Día de Canarias
Un crisol de culturas que moldea la identidad canaria
Los flujos migratorios, la historia compartida y las nuevas realidades demográficas han construido una canariedad mestiza, plural y en constante transformación

Ilustración Día de Canarias 2026. / Adae Santana
Canarias siempre ha sido un territorio de ida y vuelta, receptor y emisor de población, puente entre continentes y cruce permanente de culturas. Un pueblo mestizo por definición con una identidad conformada por un crisol de procedencias. Y esa mochila tiene un impacto en la propia personalidad de los canarios. La catedrática de Geografía Humana en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Josefina Domínguez Mujica, explica que fueron los flujos de inmigración los que contribuyeron a forjar una identidad híbrida, relacional y plural.
Un pueblo abierto, acostumbrado a convivir con distintas nacionalidades, pero también un pueblo marcado por la colonización y por un sentimiento de «inferioridad» que impactó en muchas generaciones. Ni mejores, ni peores que el resto de españoles, pero muy diferentes. Así lo describe el catedrático emérito de Historia Moderna de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Manuel Lobo Cabrera, quien asegura que muchos de los tabúes existentes tras la colonización se han ido rompiendo con el paso de los años. La necesidad de neutralizar el acento canario cuando se viajaba a la Península o el estigma ligado a la gastronomía tradicional, son aspectos que han ido desapareciendo y dando paso a un sentimiento de «orgullo». «Hemos recuperado algo de nuestra autoestima», puntualiza el historiador. Un ejemplo del cambio se aprecia en la fama que han adquirido muchos platos con ADN isleño, chefs con reconocimiento internacional utilizan hoy ingredientes como la carne de cabra para dar valor a sus platos llevando a la gastronomía canaria a su época dorada.
Camino por recorrer
Pero queda aún, según los expertos, mucho camino por recorrer. Y debe pasar, apuntan, por una educación que refuerce la enseñanza de la historia del Archipiélago y la cultura canaria igual que ocurre en otras comunidades autónomas como Cataluña o País Vasco. El riesgo de no hacerlo, advierten los historiadores, está en la posible pérdida de parte de un elemento patrimonial como es el habla.
La identidad canaria no puede analizarse desde un único nivel. Unidos por un mismo mar y con un habla y costumbres compartidas, los canarios se identifican con la comunidad autónoma, pero también con su isla, ya que cada una de ellas cuenta con características propias. Las identidades y las afinidades, según Domínguez, no solo se producen a ese nivel, sino también en función de la localización dentro del propio territorio insular y de los niveles de desarrollo que marcan diferencias de estatus social. «Estos niveles de identificación personal no contradicen el sentimiento general de la canariedad, tal vez lo acrecientan», añade.
«Si las identidades tuvieran que ver con la política, los canarios nos deberíamos sentir, sobre todo, canarios», considera Manuel Ángel Santana Turégano, profesor titular de Sociología de la ULL. Porque buena parte de los servicios públicos básicos se gestionan directamente desde el Archipiélago por el estado de las autonomías. Sin embargo, «en la identidad cotidiana, la gente percibe mucho a su isla», detalla. Algo que, de nuevo, –al margen del aislamiento entre una isla y otra– se habría incentivado por la forma en la se organiza políticamente Canarias. «Tenemos un sistema en el que la isla es una circunscripción electoral, una construcción política que poco a poco va cambiando esta percepción», añade. Y esto ocurre a pesar de que la realidad de las diferentes zonas dentro de una misma isla y sus necesidades pueden ser muy diferentes y asemejarse a la de otros puntos de otras islas con los que pueden tener más intereses comunes.
El ir y venir de los canarios a lo largo de los años ha provocado otro fenómeno: el de la identidad transnacional. Es decir, el sentimiento de pertenencia que cruza las fronteras de un solo país como resultado de esos procesos de movilidad, migración y circulación. De manera que los emigrantes canarios que tuvieron que salir de las Islas viven su propia canariedad igual que lo hacen los inmigrantes que residentes en el Archipiélago en la actualidad.
«La identidad se va recreando constantemente», señala Santana Turégano y sirve de refugio sobre todo en tiempos de crisis. Sin embargo, el profesor de sociología de la ULL también insiste en que para conformar lo que ahora se considera canariedad se han sacralizados valores o tradiciones –como el campo, lo agro o lo verde – «que en la mitad de Canarias no existe», mientras que la identidad marcada por otros aspectos ha sido anulada o no se incorpora los aspectos culturales de poblaciones que han llegado a las Islas.
Pautas culturales
En el mismo sentido se posiciona Roberto Gil Hernández, profesor de sociología de la ULL, quien indica que frente a las narrativas del mestizaje que considera «esencialistas», lo que se hace es mostrar un pasado lleno de diversidad que en el tiempo presente «tiende a uniformarse». «En Canarias esto se traduce en que unas determinadas pautas culturales gocen de resonancia y otras sean obviadas», expone. Y pone como ejemplo que no hayan trascendido como parte de la canariedad aspectos culturales asociadas a la población esclava procedente de África que llegó a las Islas o que la herencia real de lo indígena en la Canarias actual «está muy mermada y perseguida» y ni siquiera existen muchos estudios sobre la pervivencia genética actual.
El mestizaje de culturas no es solo historia, también es presente y futuro. Canarias es una comunidad ligada a los movimientos humanos, una tierra de acogida, pero con un reto enorme: el demográfico. La natalidad no para de caer, pero la población sigue creciendo y el envejecimiento poblacional coloca a la migración como una pieza clave en el futuro, pero también pone sobre la mesa la necesidad de fortalecer unos servicios e infraestructuras con muchas carencias. Un contexto global cargado de incertidumbre impide hacer predicciones, pero lo que parece claro es que el Archipiélago no solo va a seguir conviviendo con el turismo, sino que a su vez atrae a una masa laboral externa procedente de otros países, a la que se unen los flujos migratorios que escapan de zonas en las que los conflictos, el cambio climático y la pobreza provocan la huida de la población.
El tiempo dirá cómo la identidad de Canarias se construye con lo que venga, pero todo indica que el crisol de procedencias seguirá enriqueciéndose.
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