Memoria personal
Jorge Semprún: «Vive el que ha vivido»
Tusquets reedita ‘Vivir es resistir. Tres conferencias y una conversación’, uno de los libros póstumos de Jorge Semprún (1923-2011). La misma editorial publicó gran parte de la copiosa obra del intelectual y activista político español

Jorge Semprún. / Ángel González
JAVIER DÍAZ MALLEDO
Vivir es resistir, uno de los libros póstumos de Jorge Semprún (1923-2011), ha sido reeditado en 2026 por Tusquets, la editorial que tiempo atrás publicó gran parte de su copiosa obra. Pero antes de reseñar el contenido del libro quizá quepa esbozar la figura de este singularísimo intelectual y activista político español, por si la información le fuera de utilidad a algún lector interesado.
Hijo del jurista Jorge Semprún Gurrea y de Susana Maura Gamazo (hija de Antonio Maura, prominente político conservador del reinado de Alfonso XIII), Semprún pertenecía a una familia madrileña acomodada y muy comprometida con el republicanismo político de la época que, al estallar la Guerra Civil española (GC) marchó al exilio. La situación familiar fue inicialmente llevadera comparada con la de miles de españoles refugiados, no sólo por la condición de diplomático del padre (encargado de Negocios en La Haya 1937-1939) sino porque este mantenía una estrecha vinculación con los «católicos sociales» franceses del entorno de la revista Esprit, que protegieron activamente a la familia; empero, terminada la GC y consumada la invasión nazi de Francia y otros países europeos, los Semprún-Maura sufrieron grandes penurias. Con todo, las circunstancias antedichas permitieron al Semprún adolescente cursar, desde finales de 1939, estudios en prestigiosos liceos parisienses, adquiriendo una sólida formación y llegando a dominar el francés.
Terminada la enseñanza secundaria, Semprún inició estudios superiores de Filosofía en la Sorbona pero pronto decidió no proseguirlos y alistarse a sus 19 años (1942) en la Resistencia clandestina para enfrentarse al invasor con las armas en la mano. En 1943 la Gestapo asaltó la casa en la que se escondía con otros resistentes capturándolo y encerrándolo cuatro meses en la prisión de Auxerre, donde fue torturado, siendo luego transferido a un campo de tránsito donde los detenidos eran agrupados antes de distribuirlos entre los distintos campos de concentración en Alemania. Para evitar el envío del muy joven Semprún a alguno de esos terribles lugares hubo numerosas gestiones de los amigos franceses de la familia e incluso de altos funcionarios españoles del bando vencedor en la GC, pero sin éxito: en enero de 1944 ingresó en Buchenwald, un campo de trabajos forzados.
«Un deportado»
Por aquel campo pasaron durante los años de la II Guerra Mundial (GM) 636 prisioneros «rojos españoles»(Rotspanier como llamaban a los republicanos presos) sobreviviendo unos 370. En Buchenwald permaneció Semprún 16 meses hasta su liberación en 1945 por las tropas norteamericanas. La durísima experiencia concentracionaria dejó honda huella en Semprún quien solía decir que, más que español o francés, él era «sencillamente un deportado de Buchenwald». Dos factores aumentaron sus posibilidades de supervivencia: su asignación al área administrativa del campo (gestionada mayormente por prisioneros comunistas alemanes) lo que le eximía de extenuantes trabajos físicos a la intemperie en aquellos crudísimos inviernos; y su conocimiento del alemán aprendido en la infancia, ya que por entonces su familia lo consideraba «el idioma del progreso, la lógica y la ilustración». Semprún aborda su experiencia de Buchenwald básicamente en tres de sus libros: El largo viaje (1963), Aquel domingo (1980) y sobre todo en La escritura o la vida (1994), escritos y publicados inicialmente en francés, su principal lengua literaria.

