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Día de Canarias

De la ingeniería a las viñetas: Patricia Martín, la autora canaria que conquista lectores con historias cotidianas

La autora tinerfeña compagina su carrera como ingeniera industrial en Barcelona con una obra marcada por el costumbrismo, las relaciones humanas y la identidad canaria

La ilustradora Patricia Martín

La ilustradora Patricia Martín / María Pisaca

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Patricia Ginovés

Patricia Ginovés

Santa Cruz de Tenerife

Ingeniera industrial, autora de manga y representante de una generación que está redefiniendo cómo, desde dónde y por qué se hacen cómics hoy en día. Esa podría ser la definición de Patricia Martín (Tenerife, 1994). A sus 31 años, la joven no responde al estereotipo clásico del autor de este género. No vive de ello, no trabaja en una editorial a tiempo completo ni forma parte de una gran industria creativa. Sin embargo, ha logrado publicar varias obras, conectar con lectores de dentro y fuera de España –a pesar de su obra tiene un auténtico acento canario– y, sobre todo, ha podido construir una voz propia que empieza a consolidarse dentro del panorama emergente del cómic hecho en Canarias.

Patricia Martín es ingeniera industrial y su vida laboral transcurre en Barcelona con una trayectoria aparentemente alejada del dibujo, pero que, tal y como ella misma asegura, no está tan desconectada del todo, como podría parecer en un primer momento. «Sí que hay creatividad en lo que hago. Aunque no al mismo nivel, sí hay un componente de creación y diseño», resume.

Practicidad

La dualidad entre ciencia y arte siempre ha estado presente en su vida ya que creció entre la curiosidad por lo técnico y la necesidad de contar historias. Eligió estudiar Ingeniería porque era consciente sus salidas profesionales, pero nunca abandonó el dibujo. Aunque, más bien, lo dejó en pausa.

En su caso, el cómic no fue un descubrimiento, sino un idioma aprendido, ya que, en su caso, leer historietas era tan habitual como leer cualquier otro tipo de libros. Mortadelo, Tintín o revistas como El Jueves formaban parte de su día a día y del de su familia y esa normalización marcó una diferencia importante. Así, mientras otros niños se acercan al dibujo como un juego, Martín lo hizo desde el comienzo, y de manera intuitiva, aprendiendo de forma autodidacta cómo funciona la narración secuencial a través de los bocadillos, las viñetas y el ritmo visual.

Día a día

Ya desde muy pequeña, Martín hacía cómics de escenas de su vida diaria, sobre las cosas que le sucedían en el colegio o con su familia, y siempre a través de esos inconfundibles bocadillos. Más tarde, en la adolescencia, llegó el manga y el anime y, al igual que para muchos otros jóvenes de su generación, aquel contacto tuvo un profundo impacto para ella. Entonces, no solo consumía historias, sino que las empezó a crear ella misma, por lo que el cómic pasó de ser un lenguaje natural a convertirse en una pasión. Sin embargo, esa etapa también coincidió con el momento en que muchos jóvenes deben tomar decisiones prácticas sobre su futuro y los estudios provocaron que el dibujo quedara relegado a un segundo plano.

La pandemia

El punto de inflexión llegó en 2020, cuando la pandemia abrió espacios de tiempo y reflexión que, en su caso, resultaron decisivos para regresar a la creación. «Volví a ver anime, a dibujar y a retomar historias que tenía guardadas desde la adolescencia», explica la joven, quien regresó al dibujo como una forma de ocupar el tiempo, pero todo eso pronto se convirtió en algo más profundo. «Hay algo mágico en esa conexión con tus personajes e historias. Era algo que tenía enterrado y poder sacarlo a la luz fue increíble», resume la tinerfeña, quien convirtió entonces el dibujo en una práctica constante. Y la afición pasó a ser un proyecto serio.

Pero el resultado no fue algo inmediato porque «encontrar tu estilo no es solo cómo dibujas. Es qué historias quieres contar, qué personajes te interesan y cómo te expresas». Ahora, tras varios años de nuevo en el dibujo, Martín ya tiene claro qué le interesa: el costumbrismo, lo cotidiano y las relaciones humanas. «No me atrae la fantasía épica ni la ciencia ficción; lo que me interesa es lo mundano, las miserias y las maravillas de las personas», resume y añade que «el cómic es una herramienta para investigar cosas que me interesan».

'Coraje'

Es así como surgió Coraje, su primera obra publicada, un proyecto que comenzó a gestarse en 2022 como un reto personal, puesto que quería comprobar si era capaz de desarrollar una historia completa. Tras enviarlo a varios sitios, Drakul Editorial mostró interés. Aunque dice que publicar tiene su mérito, añade que no es rentable y por eso habla de lo complicado que es vivir del cómic en España. Pero sabe verle el lado bueno a esta realidad y afirma que, «como no vivo de esto, me muevo únicamente por la pasión».

Viñeta de Patricia Martín

Viñeta de Patricia Martín / ED

Aunque su vida profesional transcurre en Barcelona, las Islas siguen siendo una presencia constante en la obra de Martín quien, de hecho, reconoce que «estoy obsesionada con Canarias». Por eso, sus personajes son canarios y sus historias contienen referencias, expresiones y detalles que conectan con el Archipiélago. «Un lector canario lo reconoce enseguida» y aprovecha la oportunidad para defender los productos hechos en su tierra: «Estamos acostumbrados a leer manga ambientado en Japón. ¿Por qué no hacer historias con nuestra propia cultura?».

Futuro

Uno de sus proyectos más recientes, Proypal, ha permitido que su trabajo llegue a lectores internacionales. Y, así, personas de distintos países descubren, a través de sus historias, pequeñas referencias a Canarias. «Hay gente que no sabía ni dónde estaba Canarias y ahora me pregunta por el almogrote», cuenta entre risas. Así, este tipo de conexión, aparentemente anecdótica, tiene un valor simbólico importante ya que demuestra que el cómic puede ser también una herramienta de proyección cultural.

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