Gran Canaria propongo una especie de jardín coralino submarino, un coral bajo el mar con diferentes colores.
Reunir a miles de personas desnudas en espacios públicos implica una logística compleja. ¿Cuál es el mayor desafío?
Trabajar con el Sol y encontrar el momento exacto para crear una obra en función de los rayos, de la sombra y la luz. Visito el lugar y lo exploro temprano por la mañana. Observo cómo el Sol atraviesa el espacio en intervalos de media hora para encontrar el momento adecuado y el margen de tiempo preciso para hacer las obras.

'Sea of Hull', de Spencer Tunick, en Inglaterra, en 2016. / Spencer Tunick
Su obra también incorpora temas sociales y medioambientales. ¿Qué le llevó en esa dirección?
Al principio solía titular mis obras con dos títulos. El primero era el sentimiento social que tenía sobre la obra, lo que pasaba por mi mente, qué me afectaba social y políticamente. Pero recientemente distintas organizaciones han querido ayudarme a hacer mi arte y asociar su mensaje a la obra. No lo hago muy a menudo, pero cuando acepto una invitación para hacer algo relacionado con lo medioambiental o lo social, sigo haciendo mi arte para mí mismo. Al mismo tiempo, puedo utilizar una experiencia artística para dar visibilidad a una buena causa. Una de las primeras veces que ocurrió fue cuando Greenpeace Suiza me contactó para hacer obras sobre glaciares y llamar la atención sobre el deshielo en Europa.
¿Qué responsabilidad siente como artista cuando trabaja con un mensaje político o social?
Como artista, siempre hago obras para mí y para mi familia. Si esa obra llega de una manera fuerte y positiva a las personas que participaron, entonces adquiere una importancia añadida. Pero cuando los esfuerzos de mi arte y de los participantes llegan más lejos y generan aunque sea un pequeño efecto en la interpretación política o social del momento actual, entonces eso es un regalo. Es maravilloso.
«Se demoniza a la comunidad Lgtbiq+; parece que, de alguna manera, obtienen placer al hacer daño»
¿Qué respuesta espera que provoque Gran Spectrum en el público?
En realidad no lo pienso demasiado. Solo intento hacer la obra para mí y para los participantes. Y esperamos que el mensaje que estamos creando tenga resonancia más allá de Gran Canaria, porque es importante ver que la comunidad Lgtbiq+ cuenta con aliados para hacer una obra todos juntos. Se trata de aceptación, de paz y también de transformar una mentalidad conservadora. Todos somos iguales, simplemente debemos aceptar los cuerpos tal como son.
¿Qué distingue esta obra de sus anteriores instalaciones?
Visualmente, en esta obra usaré más colores de pintura corporal de los que he utilizado en el pasado, once en total. Eso ya es un desafío en sí mismo y visualmente será muy impactante. Incluso mientras hago esta entrevista, mi mente está pensando en nuevas ideas que ni siquiera se me habían ocurrido antes. Creo que, a medida que se acerque la instalación, seguiré teniendo nuevas ideas. Estoy muy emocionado porque es un desafío y nada está decidido de antemano.
El proyecto surge en un momento de presión significativa sobre el colectivo Lgtbiq+.
Tengo poco tiempo en mi vida para dar visibilidad a ciertas cuestiones. Me preocupa mucho el colectivo Lgtbiq+ y creo que ahora es un momento muy importante, especialmente en Estados Unidos, donde el gobierno demoniza a la comunidad Lgtbiq+. De alguna manera, parece que obtienen cierto placer al hacer daño a la gente. Cualquier cosa que pueda hacer visualmente con mi arte contra este gobierno actual, intentaré hacerla lo mejor posible. Pero no soy solo yo alzando la voz, sino también los participantes. Todos hacemos arte de una manera pacífica, mostrando la igualdad del cuerpo y la unión de todos los géneros para crear obras que vibren de una forma colorida y positiva a través de la tierra y, ojalá, también a través de los océanos.

Una de las piezas de Spencer Tunick, en Sydney, en 2010. / Spencer Tunick
¿Qué aportará el paisaje de Canarias a esta propuesta?
Siempre me ha interesado trabajar en una isla, ya sea en espacios urbanos o en la naturaleza. La comunidad que vive alrededor de volcanes me lleva a pensar en un paraíso tropical que se traduce en aspectos coloridos. Hace 20 años intenté hacer una obra en Trinidad, en el Caribe, pero nunca llegó a realizarse. Ahora, estoy feliz de trabajar finalmente en una isla pequeña, a diferencia de Manhattan.
¿Qué importancia tiene que cada participante reciba una fotografía como recuerdo de la obra?
Es algo que he hecho desde que empecé a crear mi arte, desde los retratos individuales hasta los retratos de grupo. Siempre intento que cada participante reciba una copia impresa a cambio de posar. Es difícil pero hacemos todo lo posible. Es casi la mitad del trabajo.
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