Vivir es resistir / Tusquets Editores
Finalizado su cautiverio, continuó en París su actividad política simultaneándola hasta 1949 en el PCE y en el PCF. En este último perteneció a la llamada célula 722 entre cuyos miembros estaban escritores como Edgar Morin, Georges Bataille, Roman Gary o Marguerite Duras...No obstante, su objetivo era trasladarse a España para contribuir a la lucha contra Franco, lo que consiguió cuando el PCE lo envió allí por fin en 1953. Camuflado bajo el nombre de Federico Sánchez y otros alias, pasó clandestinamente en España buena parte de los siguientes 11 años con gran riesgo de su vida, estimulando la incipiente oposición política (particularmente en el ámbito universitario), logrando que el sector profesional e intelectual del PCE creciera en afiliados e influencia social y burlando a la implacable Brigada político-social franquista que, pese a sus esfuerzos, no pudo detenerlo en todo ese tiempo.
El conocimiento sobre el terreno de la cambiante realidad socio-económica española de posguerra así como sus propias reflexiones sobre las perspectivas de evolución del movimiento comunista en Europa llevaron a Semprún, miembro del Comité Ejecutivo del PCE desde 1956, a discrepar abiertamente de la estrategia trazada por Santiago Carrillo, secretario general del partido, discrepancias que culminaron con su expulsión en 1964 junto con la de Fernando Claudin, otro relevante miembro del Comité Ejecutivo, acusados ambos de «derechistas», «derrotistas» y «socialdemócratas». (Años después, en 1977, Semprún publicó en español Autobiografía de Federico Sánchez, un auténtico superventas donde relataba los años de clandestinidad y la expulsión, con acerbas críticas a su antiguo partido).
En los años 60, progresivamente alejado de la militancia política partidaria, Semprún devino un galardonado escritor de ámbito europeo (en España sus libros sólo se publicaron tras morir Franco). Con El largo viaje, su ya citado primer libro, ganó el internacional Premio Formentor otorgado por un grupo de editores europeos y americanos, publicándose en 14 idiomas; con su siguiente novela La segunda muerte de Ramón Mercader (1969) obtuvo en Francia el prestigioso Premio Femina. En 1996 Semprún llegó a ser el primer autor no francés nombrado miembro de la Academia Goncourt. Al tiempo, el cineasta francés Alain Resnais le pidió un guion sobre su experiencia clandestina en España dando lugar al filme La guerra ha terminado lo que dió comienzo a su actividad cinematográfica, destacando sus guiones para dos excelentes películas políticas de 1970 dirigidas por su amigo el realizador Costa Gavras: Z, sobre el asesinato de un diputado griego por la extrema derecha de su país (ganadora de dos Oscar ese año) y La confesión, sobre los juicios estalinistas de Praga de 1938. En 1972 el propio Semprún, que abogaba por el entendimiento y la reconciliación entre los dos bandos de la GC, dirigió el documental Las dos memorias, donde daba la palabra a distintos protagonistas del sangriento conflicto.
Ministro de Cultura
Muchos años después Semprún volvió a la actividad estrictamente política, al nombrársele ministro de Cultura en el segundo Gobierno de Felipe González. Realizó bien su trabajo durante casi tres años (1988-1981) aunque con ciertas dificultades de encaje con sus colegas, debidas a «maneras de hacer política que no eran las suyas».Tuvo choques sonados con el vicepresidente del Gobierno y vicesecretario general del PSOE Alfonso Guerra, sobre el que llegó a emitir en público opiniones poco benévolas -y no siempre ecuánimes- algunas recogidas en Federico Sánchez se despide de ustedes (1993) donde resume su experiencia de esos años.
El breve libro de Semprún aquí comentado (Vivir es resistir, subtitulado Tres conferencias y una conversación) agrupa dos libritos aparecidos por separado en Francia en 2014 y publicados en España en un solo volumen ese mismo año. Las conferencias tratan de tres eminentes europeos que Semprún estimaba grandemente: el filósofo alemán Husserl, el historiador francés Bloch y el periodista y escritor británico Orwell. La conversación comprende varios largos diálogos que Semprún mantuvo con su amigo el cineasta Franck Appréderis en 2010, el año previo a su muerte.
