Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Canarismos

¡Qué burro se irá a morir!

Imagen de archivo de un burro con su cría.

Imagen de archivo de un burro con su cría. / BARTLOMIEJ ZBOROWSKI / EFE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Luis Rivero

Desde su domesticación, entre el quinto y el tercer milenio, el asno ha sido utilizado como animal de carga y tracción en actividades relacionadas con las labores del campo y el trasporte, cobrando tal protagonismo que pasó a asumir un rol relevante -por así decirlo- en el imaginario de las comunidades rurales inspirando gran número de expresiones que hoy forman parte del repertorio fraseológico popular. De manera que ninguno de entre los animales domésticos se parangona al pollino como fuente de inspiración y «enseñanza» a la hora de elaborar dichos, modismos y refranes, atendiendo a su carácter versátil, actitud y fama de la que va precedido.

«¡Qué burro se irá a morir!» es una frase que deja en suspenso la incógnita que barrunta la muerte de un asno (de uno cualquiera, no se sabe cuál) y que se emplea ante una situación que nos causa sorpresa por lo inusual de un comportamiento, loable o beneficioso, protagonizado por alguien. La ironía de la exclamación denota suspicacia, desconfianza o incredulidad por provenir dicha acción de quien menos se espera; como si existiera una razón oculta que explique la liberalidad o amabilidad de tal actitud («la muerte de un burro» que tiene el valor de verdadera motivación). En su uso corriente, en forma exclamativa, se escucha a menudo precedido de «¡Jesús!; invocando figuradamente a la divinidad como testigo de un hecho que se considera insólito [«¡Jesú(s), qué burro se irá a mori(r)!, pronunciado en tono de sorpresa]. El presagio de la muerte de un borrico parece observar un tono jocoso similar a aquella forma de despedida informal que dice «hasta mañana si Dios quiere y la burra no se muere», en el que, más allá del aire festivo, a la eventual muerte del jumento se le supone cierta trascendencia, de tal modo que se interrumpen las labores cotidianas, como se deduce de la oración condicional. Pero, ¿por qué se recurre al asno en la expresión «¡qué burro se irá a morir!»? Hay quienes sitúan el origen de la frase en el contexto de las convulsiones políticas que se vivieron durante el primer cuarto del siglo XIX en el Reino de España. Donde se sucedieron varios eventos de singular importancia: la proclamación de la Constitución de 1812 en las Cortes de Cádiz, la abolición del Antiguo Régimen o la abdicación de Fernando VII. Todo ello como telón de fondo de la dependencia y lejanía de las Islas, unido a que la poca frecuencia de las comunicaciones marítimas entre Canarias y la Península penalizaban aún más las condiciones de aislamiento. Esto tenía un efecto en el retraso con que llegaban las noticias sobre el acontecer político. En este contexto, cuando llegaba cualquier información de la Península se tomaba con cierto escepticismo y desconfianza, cuando no con incredulidad, de modo que, a la llegada del correo, se decía: «¡qué burro se irá a morir!» que daba a entender la indolencia con la que recibía el isleño las crónicas políticas venidas de la capital del Reino por extraordinarias o insólitas que pudieran parecer. Así se habría incorporado en el habla popular este modismo para trasladar la incredulidad y suspicacia que provoca un comportamiento que por loable e impropio de alguien resulta sorprendente.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents