Medalla de Oro: Club Deportivo In Corpore Sano
La ‘marea roja’ que nació en Isora conquista Canarias
Colegios que educan en movimiento, voluntarios que no fallan como el motor del club y una casa de acogida que da estabilidad; todo desde la práctica del deporte, que se integra en la vida diaria. Unión y propósito

Sonrisas y esfuerzo compartido de algunos de los integrantes de la ‘marea roja’. / LP / ED
Bruno Sánchez
El Club Deportivo In Corpore Sano se sube al podio más especial. En El Hierro hay proyectos que nacen en pequeño y acaban formando parte del paisaje humano de la isla. Lo hacen casi sin hacer ruido, como si siempre hubieran estado ahí. Este es uno de ellos. Una idea entre amigos que surgió en 2011 y que, con el paso del tiempo, ha terminado por recibir uno de los reconocimientos más importantes del Archipiélago: la Medalla de Oro de Canarias 2026. Una manera de entender el deporte en comunidad.
Según explica Víctor Cabrera, secretario y uno de los fundadores, le llamó «directamente el presidente Fernando Clavijo» para comunicarle que habían decidido, «por la trayectoria deportiva y social del club», concederles el premio. La reacción, como era de esperar, llegó sin demasiado margen para asimilarla, como suele ocurrir cuando algo irrumpe sin aviso. Cabrera lo resume: «Para nosotros es una gran alegría que trascienda nuestro trabajo al Gobierno de Canarias, que el presidente haga un break para llamarme y que reconozcan nuestro trabajo como un ejemplo a seguir».
La historia del club, sin embargo, no empieza en los despachos sino en los caminos de tierra de Isora, donde todo era más sencillo y directo. Cabrera recuerda que «el inicio del proyecto In Corpore Sano surge motivado por el deporte», cuando un grupo de jóvenes buscaba simplemente entrenar juntos, sin mayores pretensiones. Aquella semilla creció casi sin planificación: «Los cuatro jóvenes que estábamos allí formamos una asociación deportiva».
De ahí nacen las primeras carreras, el asfalto y, poco después, la montaña. Después llegó el giro definitivo, con la irrupción del trail y la fuerza de la Maratón del Meridiano, la prueba donde empezó a tomar forma esa «marea roja» de la que tanto se enorgullecen.
El crecimiento fue rápido y bastante orgánico. Se dieron a conocer en las administraciones públicas y, poco a poco, el club empezó a recibir respaldo. Fue entonces cuando apareció la convicción de que el deporte podía ir más allá, que no tenía por qué quedarse solo en lo competitivo, y que podía combinarse perfectamente con el ámbito social.
Esa combinación se convirtió en la seña de identidad del club. Cabrera lo explica: «Hay un montón de jóvenes en la isla que están un poco descarrilados». A partir de ahí nació una red de proyectos que fueron cambiando la estructura de In Corpore Sano, hasta convertirlo en algo mucho más grande y complejo que un simple club deportivo.
Hoy, con alrededor de 200 miembros, la marea roja representa una comunidad que, según su secretario, se sostiene gracias a «las ganas que pone todo el mundo». En su visión, el secreto está «en los voluntarios», unido a la fuerza de un entorno privilegiado, ese «paraíso natural que es la isla del Hierro» que, al final, lo envuelve todo y lo hace posible.
La dimensión social del proyecto se ha ido multiplicando con los años. Han abierto una casa de acogida para «jóvenes vulnerables», además de proyectos educativos impulsados por los voluntarios que funcionan como una especie de «colegio con tres días en semana». También destacan iniciativas como «Puentes de Sonido y de Sabor», donde la cultura y la gastronomía actúan como enlace entre jóvenes migrantes y la población de El Hierro, conectando mundos que, sobre el papel, parecen lejanos.
Todo ello ha convertido al club en algo mucho más grande que un simple equipo o asociación. «La familia de In Corpore Sano, la mrarea roja», dice orgulloso su fundador, resume esa identidad colectiva que ha ido creciendo desde 2011. Y ahora, con la Medalla de Oro de Canarias en el horizonte, el reconocimiento no cambia el rumbo, pero sí lo ilumina un poco más. Porque, como concluye Cabrera, lo importante sigue estando en el camino: «Queremos continuar trabajando por y para nuestros deportistas».
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