Edmund Husserl, fundador de la «fenomenología trascendental» y filósofo muy influyente en numerosos pensadores occidentales (entre ellos los españoles J. Ortega y Gasset y J. Gaos) , interesó a Semprún desde joven: de hecho, un trabajo de curso suyo que mereció un premio extraordinario de Filosofía en el liceo versaba sobre Husserl. Este fue expulsado en 1933 de la Universidad (entonces ya era catedrático emérito) por su ascendencia judía. Semprún -un europeísta militante- subraya aquí una conferencia de Husserl en Viena en 1935 sobre la crisis de la conciencia europea en aquella época tan turbulenta (1935 fue también el año de las leyes raciales nazis o Leyes de Nuremberg y del comienzo de la fase mas tenebrosa del totalitarismo soviético), en la que Husserl propugnaba un renacimiento de Europa «merced a un heroísmo de la razón que supere definitivamente el nacionalismo».
Marc Bloch, un notabilísimo historiador francés del siglo XX, fundó en 1929 -con su colega Lucien Febvre- la revista Annales d’histoire economique et sociale que alumbró una nueva corriente historiográfica, la Escuela de los Anales. Bloch había luchado en la I GM recibiendo la Legión de Honor. Tras la contienda, enseñó en la universidad de Estrasburgo y, desde 1936, en la Sorbona, pero en 1940 el gobierno títere de Vichy, en aplicación de las leyes raciales, lo excluyó de la actividad docente por sus orígenes judíos. Durante la II GM se unió a la Resistencia y en 1944 la Gestapo lo capturó, fusilándolo a los pocos meses. Bloch encarnaba para Semprún aquel «heroísmo de la razón» de que hablaba Husserl, necesario «para que Europa recobrara el sentido de su historia y el sentido de su futuro».
George Orwell, un notable periodista y escritor británico, estudioso de las penosas condiciones de vida de la clase obrera de su tiempo como atestiguan varios de sus libros de los años 30, viajó a España al estallar la GC, luchó en el bando republicano y se afilió en Barcelona al POUM, pequeño partido marxista de tendencia trotskista crudamente reprimido por los comunistas oficiales del PSUC. La experiencia española de Orwell influyó en su actitud frente a los totalitarismos nazi y estalinista plasmada en dos logradas y popularísimas novelas: Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949) publicadas en sus últimos años. Semprún destaca en Orwell la evolución de quien desde posiciones iniciales de extrema izquierda desdeñosas de la «democracia formal», desembocó en una visión política plenamente democrática
Para Semprún, las obvias diferencias entre los tres no impedían que entre sus obras existiera un hilo conductor: «Un mismo espíritu de resistencia a la barbarie totalitaria y una misma fe, expresada de modo plural...en la razón crítica, en la razón democrática, que es para Husserl, heredero de Grecia, la razón crítica originaria del espíritu crítico europeo y...de la universalidad espiritual de Europa» (p. 90).
En los diálogos de la conversación, Semprún -respondiento a su interlocutor- repasa muchas de las peripecias de su novelesca vida: vuelve (diálogo 1) sobre algunas preocupaciones suyas como la alternativa escribir sobre lo sufrido o vivir, el porqué de su dedicación literaria o las lenguas preferidas para expresarse; evoca (diálogo 2) la experiencia concentracionaria (el libro incluye su discurso en Buchenwald en abril de 2010 conmemorando los 65 años de la liberación del campo) y otros recuerdos de sus años de juventud y madurez en España y en Francia; comenta (diálogo 3) sus actividades cinematográfica y literaria, así como su etapa como Ministro de Cultura español; formula, volviendo siempre a Husserl (diálogo 4), sus fervientes deseos de una Europa futura unida, aunque es consciente de las dificultades al respecto etc (pp. 190-202)...
A los no muy familiarizados con la figura de Semprún, Vivir es resistir (en particular, el apartado de la conversación) puede servirles de introducción a la trayectoria vital de este excepcional personaje. Y quienes quisieran conocer mas detalles pueden recurrir (aparte de a las obras suyas aquí citadas) a dos excelentes libros: Ida y vuelta. La vida de Jorge Semprún, de la profesora Soledad Fox Maura (Debate, 2016) y el mucho mas extenso y detallado La aventura comunista de Jorge Semprún, del historiador Felipe Nieto (Tusquets, 2014) Premio Comillas de Historia 2013.
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