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Entrevista | Fernando Menis Arquitecto

Fernando Menis, arquitecto: «Soy un arquitecto que piensa proyectos para cambiar el mundo»

Su capacidad para crear arquitectura empezó a alcanzar la internacionalidad el día que hizo las maletas para no cruzar sus intereses con los de su hermano Adán, elegido presidente de Canarias. «Fue duro, pero no quedaba otra alternativa», recuerda

ernando Martín Menis (Santa Cruz de Tenerife, 1951), en su casa de la capital tinerfeña.

ernando Martín Menis (Santa Cruz de Tenerife, 1951), en su casa de la capital tinerfeña. / Arturo Jiménez

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Santa Cruz de Tenerife

¿Está contento?

Es un premio agridulce [pausa]. Estoy feliz e ilusionado, pero me hubiera gustado vivir este momento a su lado. Dulce tiene mucha culpa de esto. La echo de menos...

Su recuerdo es imborrable, ¿no?

Va estar presente en el discurso, en las fotografías que he elegido para que me acompañen, en cada gesto... Es difícil desligar todo lo que va a pasar de su recuerdo, pero habrá que hacer un esfuerzo para que todo no se centre en su ausencia.

¿Cómo se enteró de que le iban a dar el Premio Canarias Internacional 2026?

Sabía que Rosa Dávila movió hilos desde el Cabildo, pero me olvidé... Mi día a día es muy apasionante y no había pensado en esta oportunidad hasta que me llamó por teléfono el presidente Fernando Clavijo... Me pilló por sorpresa.

¿Y no le pareció raro?

¿Raro? Me resultó emocionante. Estaba sentado en la misma mesa en la que ahora estoy hablando con usted. Cuando vi la llamada pensé: ¿para qué me llamará este hombre? Se me ocurrió que quería conocer algún detalle de una obra, pero me contó que me habían dado el Premio Canarias y se hizo el silencio...

¿Quién rompió ese silencio?

Creo que yo [sonríe]. Le dije que en Canarias hay mucha gente que hace cosas interesantes para que a otros les vaya un poquito mejor. Pasaron unos segundos y empecé a asimilar lo que estaba pasando.

¿Cree que se lo merece?

Los premios se dan. Lo de si son o no merecidos forma parte de un largo debate del que podríamos estar hablando un buen rato. Lo que sí le digo es que he trabajado con pasión durante muchos años.

¿Y qué parte de culpa tiene la pasión en este reconocimiento?

La pasión es lo que une a las personas; algo que nos hace ser mejores aunque en ocasiones las cosas no salgan como uno quiere. A mí me ocurrió cuando tuve que dejar de trabajar en Canarias.

¿Fue una decisión difícil?

Fue la decisión que había que tomar en ese momento. Adán acababa de ser elegido presidente de Canarias y aquí no había espacio para los dos. Me acuerdo que me dijo que «uno de los dos se tiene que ir»... En la posición en la que él estaba la única vía posible es que me fuera yo. Tenía claro que no podía interferir en sus planes. Dejé de presentarme a concurso, acabé las obras que tenía pendientes y me marché a Valencia. Tocó empezar de cero. Allí me salió la oportunidad de trabajar en la universidad y, además, explorar la vía internacional. No estaba en la mejor racha de mi vida, pero había que arriesgar.

¿No le salió mal?

Asumí un riesgo que era mayúsculo porque no tenía recursos económicos para optar a concursos de nivel. Entonces fue cuando decidimos [él y Dulce Xerach] hipotecar la casa para disponer de unos fondos que se invirtieron en el proyecto del auditorio de Polonia. Con más dudas que certezas nos embarcamos en una aventura. Nos salió bien. Aquella decisión posicionó nuestra marca en el mundo cuando la crisis se cebó con España.

¿Entonces tomó la decisión correcta?

Yo no me fui de Canarias porque no quisiera trabajar en las Islas, me marché porque Adán y yo no podíamos compartir el mismo espacio...

¿Eso habla bien de su ética?

Y de la de Adán [silencio]. Seguir juntos no beneficiaba a ninguno de los dos. Era algo así como tú o yo, pero teniendo claro quién estaba en la situación más ventajosa.

¿Qué sintió cuando volvió a trabajar en Canarias?

Su ausencia. No hubiera querido adelantar mi vuelta. Adán ya no estaba y regresar no fue nada sencillo. Tenía ganas de empezar otra vez a hacer proyectos en mi tierra, pero no de esta manera. El tiempo cura las heridas. Las emocionales son más difíciles de cicatrizar, pero aquí soy feliz: estoy en casa.

¿Es de los que se deja asesorar?

Prefiero tener a mi lado a personas que saben decirme no... A veces, es más difícil encontrar profesionales con ese perfil, pero cuando los encuentras el diálogo es enriquecedor. Eso no significa que siga al pie de la letra lo que me dicen. Al final, el que decide soy yo, aunque siempre tengo en cuenta los consejos.

¿Por qué se hizo arquitecto?

Era una atracción que estaba en mi interior desde que era niño. Sabía que este era mi camino. No tenía ni idea de que iba a lograr cosas como estas [Premio Canarias], pero sí que podía influir en la sociedad, o mejor dicho en la calidad de vida de muchas personas que ni siquiera conozco. Soy un arquitecto que piensa proyectos para cambiar el mundo. No sé si lo consigo, pero lo intento. Un arquitecto debe saber escuchar a la sociedad.

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